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viernes, 24 de marzo de 2023

Avetoro en Doñana

 




Este invierno (ya recién terminado) ha sido excepcional en cuanto a avistamientos de avetoros porque en un caño de la llamada Doñana visitable han sido muchas las veces en las que varios ejemplares se han dejado ver bien, cosa nada habitual en la más difícil de nuestras garzas.

El domingo 19 de febrero fue el día indicado para probar suerte yo también, aunque primero fui por la mañana al paraje del Brazo del Este para comenzar allí el pajareo y aquel primer plato no estuvo nada mal.




Avoceta (Recurvirostra avosetta)

Flamenco (Phoenicopterus roseus)

Correlimos comunes (Calidris alpina)

Flamenco (Phoenicopterus roseus)

Milano real (Milvus milvus)

Cigüeñuelas (Himantopus himantopus)


Espátula (Platalea leucorodia)

Flamencos (Phoenicopterus roseus)

Tarros blancos (Tadorna tadorna)

Cigüeña negra (Ciconia nigra)

Garza real (Ardea cinerea)

Flamenco que no sé si lo que hace es bailar flamenco


Mientras me dirigía a Coria del Río, para tomar la barcaza que cruza el Guadalquivir, vi junto al río un águila pescadora cuya anilla revela que es el mismo ejemplar de Alemania que ya vi en enero del año pasado junto a un amigo. Y no ha sido la última vez porque también este mes me he encontrado a esta alemana que nació en 2021 y, por el momento, parece fiel a su invernada en las Marismas del Guadalquivir.



Martinete (Nycticorax nycticorax)

Águila pescadora (Pandion haliaetus)

Milano real (Milvus milvus)


Ya en la Doñana propiamente dicha estuve junto al caño de marras tomando el almuerzo por si se dejaba ver el arisco avetoro. Cuando decidí ponerme nuevamente en marcha fue cuando frené de pronto al ver la figura de una de estas aves en la orilla opuesta mirándome muy quieta, pues el avetoro al ser descubierto es normal que se ponga a disimular, pretendiendo ser parte de las cañas como si no lo pudieras ver.
Cuando ya era evidente que lo estaba viendo empezó a marcharse lentamente hasta que la vegetación impidió continuar con la observación.



Avetoro (Botaurus stellaris)

Alejándose con disimulo y silbando



Ya había sido un éxito para mi gusto la salida con esto, pero estando allí aún quedaban muchas cosas por ver pese a lo cada vez más maltratada que está la marisma.



Calamón (Porphyrio porphyrio)

Garceta grande (Ardea alba)

Archibebe claro (Tringa nebularia)

Agachadiza común (Gallinago gallinago) pretendiendo que no la veo

Andarríos grande (Tringa ochropus) con ganas de ser un estornino

Combatiente (Calidris pugnax)

Garceta grande (Ardea alba)



Al caer la tarde no se dejó ver ninguna lechuza campestre de las pocas que aún quedan ("gracias" al continuo acoso durante años de coleccionistas de fotos que las persiguen), pero allí estaba su primo el mochuelo acompañado por una gran cantidad de primillas.



Mochuelo (Athene noctua) pretendiendo que no lo veo

Cernícalo primilla (Falco naumanni)


Terminamos con una escena típica del campo que muchos negarían, pero que sabemos perfectamente que existe. Un perro atado a la intemperie con una corta cadena y un cacharro de agua...






jueves, 23 de diciembre de 2021

Avetoro y mucho más en las Marismas del Guadalquivir

 




Las cosas a veces salen de maravilla sobre la marcha, casi improvisando. Es lo que pasó cuando se iba acercando el puente de diciembre sin una idea clara sobre qué hacer durante esos jugosos cinco días libres, ya que los planes que iba haciendo se desbarataban y acababa por llegar la fecha indicada sin nada sobre la mesa.
Me acabé decidiendo en última instancia por "la vieja confiable" yendo a Sevilla y Cádiz. No iba a ser entonces ninguna novedad en cuanto a especies ni sitios por conocer, pero sabía que vería de todo y disfrutaría en esos hábitats de humedales que tan lejos tengo actualmente viviendo en la Sierra de Segura.

El sábado 4 de diciembre estaba ya a mediodía en el paraje natural del Brazo del Este, en la provincia de Sevilla, iniciando una vez más mi clásico recorrido entrando en los arrozales desde las pistas que parten al lado del poblado de Chapatales. Me sorprendió gratamente ver varios milanos reales nada más llegar, dando que no los suelo ver allí pese a ser invernantes muy habituales en tierras sevillanas, aunque nada más sorprendente en ese momento que un juvenil de águila perdicera remontando corrientes junto a unas cigüeñas negras.



