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sábado, 25 de junio de 2022

Sierra de Gredos: 1ª parte

 




Si el viaje de Fuerteventura fue épico, esto es igualmente espectacular y glorioso. José Márquez, artífice del mencionado viaje majorero, también acariciaba desde hacía mucho tiempo ir a la Sierra de Gredos en un viaje primaveral que nos permitiera ver a los pechiazules encelados cantando y otras especies como los lagartos verdinegros con sus fabulosos colores nupciales.

Pero primero teníamos una parada estratégica de camino para conseguir ni más ni menos que la emblemática mariposa isabelina cerca de Peguerinos, donde justamente fue descubierta para la ciencia. 
Allí habíamos quedado la noche del 20 de mayo con Javier Gómez, gran conocedor de Madrid y sus alrededores, además de excelente persona, quien pacientemente nos esperó pese a lo tarde que llegamos los dos junto a nuestra tercera compañera del viaje, Carmen.
Nada más empezar a buscar en el poco idílico entorno de un camping encontramos un macho, posado en el foco de luz de un tejado de chapa para acabar de destruir el misticismo del encuentro con tan deseada especie. Desde luego llamaba la atención la talla del satúrnido junto a las mucho más pequeñas polillas que lo acompañaban.



Isabelina (Graellsia isabellae)


El 22 de mayo, levantándonos más tarde de lo previsto para compensar lo tardísimo que nos acostamos por nuestras correrías nocturnas junto a un percance con las llaves del alojamiento, llegamos a Gredos y empezamos a andar desde, como no podía ser menos, la Plataforma junto a los continuos avistamientos de collalbas grises y acentores comunes con la insistente banda sonora de los escribanos hortelanos, más calientes que el palo de un churrero cantando sin parar.
Yendo a unos piornos frecuentados por los pechiazules me llamó la atención un chapoteo en un arroyo que se transformó en especie nueva al encontrar ranas patilargas (endemismo ibérico).




Así es como se arregla una pintada antilobos

Lavandera boyera (Motacilla flava)

Collalba gris (Oenanthe oenanthe)

Acentor común (Prunella modularis)


Escribano montesino (Emberiza cia)

Escribano hortelano (Emberiza hortulana)

Rana patilarga (Rana iberica)

Hembra de Eresus sp.


Cerca del camino que sube a la Laguna Grande, ruta que dejamos para otro día, Carmen me avisó de la presencia de un grupo de machos monteses que me entusiasmó inmediatamente y dejé de lado todo lo que estaba haciendo para ir a verlos, cosa que no costó trabajo porque no se espantaban lo más mínimo a diferencia de los machos de la Sierra de Segura tan escarmentados y resabiados por la caza furtiva.





Cabras monteses (Capra pyrenaica)



Otros endemismos herpetológicos no fueron novedades como la rana patilarga, pero más que bien recibidos por la incuestionable belleza de los machos con sus colores de celo.
Los machos de lagartija carpetana destacaban por su brillante color verde que no pasaba desapercibido a los senderistas, al igual que los machos de lagarto verdinegro estaban sensacionales con sus cabezas azules.



Lagarto verdinegro (Lacerta schreiberi)

Lagartija carpetana (Iberolacerta cyreni)

Lagartos verdinegros (Lacerta schreiberi)


La bajada entre sus moles graníticas fue tranquila, aunque igualmente surtida de enceladísimos pájaros, hasta llegar a nuestro bonito alojamiento en Navacepeda de Tormes para comer y descansar un poco.



Escribano hortelano (Emberiza hortulana)

Acostadísimas

También yo tengo ahora esta típica estampa




La tarde la pasamos alejados de las alturas para disfrutar de tranquilos paseos viendo especies como las mostradas y otras como el alcaudón dorsirrojo, la codorniz o la abubilla.



Curruca zarcera (Sylvia communis)


Buitre negro (Aegypius monachus)


Mirlo acuático (Cinclus cinclus)


Os preguntaréis que dónde están los pechiazules, pero eso ya será material para la próxima publicación que relatará el día y medio que aún teníamos para divertirnos.






domingo, 13 de septiembre de 2020

Cordillera Cantábrica: Somiedo

 


La cuarta y última entrega del viaje cantábrico de agosto culmina con los cuatro días que pasamos en Asturias yendo a Somiedo. Allí se vende mucho el lema del paraíso natural, pero la realidad es bien distinta cuando lo conoces desde dentro al comprobar el odio y rechazo por la naturaleza silvestre en el lugar con sus incendios provocados, matanzas aleatorias de lobos y la muerte furtiva de osos entre otras perlas.

En todo caso siempre merece la pena ir a tan preciosos escenarios que aún conservan muchos de sus valores naturales, entre ellos el oso pardo como motor de los viajes naturalistas a la zona. El día 16 de agosto salimos temprano de Boca de Huérgano (León) con una última parada para ver gatos monteses en un sitio que justo descubrieron la tarde anterior José Márquez y Jesús Jiménez, consiguiendo ver un ejemplar lejano y otro bastante más cerca mientras oíamos los tristes reclamos de los camachuelos.

El viaje en general ha estado muy escaso de "gordosidades" para mi gusto, cosa que mejoró por fin al llegar a Oviedo y probar especialidades como la fabada y el cachopo (con queso cabrales y picadillo en este caso).


Gato montés (Felis silvestris)



Entre el avistamiento de los gatos monteses y la comilona en Oviedo tuvimos un interludio de lo más jugoso, tanto que incluso llegaría a la categoría de capítulo aparte por su enorme importancia en el viaje al conseguir ver uno de los objetivos más deseados por nosotros cuatro.
Yendo por las cercanías de la ruta del río Alba encontramos para nuestra alegría una salamandra rabilarga, gran joya de nuestra fauna en forma de valioso endemismo del noroeste de España y Portugal.

