Durante mi estancia en el pueblo de Cardeña (Córdoba), he estado bastante entretenido con las numerosas parejas de cigüeña blanca (Ciconia ciconia) que anidan allí, tanto en torretas de las afueras como en la iglesia del pueblo, y es precisamente una de las parejas de la iglesia la que más juego me ha dado, al poder ver su nido desde mi balcón.
Todo empezó en diciembre, cuando una cigüeña fue la primera en llegar en medio del invierno, y el día 21 se le unió su pareja para darme una sorpresita. Justamente ese día empezaban mis vacaciones de navidad y me marché a mi casa, pero al volver me encontré que alguna otra aislada iba llegando y esperando a su parejita.
El 24 de enero, nuestra pareja protagonista se mostraba más cariñosa, y vi las primeras cópulas un día que bajaba por una cuesta al lado de la iglesia.
El 21 de mayo ya presentaban una mayor extensión de negro, indicando que sus primarias se estaban desarrollando a bien ritmo.
En junio, el día 6 concretamente, ya sí que se iba notando el cambiazo, estando muy crecidos, y manteniéndose más altos y erguidos sobre el nido.
El día 11 ya se parecían más a los adultos, crecían a ojos vista. En la segunda foto que ilustra ese día, podemos ver a uno de los progenitores dándoles de comer.
En cambio, hay otros nidos con más retraso. Una pareja que cría en las afueras tenía los pollos aún así de pequeños el mismo día de la foto de arriba, el 11 de junio.
La gran mayoría de fotos están tomadas a distancia como podéis ver, desde mi balcón, pero llegó el gran día en que tuve que acercarme a la iglesia al ver que los jóvenes estaban ya así de grandes y guapos.
Las fotos son de dos nidos distintos, pues al estar más cerca tenía mejor visibilidad.
Todo ello bajo la atenta mirada de los padres, siempre tan cuidadosos y solícitos de sus jovenzuelos.
Temía que pudiera acabar el curso sin llegar a ver sus primeros vuelos, pero llegó el gran día tras esas torpes pruebas. El día 25, justamente esta última semana mía, pude disfrutar de sus recién adquiridas habilidades. Se notaba que disfrutaban de ello, haciendo piruetas que no parecen propias de aves tan grandes y pesadas que normalmente planean con un tranquilo vuelo velero.
Si os fijáis, ya tienen el pico tomando un tono más rojo, desapareciendo el color negro propio de los pollitos.
Algunos adultos parecían querer darles el tostón en sus primeros vuelos, volando por encima de ellos con actitud de buscar bronca.
Es otra cosa interesante que he ido observando estos meses, el carácter tan pendenciero de esta especie. Se las tiene como todo un símbolo, algo normal con lo bonitas y emblemáticas que son, pero la verdad es que las cigüeñas son bastante macarras, y parece que les encanta pasar volando muy cerca de nidos ajenos para que sus ocupantes manifiesten con prontitud actitudes territoriales, e incluso se posan cerca con talante desafiante o directamente se molestan en pleno vuelo. ¡Les gusta la bronca!
También se ponen macarras cuando ven alguna otra ave planeadora, como buitres o águilas calzadas.
Todavía queda por llegar la entrada final con las fotos de mis últimos días en estas tierras... ¡Hasta pronto!