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domingo, 11 de junio de 2023

Roquero rojo en la Sierra de Grazalema

 



Justo hace un mes, el 11 de mayo, salí por la Sierra de Grazalema en busca de un nuevo intento con el roquero rojo, ave de montaña en clara regresión que cada año cuesta más localizar.
No sin pararme antes un momento con las cigüeñas blancas del nido de la localidad de El Bosque.



Cigüeña blanca (Ciconia ciconia)


Elegí la mole de El Endrinal, que con su desnuda roca caliza deslumbra con tal blancura que a veces parece incluso que tuviera nieve al verla desde lejos.
Como siempre en fechas primaverales, no podía evitar ir disfrutando de los artrópodos que acudían a las plantas en flor y otros animales que me cruzaba en mi camino.



Doncella de ondas rojas (Euphydryas aurinia)

Lagartija colilarga (Psammodromus algirus)

Araña Napoleón (Synema globosum)

Chochín (Troglodytes troglodytes)

Chupaleche (Iphiclides feisthamelii)



Me sorprendió enormemente encontrar amapolas de Grazalema en la subida de la ruta escogida, pues el otro año que las vi no fue hasta junio cuando las hallé ya florecidas y pienso que será que el mes de mayo tan caluroso lo que las adelantó.
Bajo el frecuente vuelo de buitres leonados y chovas piquirrojas vi collalbas negras cantando sus territorios y fue después cuando una diferente silueta a contraluz me hizo llevarme los prismáticos a los ojos para comprobar que había encontrado un macho de roquero rojo. Fue extremadamente arisco y no volvió a aparecer en toda la salida, al igual que su hembra atravesó volando el canchal para después perderse rápidamente de la vista.





Amapola de Grazalema (Papaver rupifragum)

Buitre leonado (Gyps fulvus)

Collalba negra (Oenanthe leucura)

Roquero rojo (Monticola saxatilis), macho

Roquero rojo (Monticola saxatilis), hembra

Cabra montés (Capra pyrenaica)




Supo a poco verlos tan poco tiempo y de lejos, pero la naturaleza es siempre imprevisible y es algo que se asume cuando se decide salir al campo. El paseo por tan rocoso recorrido siguió al menos brindando más bicheo del bueno y hasta la poco habitual escena de una cabra montés amamantando a dos chotillos.




Coleóptero que desconozco

Blanca del majuelo (Aporia crataegi)

Esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum)

Cabra montés con dos crías

Abrazo mortal

Agapanthia asphodeli

Otra escena de depredación idéntica a la anterior




El regreso hubiera sido rematado con mariposas del madroño y macaones si alguna de esas dos especies se hubiera posado un ratito, cosa que no quisieron hacer al estar tan activas con el calor.
Es el roquero rojo un ave con un colorido tan atractivo que cierro la publicación con otra especie igualmente dotada de llamativos colores, sobre todo azules, que es la carraca que vi el día anterior conduciendo por la campiña sevillana.



Carraca (Coracias garrulus)


sábado, 20 de agosto de 2016

Conociendo mejor Cantabria Oriental





Y aquí llegamos ya a la última entrada de esta serie cántabra del pasado mes de julio, pero para nada la peor por ser la última, porque hubo bichetes nuevos y fuimos guiados por alguien a quien tenía ya muchas ganas de conocer.

Quedamos Alberto y yo con Germán Ibarra, autor del blog Fauna Compacta, quien nos demostró a lo largo de la jornada un gran conocimiento de esa parte de Cantabria de la que nosotros sólo conocíamos el monte Candina.

Empezamos por la campiña costera de Castro Urdiales en El Rebanal, donde descansaban cormoranes moñudos (Phalacrocorax aristotelis) y gaviotas patiamarillas (Larus michaellis) en los acantilados. La cosa estaba difícil para encontrar alguna víbora de Seoane como queríamos, pero fuimos viendo un joven lución (Anguis fragilis), una culebra lisa meridional (Coronella girondica) y hasta un nido de musarañas. La serpiente fue hallada muy cerca del nido y sólo quedaba una cría, no cuesta mucho usar la imaginación...
















Después nos fuimos a La Cubilla, paraje en el que se encuentra una magnífica cueva, y pudimos ver larvas de sapo partero común y odonatos como Calopteryx virgo y Boyeria irene, además de una rana patilarga que se nos escabulló.

Quedamos para comer en Guriezo con Jesús Menéndez, gran amante de las aves marinas, y los cuatro nos dirigimos al embalse del Juncal. Allí vimos la libélula Orthetrum cancellatum y un par de sapos comunes (Bufo spinosus), de aves pudimos observar somormujos lavancos y una joven garza imperial, nos sobrevoló un par de alimoches (Neoprhon percnopterus) y por los caminos aparecieron un escribano cerillo (Emberiza citrinella) y un par de alcaudones dorsirrojos (Lanius collurio).

Un macho de camachuelo que vimos en vuelo fue una novedad para mí, así como también lo fue el escribano cerillo, que ya veis que estaba atareado llevando cebas a su prole.















Al regresar por Guriezo me comentaba Germán lo estupendos que eran unos robles para que hubiera ciervos volantes, y justo entonces vimos un coleóptero de gran tamaño en el suelo. Resultó ser otra especie, pero desde luego no menos interesante porque era el gran capricornio (Cerambyx cerdo). Tuvimos la suerte de coincidir con el momento en el que gran cantidad de ejemplares macho se congregan en los añosos robles para buscar pareja, y os puedo asegurar que lo disfrutamos una barbaridad... hubiese sido ya el colmo que apareciese un macho de ciervo volante (Lucanus cervus) porque llegó de pronto una hembra.













Sólo me queda decirle a Germán que fue un placer conocerle personalmente al fin, y que espero que aquella salida sea la primera de muchas otras más. ¡Esta entrada va dedicada a ti!