lunes, 28 de septiembre de 2020

Las otras observaciones del Estrecho

 



Aquel fin de semana en el Estrecho de Gibraltar no solamente transcurrió entre observatorios y oteaderos junto al mar con el brutal viento de levante vapuleándonos. 
Las tardes, al ser más tranquilas en cuanto a paso de aves planeadoras, cambiamos de aires (nunca mejor dicho) escogiendo ir a La Janda en busca de otro tipo de aves de la rica comunidad local, además de ser un lugar que acoge a aquellas que no se sienten aún con fuerzas como para dar el salto al continente africano.

La tarde del 5 de septiembre allí estábamos en medio de esos cultivos que sustituyen a lo que antaño fue la mayor laguna de la Península Ibérica. Aquel vergel acogía en su momento poblaciones de lechuza mora y parejas reproductoras de grulla común, cosa que ya no existe tristemente, pero aún ejerce magnetismo sobre otras aves al ser un lugar muy estratégico.
Así lo demostraron especies migratorias que allí vimos como la tórtola común, el abejero o el águila pescadora (esta última sin foto en condiciones al pillarnos por sorpresa) junto a los residentes como el elanio o los ridículos faisanes presentes para el disfrute de los cazadores que deben encontrar alguna satisfacción en tirotear a un dócil animal de granja.



Cigüeñas blancas (Ciconia ciconia)

Abejeros (Pernis apivorus)

Elanio (Elanus caeruleus)

Perdiz roja (Alectoris rufa)


Abejeros (Pernis apivorus)

Tórtola común (Streptopelia turtur)



Sus arrozales y canales atraen inevitablemente a un buen número de aves acuáticas como las que aquí vemos con el grupo de cigüeñas negras que se dirigían a un embalse, los moritos, la pequeña bandada de espátulas o esa garza imperial que me dio la alegría de última hora cuando ya nos marchábamos.


Andarríos grande (Tringa ochropus)

Moritos (Plegadis falcinellus)

Cigüeñas negras (Ciconia ciconia)

Espátulas (Platalea leucorodia)

Garza imperial (Ardea purpurea)


La tarde del 6 de septiembre no estuvo nada mal tampoco, añadiendo mejores avistamientos de aguiluchos cenizos que los que teníamos en los observatorios de la migración y la sorpresa de una rapaz posándose en una torreta que resultó ser ni más ni menos que un flamante ejemplar juvenil de águila perdicera.
Quien me conozca sabrá que me gustan mucho las aves limícolas, de manera que fue una gran satisfacción dar con un pequeño surtido de estas inquietas aves alimentándose en unos encharcamientos.


Aguilucho cenizo (Circus pygargus)
Papamoscas gris (Muscicapa striata)

Bisbita campestre (Anthus campestris)

Aguilucho cenizo (Circus pygargus)

Milano negro (Milvus migrans)

Correlimos zarapitín (Calidris ferruginea)

Chorlitejo grande (Charadrius hiaticula)

Combatiente (Calidris pugnax)

Archibebe claro (Tringa nebularia)

Águila perdicera (Aquila fasciata)



Ese mismo día decidimos rematar la jornada intentando ver camaleones por la noche, algo con lo que llegamos a tener suerte encontrado una hembra adulta grávida con su llamativa librea nada más llegar  al sitio elegido y un pequeño juvenil.
Hacía ya tres años que había visto mis primeros camaleones en Chipiona, de manera que ya os podéis imaginar la emoción de volver a ver estos atractivos reptiles.


Camaleón (Chamaeleo chamaeleon)

Mantis religiosa

Camaleón (Chamaeleo chamaeleon)


Aún teníamos tiempo de echar un ojo a unas charcas muy animadas al pasar cerca de Jerez en el regreso a casa y esto nos brindó (entre otras cosas) una garcilla cangrejera como regalo de despedida.
Todo esto complementa de una manera sensacional lo visto en Algeciras y Tarifa con el paso migratorio de aves planeadoras, haciendo que aquel fin de semana terminara por ser redondo y memorable.



