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miércoles, 21 de diciembre de 2016

Sierra de Huétor






Esta entrada es la continuación directa de la anterior, durante mi visita granadina a Javi Pérez para patear y bichear un poco las sierras de Granada.
Tras aquella buena toma de contacto con Sierra Nevada, para el domingo nos decantamos por la Sierra de Huétor, que lleva llamándome la atención desde hace casi una década cuando la veía en mis viajes entre Granada y Almería, y ya era hora de conocerla a la manera que tanto me gusta. La mañana llegó lloviendo en Granada y tuvimos suerte de que no fuera así en la sierra, pero nadie nos quitó un día húmedo y oscuro que limitaría bastante nuestra actividad, aunque nosotros sabemos sacar partido a las situaciones como ahora iréis viendo.

La Sierra de Huétor, muy cercana a la capital granadina y su autovía, tal vez pasa desapercibida por eso mismo, pero a mí me pareció desde luego muy digna para irla descubriendo.
Lo que menos me gustó es su desastrosa gestión forestal, con numerosos cedros entre las repoblaciones de pinos, pero el colmo es una zona con pinsapos, cipreses de Arizona e incluso secuoyas, imaginad todo eso creciendo junto, un pitorreo.
Por suerte quedan zonas bien conservadas, como a la que nosotros fuimos cerca de Prado Negro, con su bosque de encinas y quejigos que nos acompañó durante toda la jornada desde que comenzamos a andar en el área recreativa Fuente de los Potros. Nos encantó el colorido de estos bosques bajo el Tajo de los Halcones.










Nos salió una salida muy micológica al encontrar numerosos hongos a pesar de no ir buscándolos deliberadamente, aunque yo admito estar muy desinformado de ese mundillo y sólo puedo decir que el primero de ellos es una estrella de tierra y que el cuarto es una Macrolepiota. Si alguien entendiera más de ello, serán muy bienvenidos los comentarios.












Mirando tanto al suelo era inevitable topar con invertebrados como el escarabajo errante (Ocypus olens) y arañas del género Tegenaria, pero sin lugar a duda las estrellas fueron las arañas negras de los alcornocales (Macrothele calpeiana). La última vez que vi una de estas arañazas fue en Cádiz durante el mes de junio, doble satisfacción por el reencuentro con uno de mis bichos preferidos y por verlas en Granada por primera vez.









Después de haber estado en áreas arenosas y pizarrosas de Sierra Nevada me sentí en un entorno mucho más familiar con las masas grises de roca caliza de Huétor, pero no puedo decir lo mismo de su avifauna porque la climatología no era buena para su observación.

No obstante vimos especies tan interesantes como el gavilán o el mirlo acuático (con éste ni contábamos), y he decidido armarme de valor para colgar las imágenes tan pésimas que saqué de aves como el mito (Aegithalos caudatus), el colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros), el reyezuelo listado (Regulus ignicapilla), el carbonero garrapinos (Parus ater), el bisbita común (Anthus pratensis) y el gorrión chillón (Petronia petronia). Las tres últimas fotos sí que son malas a rabiar, pero no puedo resistirme a mostrarlas por salir unos zorzales alirrojos (Turdus iliacus) junto a picogordos (Coccothraustes coccothraustes), ambas especies bien ariscas y huidizas.

















Al caer la tarde ya me tocaba marcharme para regresar a Jaén, lloviendo a mares cuando entré en la Sierra de Segura, tanto que tuve sapos comunes y corredores como recibimiento.
Son dos detallitos finales los de hoy, este cortijo abandonado de indudable encanto y una foto en la que salimos los dos barbudos que disfrutamos de un fin de semana muy bichero por las sierras granadinas.






martes, 18 de octubre de 2016

Subida al Puntal de la Misa junto a águilas reales y quebrantahuesos






Siguiendo el ya clásico atraso cronológico que se ha instaurado en el blog al tener siempre tanto material pendiente de publicar, ahora llega la crónica de la primera salida que hice este mes de octubre, justamente el día 1 sin ir más lejos.