Este anfibio tiene unas preferencias de hábitat marcadas por la humedad en cursos de agua limpia, torrentes, cuevas o minas. En este caso el lugar concreto fue un claro y oxigenado arroyo de montaña con saltos de agua y rocas cubiertas de musgo... pero con gomas en el cauce, un neumático tirado y al lado de una pocilga. Los animales siempre llegan a sorprendernos en los sitios en los que llegan a encontrarse.

Disfrutamos enormemente el hallazgo de la curiosa salamandra con esas peculiares características similares a las de las lagartijas como la agilidad o la capacidad de desprenderse de la cola (cosa que para nada ocurrió con nosotros).


Soto de Agues





Salamandra rabilarga (Chioglossa lusitanica)


Ya el mismo día de nuestra llegada pudimos ver el primer oso pardo del viaje, que además era el primero que yo veía en libertad, pero el avistamiento era horriblemente lejano incluso con telescopio y habría que mejorar la cosa en adelante. 
La lluvia nos fastidió los dos días siguientes y se llegaron a arruinar salidas como la de los lagos de Leitariegos, pero el día 18 de agosto empezó a mejorar nuestra suerte y conseguimos unas observaciones algo mejores de osos viendo una hembra con dos cachorros y, más tarde, un solitario ejemplar joven.
También se dejó ver un lejano gato montés y nos contaron que se vio un lobo en nuestra ausencia.




Oso pardo (Ursus arctos)

Braña

Oso pardo (Ursus arctos) con una de sus dos crías

Bisbita arbóreo (Anthus trivialis)

Pola de Somiedo

Panel de fauna con un RENO dibujado


Como ya dije, la lluvia dio al traste con muchos de nuestros planes, pero no nos privó de salidas nocturnas en las que algo conseguimos pescar, como la preciosa culebra de collar adulta que vimos muy cerca de nuestro alojamiento en Gúa o el sapo partero.
Al examinar un muro de piedra en busca de otros reptiles llegó un energúmeno gritándonos porque, según él, íbamos a pisotear un prado que estaba recién regado... y es que resulta que hasta les ponen aspersores a los prados de vacas pese a que ya llueve mucho por allí. El prado por supuesto no lo íbamos a pisar, pero así es la gente.


Culebra de collar (Natrix astreptophora)

Sapo común (Bufo spinosus)

Bómbix de la encina (Lasiocampa quercus)

Sapo partero común (Alytes obstetricans)


Precisamente los herpetos cobraron buena importancia porque tuvimos una nueva ración de endemismos encontrando un buen punto de lagartos verdinegros en Perlunes. Vimos distintos ejemplares en un sitio con su clásico hábitat cubierto de exuberante maleza junto a un mirador de privilegiadas panorámicas... con tablones de madera y al lado de un contenedor y un saco de estiércol tirado. Otra maravillosa elección de hábitat sin duda.
Nunca he podido ver a estos saurios con sus colores primaverales en los que los machos adultos engalanan su celo con un intenso color azul en sus cabezas, pero igualmente son preciosos y fue de lo que más nos gustó.


Culebra de collar (Natrix astreptophora)




Lagartos verdinegros (Lacerta schreiberi)


El 19 de agosto llegó soleado y tenía que ser indudablemente el día escogido para hacer una excursión a los lagos de Saliencia, uno de los puntos fuertes del viaje por lo que conseguimos ver.
A pesar de la afluencia turística no tuvimos que sufrir las papanatadas de otros lugares aún más masificados y gozamos de cierta tranquilidad viendo unas cuantas perdices pardillas al poco de llegar.
Los acentores comunes y los bisbitas alpinos eran pajarillos muy frecuentes, no tanto el pechiazul al sorprenderme una pareja adulta siendo la primera vez que los veo en su hábitat de cría (siempre los veía invernando en humedales).
Un objetivo ornitológico que, una vez más, no se cumplió era el treparriscos, conformándonos con ver en su lugar un macho de roquero rojo que ya tenía muy avanzada su muda al discreto plumaje invernal que poco tiene que ver con su preciosa librea reproductora.

Entre los herpetos encontramos especies habituales como la rana bermeja y el tritón palmeado, destacando mi primera observación de lagartija de turbera en los prados húmedos junto a un arroyuelo que bajaba a uno de los lagos.




Rana bermeja (Rana temporaria)

Pechiazul (Luscinia svecica)


Bisbita alpino (Anthus spinoletta)

Murciélago sin identificar

Tritón palmeado (Lissotriton helveticus)


Lagartija de turbera (Zootoca vivipara)

Roquero rojo (Monticola saxatilis)



Pero aún queda otra joya herpetológica cuando gracias a Jesús pudimos gozar a lo grande con una víbora de Seoane, especie que nos llevaba dando esquinazo durante todo el viaje.
No es la primera vez que veo esta serpiente, ya encontré una allá por el 2011, aunque sin disfrutarla apenas porque se escabulló rápidamente entre los helechos. Esta otra, en cambio, hizo nuestras delicias convirtiéndose automáticamente en uno de los grandes momentos de nuestras andanzas norteñas.






Víbora de Seoane (Vipera seoanei)



Tal y como dije al iniciar esta serie de cuatro publicaciones, comencé modestamente con la primera hasta llegar a este colofón final con osos, salamandra rabilarga, lagartos verdinegros y la víbora de Seoane junto a otras especies que no son poca cosa precisamente.
¿Se puede mejorar? Pues sí, con unos bollos preñaos y empanadas, tanto que casi me atraganto y todo con el primero...