A muchos de vosotros ya os comentado en persona lo mucho que me gustan los lugares apartados de la "civilización", con una atmósfera absolutamente agreste y salvaje.
Pues la salida que hice el sábado con mi mejor amigo se lleva la palma, creo que nunca nos hemos dado una mayor paliza caminando por inclinadísimos valles, ni siquiera aquella vez que fuimos a una zona que muy bien llamamos "Mordor" por lo lejos que está.
El objetivo era llegar al sitio que veis en la primera foto, ese cortado con una cascada, en medio de un impresionante valle con un arroyo encajonado entre prietos cerros de matorral mediterráneo, pinos, encinas y alcornoques. Desde estas alturas se puede divisar el castillo de Castro Ferral (sus ruinas, mejor dicho).
Ya tengo la satisfacción de poder mirar al cielo y ver a mis queridas rapaces estivales. Una de ellas, como muy bien sabéis, es la culebrera (Circaetus gallicus), de la que vimos distintos ejemplares.
Aquí tiene una buena población, teniendo a mano laderas con matorral y arbolado disperso donde cazar, y bosques más apretados donde escoger algún gran alcornoque para anidar.
Nosotros seguimos nuestro recorrido, yendo casi siempre junto al arroyo, que estaba realmente lleno por las lluvias. El camino de vuelta lo hicimos directamente por los cerros, y comprobamos que se tarda menos con mucha diferencia.
Mantengo mi costumbre de mirar de cuando en cuando al cielo. Allí estaba mi otra rapaz estival, el águila calzada (Hieraaetus pennatus), también con avistamientos de bastantes ejemplares distintos que incluyen algunos de morfo oscuro, pero dejaré sólo a los de fase clara por ser los que estuvieron menos lejos.
Hay buenas densidades de esta bonita rapaz en estas serranías, la menor de las águilas se desenvuelve muy bien en estos medios forestales y anida en medio de bosques muy densos y arrebujados.
Mirando abajo también se ven cosas, disfrutando de los pequeños habitantes del monte, como por ejemplo esta mariposa aurora (Anthocharis cardamines) y esta curiosa araña de abdomen azul (había muchas entre la hojarasca de la ribera).
Los escaramujos me trajeron recuerdos de la Sierra de Segura, donde me dijeron que los llaman "tapaculos" por sus cualidades astringentes.
Ya sí llegamos a la zona de altos collados, donde sorprendimos a un macho de muflón (Ovis musimon) que salió trotando ladera arriba, no sin asomarse un poco antes de esfumarse del todo. Seguramente le parecería extraño ver humanos en un lugar tan apartadísimo.
Otro habitante de las alturas es la reina de las rapaces, el águila real (Aquila chrysaetos), que se mueve a sus anchas por los amplios cielos limpios y los roquedos para regalarnos la siempre memorable visión de su silueta de enormes alas.
Vimos una pareja adulta (primera foto) y un subadulto.
El camino de vuelta se hizo bastante duro, era casi desalentador darse una tremenda caminata y ver a lo lejos que aún quedaba mucho para llegar al punto de partida, atravesando jarales espesos, pendientes empinadas y bosques intrincados. Por suerte siempre se puede contar con la inestimable ayuda de las veredillas que van dejando los ciervos en su trasiego diario.
Se veía bastante movimiento de buitres, y llamaba la atención que muchos llegaban volando muy bajo hacia un cerro para empezar a tomar altura y poder alejarse...
¿De dónde venían? La sorpresa estaba a cerca, cuando vimos que unos pocos de ellos aún estaban en el suelo posados, ante una carroña de ciervo.
Siempre he querido ver a los buitres comiendo en la naturaleza, el hecho de que ocurriera en su medio original me hizo una ilusión enorme. ¡¡Y encima había buitres negros!!
Los que quedaban eran un par de buitres negros (Aegypius monachus) junto a un buitre leonado (Gyps fulvus). Aunque al final se quedó solo uno de los buitres negros, que debía tener mucha hambre a juzgar por los energéticos tirones que daba del maltrecho cadáver del venado con su poderoso pico.
Así son los contrastes en la naturaleza, con la carroña y el olor a muerte junto a la viva floración primaveral y el llamativo tono naranja de este hongo.
Fue todo un respiro alcanzar de nuevo terreno llano, mientras nos sobrevolaban las rapaces, como algún buitre negro o un juvenil de águila imperial (Aquila adalberti).
Al poco rato vi lo que creí que era la misma águila imperial de antes tomando altura, pero ya vi que la de antes es un macho y esta otra es una gran hembra, que además cicleaba junto a un pequeño gavilán (Accipiter nisus).
Siempre lo digo, ver rapaces jóvenes es algo muy esperanzador, cuando sólo ves adultos te preocupas un poco.
Voy a terminar con un par de fotos malísimas pero que considero interesantes como datos fenológicos.
Son del día 28 de marzo y nos muestran en el mismo día a unas avecillas invernantes y a unos grandullones estivales: un grupito de lúganos en unos alisos y un inmenso bando de milanos negros que iba en dirección norte.