Milano real (Milvus milvus)

Garceta grande (Egretta alba)

Aguilucho lagunero (Circus aeruginosus)

Garza real (Ardea cinerea)

Águila perdicera (Aquila fasciata)

Espátula (Platalea leucorodia)

Chorlito dorado (Pluvialis apricaria)

Garceta común (Egretta garzetta)

Tarros blancos (Tadorna tadorna)


Especialmente agradable fue una tabla de arroz fangueada (cuando remueven los restos de la paja del arroz con el barro) que estaba abarrotada, realmente llena de flamencos, cigüeñas, gaviotas y limícolas aprovechando al máximo ese rico pero temporal filón de comida.
Esto permitía ver y fotografiar de cerca a todas estas aves sin molestarlas desde el coche, siempre con respeto como debe ser.



Flamencos (Phoenicopterus roseus)

Cigüeñas blancas (Ciconia ciconia)

Andarríos grande (Tringa ochropus)

Avefría (Vanellus vanellus)

Avocetas (Recurvirostra avosetta)

Moritos (Plegadis falcinellus)


Unos paseos a pie por los canales me permitieron ver los pajarillos invernantes que quería ver. Un pechiazul posó agradecidamente, no así los escribanos palustres dándome esquinazo tras una breve observación.


Pechiazul (Luscinia svecica)

Atardecer con aguiluchos laguneros

Alas por todos lados


Aproveché bien la tarde, fotográficamente hablando, antes de retirarme a vivir la experiencia tan profusamente representada en las películas y series de Estados Unidos de dormir en un sórdido motel de carretera, con ruidosa calefacción para no perder esos detalles de calidad. Al día siguiente tendría más ajetreo con un recorrido mucho más largo.
Para el domingo 5 de diciembre ya no estaría solo porque vendrían mis cordobeses compañeros de fatigas. Estuve con José Marquez, Jesús Jiménez, Lucía Arjonilla (ella es de Jaén como yo, es importante señalarlo) y Diego Peinazo, además de encontrarnos también con Paco Chiclana y Fernando del Valle.
Empezamos la mañana en la Corta de los Olivillos, donde un buen grupo de cercetas pardillas y un águila pescadora fueron lo mejor para mi gusto. Se veían otras especies de anátidas como silbones o ánades rabudos, pero a distancias prohibitivas para el disfrute en mi opinión.
Después fuimos carrileando por los arrozales sin detectar especies de particular interés hasta llegar de nuevo al Brazo del Este con su bonito repertorio, donde esperaba la que sin duda fue la más enorme sorpresa cuando me encontré un avetoro.
Esto último hay que contarlo aparte y más detenidamente, lo merece. Iba yo conduciendo mi pequeño todoterreno cuando creí ver una garcilla cangrejera al lado de un canal... hasta que fui consciente de lo que acababa de ver y pegué un tremendo frenazo. Lo normal con esta especie es ver una cabeza o incluso solamente un pico que asoma entre la vegetación, esto fue por lo tanto algo espectacular y glorioso, yo desde luego nunca había visto uno completamente al descubierto (si no contamos aquel que vi en vuelo hace seis años).



Cerceta pardilla (Marmaronetta angustirostris)

Águila pescadora (Pandion haliaetus)

Cigüeña negra (Ciconia nigra)

Garcilla cangrejera (Ardeola ralloides)

Avetoro (Botaurus stellaris)

Grullas (Grus grus)



Por la tarde quisimos pasar a lo que coloquialmente se llama la Doñana visitable, tomando por primera vez en mi vida (y mirad que he estado viviendo por la zona y todo) la barcaza que atraviesa el Guadalquivir hasta Coria del Río.
Las otras especies objetivo del día eran las dos lechuzas, aunque ya veis que en los pies de fotos he optado por llamar a una de ellas con su actual nombre de búho porque es realmente apropiado. Tuvimos mucha suerte con las estrigiformes, con las que Jesús, Lucía y yo nos deleitamos todo el tiempo posible dado que mantuvimos distancias desde el coche sin perturbarlas, mientras que José y Diego prefirieron ir a repasar una tabla de arroz en la que más se han estado citando los avetoros. 
Cuando nos reunimos nos comentaron que podía haber hasta ocho avetoros distintos escondidos en el arrozal, de los que vimos varios con el telescopio a última hora de la tarde, incluso interaccionando entre ellos.



Calamón (Porphyrio porphyrio)

Búho campestre (Asio flammeus)

Lechuza común (Tyto alba)

Jabalíes seguramente cruzados con cerdos


Mis compañeros se marcharon para casa al acabar el día pero para mí no había terminado la cosa. Me quedé en Las Cabezas de San Juan con la intención de pasar el día siguiente en la provincia de Cádiz, algo que pronto veremos porque le dedicaré una entrada en exclusiva.
Como tengo la costumbre de terminar con monstruosas gordosidades, seré hoy un poco más fino con un rico tapeo.