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jueves, 16 de noviembre de 2023

Terminando septiembre

 




En este pequeño repaso de lo visto a finales de septiembre vamos a empezar un poco con la fauna urbana de algunos pueblos, en los que si se deja algo de margen a los cauces fluviales y su naturaleza circundante podemos llegar a ver los lances del joven halcón peregrino mientras que abajo, en el carrizal, el calamón se deja ver un poco a última hora de la tarde.



Halcón peregrino (Falco peregrinus)

Calamón (Porphyrio porphyrio)


Hay pequeños reductos de biodiversidad urbana cuando no se machaca el entorno a base de productos químicos. Muestra de ello es este repertorio de invertebrados (aunque, desgraciadamente, aparezca una especie exótica como lo es el taladro del geranio).
Esto permite que también puedan alimentarse las aves insectívoras, en este caso migradoras que paraban a tomarse un respiro. Fue bonito estar viendo al mismo tiempo papamoscas grises y cerrojillos, nuestras dos especies si exceptuamos las rarezas.



Mutílido

Saltícido

Taladro del geranio (Cacyreus marshalli)

Sympetrum fonscolombii

Avispa alfarera

Grillo que parece recién mudado

Efímera

Saltícido de otra especie distinta

Las dos especies de papamoscas juntas

Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca)

Amegilla sp.

Esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum)


Alejándonos ya del casco urbano, pero no demasiado porque pasamos a lo visto en la presa de un embalse, comprobamos cómo el vencejo cafre nos acompaña durante todo el mes de septiembre junto al abundante paso migratorio de vencejos reales (que, por cierto, este año se han estado viendo aún en fechas muy tardías) y las águilas calzadas que, con seguridad, escogieron tan térmica zona como invernada alternativa al viaje africano.
Siempre alegra la tarde ver un águila perdicera, que en aquel caso era una gran hembra juvenil marcada con la que no hubo manera de leer la anilla por la distancia.



Scilla autumnalis

Vencejo cafre (Apus caffer)

Vencejo real (Tachymarptis melba) con un avión común

Águila perdicera (Aquila fasciata) con un vencejo real infiltrado

El morito que quería guiar a los cormoranes

Águila calzada (Hieraaetus pennatus)


Incluso en casa algo se puede ver, como este pececillo de plata que pululaba por mi vitrocerámica (delatando que necesitaba una limpieza después de su último uso).




La entrada del otoño en las tierras bajas no es tan vistosa como en las sierras, pero igualmente regala luces cálidas como éstas al atardecer.




jueves, 13 de octubre de 2022

La migración de las aves en la Sierra de Cádiz

 



Tanto ir a Tarifa... y me encuentro también con la migración delante de mis narices desde mi propia casa.
Esto es, naturalmente, una broma porque en el Estrecho siempre se ven muchas más aves migrando, pero no dejó de ser bonito ver el domingo 18 de septiembre un grupo de nueve cigüeñas negras pasando sobre el pueblo junto a cuatro alimoches.



Alimoche (Neophron percnopterus)



La lejanía fue horrorosa como se ve en la espantosa foto del alimoche, por lo que he omitido las de las cigüeñas negras porque resulta que más tarde vi otro grupo muchísimo mejor.
Por la tarde decidí dar una vuelta tranquila por el embalse de Bornos y pude ver, tras comprobar que un águila pescadora estaba posada en una orilla, que una cigüeña negra venía volando. No se marchaba sin más como suele hacer su esquiva especie, hasta que me di cuenta del motivo al ver que lo que estaba haciendo era esperar a unirse a un grupo de otras doce que terminé por ver cerquísima al sobrevolarme, pues con el viento les costaba mantenerse bien a las pobres.



Cigüeña negra (Ciconia nigra)

Ánades frisos (Mareca strepera)

Cigüeñas negras (Ciconia nigra)

Avoceta (Recurvirostra avosetta)

Cigüeña negra (Ciconia nigra)


En la presa del embalse continuó la migración al ver una ingente cantidad de vencejos reales, a ésos sí que no me iba a parar a contarlos...
Se veían también, por si fuera poco, a las pagazas piquirrojas yendo a su dormidero al atardecer y hasta tres águilas pescadoras al mismo tiempo.



Vencejo real (Tachymarptis melba)


Pagazas piquirrojas (Hydroprogne caspia)


Garza real (Ardea cinerea)



Tras esto pasé tres días sin poder salir y me desquité con una salida especialmente buena el 22 de septiembre.
Volví al embalse de Bornos, pero aquella tarde yendo directamente a la presa, no sin hacer algunas paradas al ir encontrando interesantes rapaces por ahí posadas.



Elanio (Elanus caeruleus)

Águila pescadora (Pandion haliaetus)

Culebrera (Circaetus gallicus)


Vi, ya en la presa, a ese migrador clásico que es el papamoscas cerrojillo, que durante un lapso de tiempo aparece literalmente por todas partes mientras va viajando a África. 



Garza real (Ardea cinerea)

Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca)

Garza real (Ardea cinerea)

Focha común (Fulica atra)

Ratonero (Buteo buteo)



Todavía quedaban bastantes golondrinas dáuricas, y de hecho ayer mismo vi unas pocas aún, acompañadas por una pareja de vencejos cafres, especie que las parasita robándoles sus nidos.
Es el vencejo cafre un migrador tardío que hasta octubre no nos abandona y sabía que acabaría por verlo en ese lugar si insistía un poco.