Siempre sentí curiosidad por el Puntal de la Misa (1.796 m) al verlo comentado entre senderistas, y consideré que sería más que interesante hacer una de sus rutas teniendo en cuenta su magnífica situación dentro de la Sierra de Segura, que ya iremos viendo al comentar el entorno desde su cumbre.
Se puede acceder desde la aldea de Las Gorgollitas, pero yo escogí hacer la subida desde la Cañada del Saucar para así rememorar viejos tiempos al tener que pasar por el valle del río Madera y Los Anchos.

Ya merecía la pena transitar por aquellos parajes segureños, antes de iniciar la ruta propiamente dicha mientras podía avistar cuervos (Corvus corax), buitres leonados (Gyps fulvus) y el primer ejemplar de águila real (Aquila chrysaetos) de la jornada.
También se veían numerosas especies de aves forestales como piquituertos, trepadores azules o pitos reales en esta etapa de la ruta con muy buenas vistas hacia el norte de la Sierra de Segura y sus montes tan bien conocidos por mí durante mi anterior curso en Siles de hace dos años.





Peñalta

Navalperal y Nava del Espino

El Yelmo


Esos horizontes tan verdes y boscosos cambiaron bruscamente al alcanzar la parte alta del Calar del Cobo, que es donde está situado el Puntal de la Misa, abriéndose ante mi vista una desnuda y dura vastedad de roca y tonos ocres (que ya reverdecerán con las lluvias), destacando muy especialmente en el paisaje algunos colosos calizos de esta sierras y sus vecinas de Albacete.





Almorchón

Banderillas

Calar del Mundo

Cerrico de las Mentiras


Por duro que se vea el entorno, la vida salvaje siempre sale adelante, por allí pululaban perdices rojas, colirrojos tizones o gorriones chillones. Pude fotografiar un escarabajo errante (Ocypus olens), una collalba gris (Oenanthe oenanthe) y la segunda águila real de la mañana junto a los buitres leonados al remontar las corrientes desde el valle del Segura. Se quedaron sin foto una cuarta águila real y un halcón peregrino, aunque es justo comentar que el águila en principio sí tuvo una foto testimonial para asegurarme de que no era un ejemplar repetido y posteriormente la borré.













Ya en el Puntal de la Misa propiamente dicho con su caseta de vigilancia tuve fabulosas vistas al valle del Madera, los Dientes de la Vieja y el valle del Segura con lugares que visité en otras excursiones como el Puntal de los Canteros y el embalse de Anchuricas.
Por allí volaban las joviales chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax), se asoleaba alguna lagartija verdosa (Podarcis virescens) y apareció un cuarto y último ejemplar de águila real.












Después de pasar largo rato allí y comer algo, empecé a recorrer el Calar del Cobo desde aquel lado que da al valle del Segura, mientras la luz al fin iba siendo más favorable y dejaba de tener a contraluz aquellas magníficas vistas.
Acompañado por cabras montesas (Capra pyrenaica) y el vuelo bajo mi posición de los buitres entrando a los cortados rocosos, iba reconociendo el Calar de la Pililla con su caseta, el Calar de Cabeza la Mora y las aldeas de Las Gorgollitas y Peguera del Madroño.








Un barrio de Las Gorgollitas

Peguera del Madroño






La verdad es que estuve remoloneando mucho cuando decidí marcharme, algo me retenía y no me dejaba querer irme del todo, y como dándome la razón me sobrevoló a mis espaldas una enorme rapaz que me dejó totalmente pasmado al ver tan de cerca su enorme silueta.
Eso había sido ni más ni menos que un quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) que, si bien me la jugó al llegar por mi espalda, luego tuvo al menos el detalle de trazar una curva y permitirme sacar unas fotografías antes de que se perdiera de vista.
Tener por fin avistamientos de esta rapaz después de tanto tiempo deseándolo es algo indescriptible, cuando ves un ave tan grandísima volar con esa ligereza de la que carecen los buitres leonados, y es que el quebrantahuesos me parece tan diferente de los buitres como de las águilas reales por poner un ejemplo.








El camino de regreso no ofreció especies distintas a las descritas, con la excepción de este ortóptero del que aún no conozco su identidad (del género Coracinotus según me han comentado).
La entrada la voy a terminar hoy con árboles, porque el pino laricio (Pinus nigra) me encanta y considero un buen broche final hacer un pequeño homenaje a nuestros pinares autóctonos.