Garcilla cangrejera (Ardeola ralloides)


viernes, 25 de septiembre de 2020

Migración en el Estrecho de Gibraltar

 




Siempre había querido ir a ver la migración de las aves planeadoras por el Estrecho, pero sobre todo desde hace cinco años tuve el firme propósito de que alguna vez iría en condiciones y no con las visitas mal organizadas que he llegado a hacer.
Por fin, y de manera muy inesperada, llegó ese momento este año. Un buen día, con el curso ya empezado, recibí el mensaje de José Márquez proponiéndome unirme a él y a su amigo Emilio para ir los días 5, 6 y 7 de septiembre, una oferta que no podía rechazar.

Tras un brutal madrugón fui a Córdoba el sábado 5 de septiembre para reunirme con ellos y llegar juntos a Algeciras aún por la mañana, que comenzaba nublada y con grandes números de abejeros ya divisándose desde la autovía.
El observatorio de El Algarrobo, muy próximo a Algeciras, es muy cómodo para ver grandes cantidades de aves sin sufrir el horrendo viento de levante que sopla más al sur en Tarifa. Pero, como contrapartida, las observaciones son de muy mala calidad por su lejanía. Tanto es así que he optado por descartar las imágenes allí tomadas en vista de que más adelante la calidad fue mucho mayor.

Fuimos viendo culebreras, alimoches, águilas calzadas, milanos negros y una gran cantidad de abejeros como buen aperitivo de lo que nos esperaba.




Buitres y alimoches descansando


Resulta que coincidió que este año también fue mi mejor amigo de la infancia, Paco Ordóñez, junto a su amigo Julen Zuberogoitia y desde luego teníamos que vernos. Estando en El Algarrobo le comentaron a Julen un buen sitio para tener observaciones cercanas de las aves cuando se acercan a la costa para intentar cruzar y allí nos fuimos a probar suerte.
Allí en el Guadalmesí recibimos la primera bofetada del fortísimo viento de levante que era insoportable y ni siquiera dejaba sostener bien la cámara de fotos, hasta que tuve la ocurrencia de parapetarme tras la vegetación y pronto ser imitado por los demás. Este viento tampoco dejaba volar en condiciones a las rapaces y llegaban a muy baja altura, haciéndonos alucinar cuando nos llegaban a pasar por encima viéndolas perfectamente sin necesitar ni los prismáticos.

Se veían a veces gavilanes, aguiluchos, culebreras o abejeros; pero lo más numeroso eran sin duda los milanos negros, las águilas calzadas y los alimoches. Jamás en mi vida había visto tantos de estos últimos, que desfilaron mostrando toda su variedad de plumajes desde los oscuros juveniles hasta los blancos adultos con sus caras naranjas, con todo el repertorio de aspectos intermedios con mayor o menor cantidad de blanco y rostros aún sin amarillear. A causa del viento de levante se formó un tremendo tapón en la migración y tuvimos la enorme suerte de coincidir con el paso masivo de estas pequeñas necrófagas.



Alimoche (Neophron percnopterus)

Milano negro y alimoche

Milano negro (Milvus migrans)

Alimoche (Neophron percnopterus)

Alimoche (Neophron percnopterus), juvenil

Águila calzada (Hieraaetus pennatus)

Alimoche (Neophron percnopterus)

Milano negro (Milvus migrans), juvenil

Alimoche (Neophron percnopterus)

Culebrera (Circaetus gallicus)

Alimoche (Neophron percnopterus), juvenil

Julen, Paco y yo... que soy el que no deja de comer ni para la foto


Además de El Algarrobo es también clásico el observatorio de Cazalla, ya en Tarifa. Allí los avistamientos son menos frecuentes a cambio de ver las aves más cerca que en el otro observatorio, pero con el viento era un suplicio estar allí aquel día. Por lo menos pudimos ver un par de cigüeñas negras nada más llegar.




