A primeros de mayo hice un par de salidas por el Embalse de Bornos, un lugar que infravaloré al empezar el curso por culpa de lo deslucido que quedaba a causa de la terrible sequía del año pasado, pero con la enorme cantidad de agua recibida cambió hasta convertirse en un referente para mis salidas cortas entre semana.
El día 3 estuve viendo en sus orillas las malditas carpas que nos "regalan" los pescadores junto a especies autóctonas como el galápago leproso (
Mauremys leprosa) y el andarríos chico (
Actitis hypoleucos). Al ver las libélulas
Anax parthenope y
Gomphus pulchellus parecía que comenzaría la temporada de odonatos, aunque al avanzar mayo ya vi que la inestabilidad meteorológica me diría lo contrario.
Las aves más visibles fueron las grajillas (
Corvus monedula), los cernícalos vulgares (
Falco tinnunculus) y los vencejos pálidos (
Apus pallidus). A esto sumémosle las observaciones de águilas calzadas (
Hieraaetus pennatus), un ejemplar melánico de aguilucho cenizo (
Circus pygargus) y dos águilas perdiceras (
Hieraaetus fasciatus).
Tuve una maravillosa observación cercana de garza imperial (
Ardea purpurea), tanto que llamó la atención de dos paseantes que se acercaron a preguntarme por la especie. Tanto público incomodó al ave y voló brevemente para posarse en un lugar que consideró más seguro, aunque no muy lejos que digamos y permitiéndome ver la bonita estampa que ofrecía posada sobre roca arenisca y monte mediterráneo.
En otro punto de observación antes de marcharme a casa tuve tiempo de ver a los ánades frisos (
Anas strepera) con sus pequeños, alcaudones comunes (
Lanius senator) y abejarucos (
Merops apiaster).
El día 8 volví nuevamente junto a Álvaro de las Heras para intentar comprobar la presencia de águilas pescadoras. No detectamos ningún ejemplar, pero no nos fuimos con las manos vacías para nada al poder ver otras especies del paraje.
Parece que un perro u otro animal espantó la colonia de cría de ardeidas y cormoranes porque levantaron el vuelo a lo lejos y estuvieron dando vueltas hasta volver a posarse. Normalmente las espátulas (
Platalea leucorodia) se ven a esa gran distancia, pero un par de ellas nos pasaron volando cerca mientras examinábamos el embalse en busca de águilas pescadoras.
El resto de especies observadas incluyó más galápagos leprosos, lagartijas andaluzas (
Podarcis vaucheri), chorlitejos chicos (
Charadrius dubius), cernícalos primillas (Falco naumanni), papamoscas grises (
Muscicapa striata), abejeros (
Pernis apivorus) y un águila perdicera.
Su cercanía con mi domicilio temporal en Prado del Rey y su interesante repertorio de especies han enriquecido muchísimo mi habitual campeo por la sierra (la de Grazalema en estos casos), yo desde luego nunca había tenido garzas imperiales y espátulas tan a mano como las cabras monteses y mirlos acuáticos.
Las águilas de Bonelli tienen un peso impresionante en el paisaje. Sé que a veces, uno se decanta por ciertas especies pero, sin menospreciar a las demás, tan sólo porque unas dan mas juego que otras.
ResponderEliminarMe dijeron que habían encontrado una muerta cerca de mi pueblo y me entró canguelo. Sin embargo, por fortuna, este fin de semana pude comprobar que la pareja seguía volando por el cañón calizo.
Extraordinaria serie fotográfica.
Saludos.
Es inevitable, nos gusta todo en general pero sentimos mayor debilidad ante determinadas especies. Me alegra que la pareja que conoces siga viva, aunque no así por la noticia de la muerte de otro ejemplar.
Eliminar¡Saludos!