Bienvenidos de nuevo a mis andanzas por la espléndida Sierra de Segura, lugar privilegiado en el que puedo disfrutar de magníficos paseos de observación de fauna silvestre.
Hoy, sin embargo, he optado por hacer una entrada basada en las aves que puedo ver desde la terraza de mi piso de Siles, con esas fabulosas vistas de la foto que he colocado a modo de cabecera. Mirad esa panorámica y decidme si aquello no era para acabar viendo una buena representación de avifauna local.
Lo normal es ver, aparte de las aves más comunes en todo pueblo y ciudad, carboneros comunes como avecillas más frecuentes con su habitual desparpajo, y otros como herrerillos comunes y lavanderas blancas y cascadeñas. Entre estos pequeños destaco la aparición del pasado lunes de un mosquitero musical (Phylloscopus trochillus) que hizo un alto en su periplo migratorio y buscaba insectos constantemente, pero lo mejor de todo es que un roquero solitario (Monticola solitarius) ha escogido los tejados y chimeneas de alrededor como posaderos habituales.
Pasemos al plato fuerte, porque la mejor baza está en levantar la mirada al cielo y coincidir con alguna de las emblemáticas rapaces de la sierra. El día 14 tuve oportunidad de ver al atardecer varios ejemplares de águilas calzadas (Hieraaetus pennatus) y culebreras (Circaetus gallicus) compartir espacio aéreo con un halcón peregrino (Falco peregrinus).
El día 17 se repitió la presencia de culebreras y calzadas, esta vez acompañadas por unos vencejos reales (Apus melba) que iban dentro de un bando migrador de aviones y golondrinas. Ya veis que el cielo estaba totalmente nublado, y a las pocas horas cayó la primera lluvia importante de la temporada.
Y esto no es nada comparado con el día 17 a mediodía, viendo de nuevo esas especies con mejor calidad. Encima sumemos que avisté volando muy alto un par de rapaces de extraño aspecto, no eran ratoneros, ni aguiluchos laguneros, sino dos abejeros (Pernis apivorus) que resultaron ser los últimos que he visto en esta migración. Ojo al ejemplar de las fotos, con un plumaje nunca visto por mí hasta ahora.
Los vencejos reales volaban constantemente sobre el pueblo, en grandes números justo el mismo día en que hubo una gran irrupción de golondrinas dáuricas.
A las águilas calzadas no las fotografié, pero una de las culebreras dio un espectáculo maravilloso y emocionante cuando se animó a cazar en los huertos que hay detrás de mi edificio. En esta secuencia podéis ver su técnica habitual e inconfundible, cerniéndose contra el viento mientras mira hacia abajo, hasta que ve algo que llama su atención y se deja caer en picado con el pecho por delante al ir llegando hasta su presa.
Habría sido el remate si hubiera surgido tras los árboles con una serpiente capturada, pero apareció al poco rato dejando claro que no había tenido éxito en el lance. Aunque esto me brindó ocasión de contemplar a la rapaz a mis anchas, mientras se iba remontando en círculos poco a poco... es una gozada de ave, recomiendo pinchar sobre las fotos para ampliarlas y verlas en condiciones.
Todo esto no es lo único, por supuesto, también se ven cuervos y buitres leonados, por ejemplo, y en tres ocasiones he visto gavilanes... con sus típicas apariciones fugaces sin tiempo a tomar alguna imagen testimonial, pero ya caerán, ya...
Como imagen final para la entrada os enseño un poco el "observatorio", que de por sí ya está genial para sentarse a mirar la sierra y relajarse como en pocos lugares se podría hacer.
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