Uno de los mayores peligros que encuentran las aves


La mañana del 6 de septiembre fuimos a tiro fijo por la zona donde el día anterior tuvimos tan buenos resultados, aunque cambiando de posición acercándonos más a la costa para guarecernos mejor del viento. Tanto fue así que ya directamente veíamos el mar con la imagen icónica de las aves volando sobre la masa de agua. 
Seguíamos viendo alimoches, pero ya no tantos como en la jornada previa, pasando el testigo a culebreras y águilas calzadas. Estas últimas destacaban sobremanera pareciendo que aquel día les tocaba a ellas el protagonismo con su enorme abundancia.

También se veían algunos gavilanes y abejarucos, siendo tan llamativo como divertido ver a los abejarucos enfilarse con decisión y cantando en grupo mientras que a las rapaces les costaba muchísimo mantener el rumbo con la ventolera. 




Águila calzada (Hieraaetus pennatus)

Alimoche (Neophron percnopterus)

Águila calzada (Hieraaetus pennatus)

Culebrera (Circaetus gallicus)

Águila calzada (Hieraaetus pennatus)




El lunes 7 de septiembre empezamos la mañana en El Algarrobo por ser donde hay mejores opciones de ver algún buitre moteado. No conseguimos ver ninguno entre los abundantes buitres leonados que frecuentan el vecino parque natural de Los Alcornocales, pero nos entretuvo bastante el paso de abejeros con su fascinante variedad de plumajes y la esperada aparición de dos cigüeñas negras. 
Se estaba muy a gusto allí al no soplar nada del molesto viento de Tarifa, aunque se echaba en falta tener observaciones mejores y decidimos cambiar de sitio una vez más.



Algeciras

Abejero y águila calzada

Abejero (Pernis apivorus)

Cigüeñas negras (Ciconia nigra)

Abejero (Pernis apivorus), juvenil


En aquella ocasión el nuevo punto de observación sería en Punta Camorro, no sin antes hacer una paradita en el observatorio de Cazalla con el regalito de un buitre negro infiltrado entre las águilas calzadas.
Mi buen amigo Paco se volvió a Jaén la tarde anterior, pero todavía estaba allí Julen y estuvimos con él viendo que ese día parecía ser el de las culebreras después de las jornadas de alimoches y águilas calzadas. Nuestra última mañana dio de sí viendo también gavilanes, jóvenes aguiluchos cenizos o un grupo de cigüeñas negras. Sumemos a esto y presentemos nuestros respetos al épico viaje de un joven abejero de morfo oscuro que era repelido por el viento una y otra vez en sus intentos por cruzar el mar, mientras que parecía que le iba mejor a un escuadrón de cigüeñas blancas con un par de sus primas negras en la retaguardia.



Buitre negro (Aegypius monachus) entre águilas calzadas

Hay todo un poeta suelto por allí

Gavilán (Accipiter nisus)


Cigüeñas blancas cruzando

Culebreras (Circaetus gallicus)

Milano negro, águila calzada y culebrera

Abejero (Pernis apivorus), juvenil

Culebrera (Circaetus gallicus), juvenil


Ya parecía que nos íbamos a quedar sin trincar un abejero en condiciones como sí hicimos con otras de las especies, cuando un macho de morfo marrón nos sorprendió a la hora de la comida pocos momentos antes de recoger para marcharnos.
Costaba realmente decidirse a emprender nuestro viaje de regreso, con la serenidad que transmitía estar frente al mar viendo a poca distancia las montañas y poblaciones de Marruecos con los charranes patinegros ajenos al lío de fronteras que nos inventamos los humanos.




Abejero (Pernis apivorus)

Cigüeñas blancas (Ciconia ciconia)

Abejero (Pernis apivorus)

El abejero frente al Jbel Musa




Aquí estoy frente al mar después de no verlo desde diciembre, y quién sabe hasta cuándo ahora que no voy sitios costeros con misma frecuencia que cuando vivía por esos lares. Me quedo con muy buen sabor de boca tras haber disfrutado finalmente de la migración como se merecía y en el mejor sitio de nuestra geografía para ello, además de lo especial que es para mí haber estado en Algeciras porque fue donde tuve mi primera vacante como maestro en Primaria durante el curso 2007/2008.

Por cierto... habréis visto que no he mencionado en ningún momento las tardes, eso es porque las dedicamos a otros menesteres que explicaré en la siguiente publicación.