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jueves, 10 de septiembre de 2020

Cordillera Cantábrica: Picos de Europa

 




Los días 13 y 14 de agosto tuvieron en común aprovechar nuestro viaje por tierras leonesas para hacer un par de incursiones en las impresionantes montañas de Picos de Europa, lugar polémico donde los haya con los gañanes de turno campando a sus anchas, pero aún es lugar de grandiosos escenarios que dejan sin aliento con su inmensidad caliza y el eco haciendo resonar los reclamos de las chovas piquigualdas.

La mañana del día 13 estábamos en Fuente Dé (ya en Cantabria) para llegar antes de la avalancha de turistas de garrafón y así poder tener mejores oportunidades de disfrutar de su fauna alpina. Tuvimos que hacer cola en el teleférico pero no era desde luego la insufrible horda de cafres gritones que suele llegar más tarde, pudiendo tener al subir muy buenas observaciones de los siempre confiados acentores alpinos.
Después de todo a los acentores alpinos, bonitos sin duda y entre mis aves preferidas, ya los veo también por mi tierra, cosa que no puedo decir de los rebecos. Este año por fin he podido verlos tras el esquinazo que inexplicablemente me dieron otros años, ya en León vi algunos pero a distancias indignantes, mientras que en las alturas de Picos de Europa sí que pude gozar plenamente de observaciones de calidad.



Acentor alpino (Prunella collaris)

Rebeco (Rupicapra pyrenaica)

Campanula arvatica



Rebeco (Rupicapra pyrenaica)



Un aliciente era ver los tritones alpinos que otras veces hemos podido ver con suma facilidad en sus lagos, pero se ve que llegamos un poco tarde y ya no se encontraban en la fase acuática de su ciclo, viendo solamente larvas y un adulto rezagado que estaba demasiado adentro como para verlo bien.
En un par de ocasiones vimos a las monstruosas larvas de los ditiscos (escarabajos acuáticos) depredando las larvas de los tritones, una escena casi tan dramática como la del pardillo que cayó fulminado en uno de los lagos.




Larva de ditisco depredando una larva de tritón alpino


Las aves alpinas no quisieron darnos el gusto al fallarnos el treparriscos y el gorrión alpino, justamente las dos especies más apetecibles, ya que los bisbitas alpinos y las chovas piquigualdas estaban más que vistos en otros sitios que visitamos, además de que esas dos primeras especies son particularmente atractivas.
Al bajar nos dividimos para buscar herpetos y pícidos. No hubo ni rastro del pico mediano que quiso vacilarnos al reclamar justo cuando hacíamos cola antes de la subida, pero con los anfibios se dio algo mejor la cosa de mano de una bonita salamandra adulta de complicada identificación a nivel de subespecie. Allí coinciden las subespecies fastuosa y bejarae, teniendo justamente este ejemplar características de ambas...

Ya que estábamos allí era una gran opción continuar la jornada por otras zonas de la comarca de Liébana donde insistir con los pícidos. Oímos reclamos de pico mediano y picamaderos negro en un robledal, dos de las especies de aves que teníamos anotadas para conseguir ver, pero los malditos no pusieron nada de su parte.
Mejor se nos dio al ir a Bejes en busca de tritones y conseguir ver unos pocos tritones alpinos adultos, esta vez sí. He de recordar que ese lugar lo conocí gracias a Alberto Benito en una visita anterior en el 2016 (podéis verla aquí).


Salamandra (Salamandra salamandra)

Argüébanes

Salamandra (Salamandra salamandra)

Tritón alpino (Ichthyosaura alpestris)

Ciervo volante (Lucanus cervus), hembra

Tritón alpino (Ichthyosaura alpestris)

Bejes


El 14 de agosto fuimos por la mañana a otro rincón de Picos de Europa, esta vez en su vertiente asturiana después de la jornada anterior en Cantabria.
La ruta del río Cares es muy popular y eso conlleva nuevamente una gran invasión de domingueros, pero parece ser el peaje a pagar por ver algunos de los paisajes más hermosos de nuestro país.

Las observaciones de aves fueron escasísimas, destacando solamente la presencia de camachuelos y mirlos acuáticos... con la aparición estelar del quebrantahuesos. Sí, lo acabáis de leer bien porque resulta que no dejo de ver quebrantahuesos ni cuando viajo. Los buitres leonados eran bastante constantes durante la ruta a gran distancia, pero estoy más que acostumbrado a reconocer el vuelo de los quebrantahuesos y no tardé en localizar un adulto que supongo que será de la pareja que por primera vez ha criado en el Parque Nacional. 
Más tarde tuve un segundo avistamiento de quebrantahuesos desde un bar donde tomamos un bien merecido aperitivo, aunque no lo fotografié y no puedo asegurar que sea el mismo ejemplar debido a la lejanía del ave.




