Como por ejemplo con este alimoche (Neophron percnopterus) que de pronto me encontré el pasado día 26. Iba pasando al lado de una granja de Chapatales cuando vi en un poste algo que no era un ratonero ni nada parecido, hasta que con el teleobjetivo comprobé que era un joven alimoche que allí descansaba (mal sitio fue a elegir).
Se sabe que unos cuantos de su especie pasan el invierno en Doñana en vez de dar el salto a África, aunque por fechas bien podría ser un migrador adelantado, y no sería el único caso de migrador con prisas por venirse en este inusualmente amable invierno.
En todo caso yo no había visto a este amigo hasta ese día, y su especie no es precisamente de las que pasan desapercibidas, véase la manera en que me llamó la atención desde lejos.
Al regresar a casa me lo volví a encontrar en el mismo sitio, pero esta vez cicleando junto a un águila calzada (Hieraaetus pennatus). A las calzadas sí que las llevo viendo durante todo el invierno por aquí, como mínimo a dos de fase clara y una de fase oscura.
Al día siguiente por allí andaba de nuevo, lo vi aparecer poco después de haber estado disfrutando con el cercano vuelo de una cigüeña negra (Ciconia nigra), aunque lamento decir que no he podido seguir comprobando su presencia porque no he vuelto ya estos días al Brazo del Este.
Y no sólo ha sido un alimoche lo visto en esos dos días, aparte de las cigüeñas negras también han estado muy presentes las espátulas (Platalea leucorodia), los calamones (Porphyrio porphyrio), los aguiluchos laguneros (Circus aeruginosus) y las garzas reales (Ardea cinerea) entre otros muchos.
En contraste con lo que dije al principio de la entrada, vi una especie que precisamente esta temporada aún no había podido ver. Hablo de los escribanos palustres (Emberiza schoeniclus), que han estado en un cañaveral más apartado del lugar donde se solían ver hace dos años... han costado, pero al final se dejaron ver.
Y para el final dos guindas. En un canal donde suelen verse montoncitos de restos de cangrejos se ven a veces estas huellas, y ambas cosas apuntan a la nutria, cuya presencia está comprobada por quienes trabajan en el paraje (aunque también se sabe que hay meloncillos). La otra guinda ha sido ver tres fumareles cariblancos (Chlidonias hybrida), los primeros en llegar este año (no los esperaba hasta marzo).
Veamos qué más cosillas nos van deparando las visitas al Brazo del Este, el tiempo irá diciendo.
En contraste con lo que dije al principio de la entrada, vi una especie que precisamente esta temporada aún no había podido ver. Hablo de los escribanos palustres (Emberiza schoeniclus), que han estado en un cañaveral más apartado del lugar donde se solían ver hace dos años... han costado, pero al final se dejaron ver.
Veamos qué más cosillas nos van deparando las visitas al Brazo del Este, el tiempo irá diciendo.