A mediados de julio llegó con fuerza una ola de calor que me hizo plantearme dejar de lado las salidas de jornada completa durante los últimos días. A pesar de hacer salidas más breves obviamente tuve mucho entretenimiento, empezando por las aves rapaces, algo que siempre me encanta en esta comarca a diferencia de otras serranías andaluzas donde echo en falta la frecuencia con la que aquí se puede disfrutar del vuelo de culebreras (Circaetus gallicus) o águilas calzadas (Hieraaetus pennatus) por ejemplo.
Fue gracias a estar observando a los buitres lo que me permitió un nuevo encuentro con el emblemático quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) la mañana del jueves 13, cumpliéndose así la maravillosa estadística de haber visto esta espectacular especie durante todos los meses que he pasado viviendo allí.
De primeras me alegré doblemente al pensar que este ejemplar era la hembra Estela, a la que he visto ya varias veces en esa zona concreta del avistamiento, pero me advirtieron sobre el diferente estado de la muda y vi que efectivamente no era ella, además de demostrar por otro lado su plumaje que se trataba de un ave un año mayor por lo menos. Pero su identidad se quedó desafortunadamente en sólo conjeturas.
| Buena comparación de siluetas con un buitre leonado |
Ya me habría gustado poder fotografiar todo aquello (la culebra se me escapó por torpe, lo admito), pero sí que puedo enseñar una araña lobo (Hogna radiata) y una Uroctea durandi, especie esta última que aún no tenía fotografiada, y añado el valioso plus de un audio con varios autillos cantando al mismo tiempo mientras también se oyen ranas comunes y grillotopos.
Como imagen final no se me ha ocurrido otra mejor que una foto que hice desde el Yelmo Chico en la que se ve parte de Cortijos Nuevos, de donde me marché el domingo 16 sin dejar de ver desde el mismo pueblo el vuelo de un águila calzada que parecía recordarme que las despedidas no tienen que ser definitivas.