Buitre leonado (Gyps fulvus) y quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)


Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)






Al regresar a nuestro alojamiento en León reconocí otra silueta muy familiar al ver un solitario buitre negro, especie que está dejando de ser un avistamiento raro en la zona y se terminará por asentar en la Cordillera Cantábrica tarde o temprano.



Buitre negro (Aegypius monachus)



Ya que Asturias ha sido mencionada con esta última salida, precisamente allí nos trasladamos dos días después para tener en Somiedo el final apoteósico que este viaje merecía. Las novedades fueron impresionantes y pronto lo podremos ver por aquí cuando publique la conclusión del viaje cantábrico.





sábado, 24 de marzo de 2018

Cantabria invernal: 2ª parte




El lunes 26 de febrero me esperaba mi segundo día completo observando aves por Cantabria. Javi Hernández se unió a Alberto Benito y a mí para empezar la jornada en Cabo Quintres.

Un chochín (Troglodytes troglodytes) cantaba a pleno pulmón en aquella nubladísima mañana mientras buscábamos por los prados la especie objetivo de la zona, pues allí viene a invernar desde la lejana Asia el bisbita de Richard (Anthus richardi), que me recordó bastante al bisbita campestre.






En la Ría de Ajo vimos tres gaviotas canas (Larus canus) y un fabuloso macho de lavandera blanca de la subespecie enlutada (Motacilla alba yarrellii) procedente de tierras británicas mientras un zorzal alirrojo se delataba con su reconocible reclamo.







Volvimos a las Marismas de Santoña por si podíamos redondear con alguna otra especie nueva (serreta mediana y zampullín cuellirrojo). No fue así al final, pero junto a Germán Ibarra (quedamos allí con él) vimos en el puerto nuevamente un arao (Uria aalge), colimbos grandes (Gavia immer), barnaclas carinegras (Branta bernicla), alcas (Alca torda) y colimbos chicos (Gavia stellata).
La verdad es que volver a disfrutar de esas especies novedosas para mí fue un gusto y así cualquiera quiere ir a repetir de buen grado.




¿Veis el colimbo?






Sin olvidarnos de otras especies que no son nuevas para mí pero igualmente gusta verlas, como es el caso de los cormoranes moñudos (Phalacrocorax aristotelis) los charranes patinegros (Thalasseus sandvicensis) y los halcones peregrinos (Falco peregrinus).








Con un frío helador (no os fiéis de la falsa impresión que dan las fotos con el cielo ya más soleado) nos fuimos a la Bahía de Santander donde no tuvimos muy buena suerte al no ver las famosas águilas pescadoras de la pareja local de la Ría de Cubas ni el porrón osculado de Astillero (por si lo veíamos esta vez más cerca), aunque tuvimos un buen momento herpetológico al ver los tritones alpinos (Ichthyosaura alpestris) que se reproducen en un pilón allí tan cerca del mar.



Mirlo común (Turdus merula)

Bisbita comùn (Anthus pratensis)

Espátulas (Platalea leucorodia)

Milano real (Milvus milvus)

Milano negro (Milvus migrans)





Tras despedirnos de Javi y Germán nos fuimos Alberto y yo a la playa del Camello en Santander para ver los correlimos oscuros que sorprendentemente nos fallaron como bellacos, contentándome con los no menos bonitos vuelvepiedras (Arenaria interpres).
Acabamos la tarde en el faro con un fortísimo viento viendo un halcón peregrino y lejanos ejemplares de alcatraz atlántico que pude anotarme como especie nueva.












Al día siguiente me marchaba de regreso a Jaén (decisión muy acertada porque justo después llegaron el temporal y las nevadas), pero usé un poco la mañana como comodín por si conseguíamos ver los correlimos oscuros antes de irme. Volvieron a darme esquinazo a pesar de parecer que serían una de las especies más seguras, pero me llevé a cambio un avistamiento mucho mejor de alcatraz (Morus bassanus) que los del día anterior al pasar un ejemplar pescando bastante cerca de la costa.

No se me ocurre mejor broche final si tenemos en cuenta que me encantan los alcatraces y que era una de las especies que más ganas tenía de ver. Los ornitólogos locales comentan que los últimos inviernos están siendo flojos con la presencia de aves invernantes (por ejemplo no hay negrones especulados este año), pero para mí fueron unos días más que satisfactorios al ser nuevas esas especies (colimbo grande, colimbo chico, cisne cantor, barnacla carinegra, bisbita de Richard, gaviota cana, porrón osculado, alcatraz, arao, alca y el posible bisbita costero) y conocer aquello de manera tan disinta al verano.