Continuemos con la segunda entrega de este exótico viaje que el día 26 de marzo nos amaneció en Errachidia para poner rumbo a Rissani, siendo un punto de inflexión del viaje al estar ya todo el tiempo en unos entornos totalmente novedosos y diferentes a cualquier otro ya conocido.
La imagen que veis arriba nos llamó poderosamente la atención, al ver ese lozano palmeral en medio de un ambiente tan árido y rocoso, hasta el punto de parar el coche para verlo mejor y así continuar con la racha de paradas aleatorias que nos reportaron especies nuevas. En este caso fueron un par de terreras saharianas (
Ammomanes deserti), una de ellas intentando engullir sin éxito un geco que capturó ante nosotros.
Al pasar junto a pueblos de adobe fuimos comprobando que a partir de entonces la collalba yebélica (
Oenanthe leucopyga) y el escribano sahariano (
Emberiza sahari) se convertirían en observaciones muy frecuentes, incluso dentro de grandes urbes.
En una de esas paradas para ver estas aves vimos también un grupo de ardillas morunas (
Atlantoxerus getulus) y observamos la manera en que los ríos con palmerales son toda una salvación para las aves migradoras que de otro modo tendrían que atravesar toda esta aridez sin posibilidad de conseguir refugio y alimento. Ejemplo de esto último fueron la curruca carrasqueña (
Sylvia cantillans) y la garza imperial (
Ardea purpurea) de las fotos.
Pero la importancia de estos palmerales la apreciamos mejor al parar junto a un puente y bajar al río para descubrir al azor (
Accipiter gentilis) sobrevolar su territorio en el que numerosos mosquiteros papialbos (
Phylloscopus bonelli) reponían fuerzas durante su largo viaje.
Allí vimos la subespecie norteafricana de la lavandera blanca (
Motacilla alba subpersonata), bulbules naranjeros (
Pycnonotus barbartus) y ranas verdes norteafricanas (
Pelophylax saharicus), añadiendo también a las novedades unas perdices morunas que no tardaron en poner pies en polvorosa.
Por supuesto no fue lo único, en un lugar así abundaban especies como el vencejo pálido, la cigüeñuela, el chorlitejo chico, el alcaudón común, el ruiseñor común, el andarríos chico, la garceta común o un archibebe común.
Cerca de Erfoud teníamos una arenosa localización para intentar ver la prinia desértica, un ave que finalmente no pudimos ver en todo el viaje, pero allí seguimos viendo collalbas desérticas (
Oenanthe deserti) y yebélicas junto a especies nuevas. Éstas fueron la alondra ibis (
Alaemon alaudipes) con su comportamiento y físico similares a una abubilla y el camachuelo trompetero (
Bucanetes githagineus).
Estas dos novedades las pudimos ver más veces a lo largo del viaje, pero al trompetero ya no pude volver a fotografiarlo.
En Rissani nos esperaba más arena aún al buscar en sus cortados a una de las estrellas ornitológicas de la zona.
Ver a los cuervos desertícolas (
Corvus rufficollis) era pan comido al ser numerosos y bien visibles. Si os fijáis no son realmente negros como podría parecer, más bien de un color marrón muy oscuro, entre otras tantas diferencias con nuestros cuervos comunes.
Lo que no era tan fácil era encontrarnos una curruca de Tristam (
Sylvia deserticola), pero allí estaba un grupo de pajareros siendo guiados por
Gayuin Birding Tours y nos vino de perlas que estuvieran observando una hembra.
También vimos terreras saharinas (en la última foto), collalbas y camachuelos trompeteros.
Yendo a otros cortados vimos por el camino la única tórtola senegalesa (
Streptopelia senegalensis) que se dejó fotografiar, aunque fuese en condiciones mejorables.
Y aquí llegó la estrella del día, cuando un grupo de niños nos indicó dónde teníamos que mirar para conseguir ver al búho del desierto (
Bubo ascalaphus), ya considerado especie propia tras haber estado clasificado como subespecie del búho real. Un grupo de fastidiosos cuervos lo hizo volar y al posarse lo pudimos disfrutar muchísimo, de hecho allí seguía aguantando a los córvidos mientras nos marchábamos.
Aquí hay algo que quisiera comentar más detenidamente, y es el hecho de que la gente de estos pueblos ha aprendido que estas aves atraen a observadores de aves de otros países... y que eso da dinero porque piden propinas a cambio. Los niños que nos indicaron el búho no fueron los únicos y un hombre se nos ofreció también a llevarnos a ver búhos y halcones (tagarote y borní), aunque declinamos su oferta porque queríamos intentarlo por nuestra cuenta.
La verdad es que la gente allí llega a ser muy molesta porque no aceptan un no por respuesta tan fácilmente, y realmente incomodan mucho, pero es importante que vean que estas aves dan dinero y que así se esfuercen por conservarlas, en vista de que allí la conciencia medioambiental es todavía más nefasta que en España.
Con la enorme satisfacción de haber cumplido objetivos de una manera tan espectacular nos fuimos a nuestro alojamiento en Rissani, el Riad Lghiam. Un riad es una residencia tradicional marroquí con interiores realmente bonitos y relajantes, una alternativa muy buena a los hoteles que desde aquí os recomiendo, pues las dos noches que las pasamos en este tipo de sitios estuvimos maravillosamente atendidos.
Si lo visto en esta entrada ya parece muy desértico... no es nada comparado a lo que se verá en la siguiente publicación con el desierto del Sáhara.