Golondrina dáurica (Cecropis daurica)

Vencejo cafre (Apus caffer)

Garcillas bueyeras (Bubulcus ibis)


El 23 de septiembre fue todo lo contrario y la salida fue un chasco, aunque al atardecer tuve el premio de consolación de ver que las Drosophyllum lusitanicum ya habían reverdecido mientras sonaba de fondo un ciervo con sus bramidos del celo.
Este endemismo de la Península Ibérica y Marruecos es una planta carnívora que atrapa a los insectos con esas gotitas pegajosas que procuré que se vieran más o menos bien en las fotos.




Drosophyllum lusitanicum



Durante el resto de septiembre y lo que llevamos de octubre he seguido tomando el pulso a la migración en la Sierra de Cádiz, ya aparecerán las demás sorpresitas que he visto.



Arcos de la Frontera

martes, 28 de junio de 2022

Sierra de Gredos: 2ª parte

 





El domingo 22 de mayo, a diferencia de la jornada anterior por haber trasnochado involuntariamente, pudimos madrugar en Navacepeda de Tormes y acometer una buena ruta desde la Plataforma de Gredos subiendo al Puerto de Candeleda.
Por fin vimos roqueros rojos, especie que echamos en falta el sábado, aunque absolutamente todos los machos adultos que vimos nos vacilaron vilmente dejándose ver en malas condiciones.
Lo que sí pudimos disfrutar a nuestras anchas fue el objetivo principal del viaje viendo distintos machos de pechiazul cantando como descosidos sobre los piornos en flor, la imagen icónica de estas sierras desde el punto de vista ornitológico. Nos quedó claro que esa ruta era la adecuada en ese momento para verlos.
Como curiosidad, hice una foto a una gran roca granítica partida por medio para hacer la broma de que seguramente cedió bajo el peso de los hinchadísimos genitales de tanto pájaro encelado... pues al mirar la foto en casa descubrí que de verdad había uno, un macho de roquero rojo que podéis ver al ampliar la imagen.




Roquero rojo (Monticola saxatilis)


Pechiazul (Luscinia svecica)


Pechiazul (Luscinia svecica)

Amplía la foto para encontrar el roquero rojo (a la derecha de la brecha)



Teníamos tiempo soleado sobre todo, aunque con momentos de niebla que nos refrescaban y dieron un toque curioso al encuentro con un rebaño de grandes machos monteses que nuevamente me encantaron. En mi tierra esto cuesta muchísimo por lo asustadizos que están debido al motivo que todos sabemos.







Cabras monteses (Capra pyrenaica)



La rana patilarga del día anterior no fue la única especie herpetológica nueva para mí, bajando sobre nuestros pasos para regresar encontré una culebra lisa europea junto a un arroyo, novedad que siempre tuve ganas de ver tras la inmensa cantidad de culebras lisas meridionales que he visto en Jaén hasta el día de hoy.



Retrato

Culebra lisa europea (Coronella austriaca)



Durante la bajada vimos también bisbitas alpinos, otro clásico de la montaña, y algunas rapaces como esa gran belleza que es el milano real.



Bisbita alpino (Anthus spinoletta)


Milano real (Milvus milvus)


Por la tarde, tras comer y descansar un buen rato, nos dedicamos a ambientes más forestales que tienen como reproductoras especies como el papamoscas cerrojillo (preciosos los machos con su plumaje nupcial), el abejero o el reyezuelo sencillo.
Todo esto junto a otras aves que sí veo de cuando en cuando en mi tierra como el buitre negro o el verderón serrano.



Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca)

Buitre negro (Aegypius monachus)

Verderón serrano (Carduelis citrinella)

Abejero (Pernis apivorus)

Reyezuelo sencillo (Regulus regulus)




El lunes 23 tocaba volver a casa, pero teniendo todo el día por delante aprovechamos la mañana para hacer otra ruta desde la Plataforma para subir a la Laguna Grande. Acompañados por los muy insistentes cantos de bisbitas alpinos y escribanos hortelanos (no en vano consideramos que Gredos es la montaña de los pájaros cachondos) me tomé la cosa de manera más paisajística con ese espectacular circo glaciar como premio, no sin parar a fotografiar los endémicos escarabajos pipa y admirar un (una vez más lejano) roquero rojo.

Sin olvidar a nuestro amigo el macho montés, un confiado ejemplar que sin duda está más que acostumbrado a los senderistas y no se espanta lo más mínimo. Desde aquí he de recordar, ya que estamos, que los animales silvestres no son mascotas y hay que evitar tratarlos como tal, cosa que la gente sí suele hacer con negativas consecuencias.



Dactylorhiza sp.



Escarabajos pipa (Iberodorcadion abulense)



Escribano hortelano (Emberiza hortulana)



Con nuestro nuevo mejor amigo


Intentamos una última parada para ver unas supuestas orquídeas Neotinea ustulata, aunque al final no era correcta la ubicación y me conformé con ver algunos insectos (que no es poca cosa para mi gusto).



Polydrusus sp.

Doncella de ondas rojas (Euphydryas aurinia)

Castillo de Mombeltrán


Con esto finalizamos nuestro viaje a Gredos, pero aún esperaba un detallito final que nos encanta. Echamos en falta pintadas agresivas, como buenos fanáticos que somos de esas puras expresiones de odio y rabia, hasta que justo en una paradita para orinar apareció esta obra de arte como traída por el destino.