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sábado, 25 de octubre de 2014

Una de lagunas manchegas




 Como suele ser habitual unas pocas veces al año, el finde pasado fui con dos amigos a disfrutar de una de nuestras quedadas manchegas para seguir conociendo mejor sus valiosos humedales.

Empezamos con la laguna volcánica de La Posadilla, que ya conocimos el invierno pasado, pero con un contraluz que esta vez evitamos al ir por la mañana, recibiéndonos las cogujadas comunes (Galerida cristata) con sus melodiosos reclamos y una presencia inesperada de aves acuáticas en ella (me comentaron que se suele poner esta laguna como una de las más sosas en cuanto a avifauna). Lo primero que nos sorprendió gratamente fue ver cinco flamencos (Phoenicopterus roseus) junto a un repertorio de patos que, aparte de los omnipresentes azulones, incluía ánades frisos, cucharas, cercetas comunes y porrones comunes, además de oír los chillidos de un rascón.
En la segunda foto tenemos tres de los flamencos junto a un zampullín chico (Tachybaptus ruficollis), un cuchara (Anas clypeata) y lo que parece una hembra de porrón moñudo (Aythya fuligula).






La pequeña fauna me brindó la oportunidad de fotografiar un halconero migrador (Aeshna mixta), y se dejaron echar el ojo pájaros como la curruca capirotada (Sylvia atricapilla), los invernantes bisbitas comunes (Anthus pratensis) y un colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus) en paso migratorio.








La novedad de esta salida fue acercarnos a Pozuelo de Calatrava para conocer la laguna que tiene justo a las afueras, pero también fue al mismo tiempo el fiasco del día, siendo un lugar sucio, inaccesible y con palpable aspecto de abandono, viéndose sólo unos pocos flamencos a lo lejos, alguna cigüeñuela y unas pocas gaviotas a veces. En fotos dejo sólo un par de aguiluchos laguneros (Circus aeruginosus) y una avutarda (Otis tarda) que llegó volando de la cercana ZEPA Campo de Calatrava.





Nos quitamos el mal sabor de boca yendo a la laguna de Navaseca, que siempre nos satisface mucho. Nada más llegar nos recibió un aguilucho lagunero con una culebra en sus garras, y en el agua se alimentaban y descansaban flamencos, garcetas comunes (Egretta garzetta), garcillas bueyeras (Bubulcus ibis), flamencos, zampullines cuellinegros (Podiceps nigricollis) y chicos, cucharas, porrones comunes (Aythya ferina), cercetas comunes (Anas crecca), ánades frisos (Anas strepera) y combatientes (Philomachus pugnax).











Aquí hay dos combatientes

Ánades frisos entre patos cuchara


En las charcas del entorno había más combatientes junto a las cigüeñuelas (Himantopus himantopus), además de otras limícolas como el correlimos común y el chorlitejo chico. Pudimos ver más cerca a los flamencos usando la vegetación como parapeto, y disfrutamos de los vuelos de las libélulas Anax ephipipiger, un calamón (Porphyrio porphyrio), una malvasía (Oxyura leucocephala) más cercana que el resto y los gritos de los rascones (sin ver ni uno, para no variar).













Teniendo ganas de grullas nos acercamos un poco a las Tablas de Daimiel, pero evitando entrar para no topar con las típicas aglomeraciones de visitantes ruidosos. Grullas ni una, pero vimos una garza real (Ardea cinerea), un murciélago a plena luz del día, avefrías (Vanellus vanellus), la curiosa presencia de una garcilla cangrejera (Ardeola ralloides) y un papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca).













Con el propósito de volver en invierno para disfrutar de las grullas, nos despedimos pensando en que siempre que venimos a la Mancha húmeda echamos un muy buen día y nos llevamos algunas cosas interesantes para la saca. ¿Habrá alguna sorpresa más la próxima vez?