Tengo todavía acumulada una buena y generosa remesa de publicaciones que durará hasta bien entrado el mes de abril, pero tarde o temprano el material escaseará dadas las circunstancias actuales que atravesamos. Esto no significa que la actividad del blog vaya a decaer, tengo varios ases en la manga y uno de ellos consiste en retomar las reseñas de libros. Esto es algo casi de traca porque de momento tan sólo tengo dos publicaciones sobre ello, intentaré subsanarlo aprovechando el tiempo libre para que haya material variado e interesante siempre que sea posible.
Todo aquel que me conozca sabe de mi dilatada relación con las aves rapaces, por lo que es obvio que acabaría dedicando unas líneas a dos obras importantes en mi biblioteca. Teníamos como referencia la obra de Dick Forsman hasta que, recientemente, hemos tenido un producto nacional que a mi entender está muy bien ejecutado.
Empecemos precisamente por el libro de Forsman, que vio su edición española en 2016. Estamos ante una obra dedicada en exclusiva a la identificación de las aves rapaces en vuelo, cosa natural cuando gran parte de nuestras observaciones de este grupo de aves consiste en las verlas volar, sobre todo cuando muchas de esas especies pasan una variable cantidad de tiempo planeando y resultan así muy visibles. Esto hace que apenas se centre en otras cuestiones, y cada especie tiene solamente unas pinceladas sobre distribución y comportamiento aparte de los textos sobre el aspecto del ave y su identificación.
Veamos como ejemplo al elanio común con su página correspondiente, algo escueta al no ser un ave con mucha variación de plumajes ni tampoco precisa de extensas explicaciones con respecto a confusiones con especies similares.
Es en las láminas bien surtidas de fotografías en vuelo donde nos encontramos ante una muy útil de guía de consulta y aprendizaje. Tomemos como ejemplo a mi adorado quebrantahuesos, un ave longeva que pasa por numerosos plumajes hasta alcanzar el muy distintivo aspecto adulto que apenas tiene que ver con el que presenta durante su juventud. Incluso nos enseña el plumaje de una subespecie sudafricana como curiosidad, dado que es algo que en nuestra región no vamos a poder ver.
De hecho se incluyen varias especies americanas que muy raramente aparecen en nuestra región como divagantes, además de un repertorio de especies africanas y asiáticas al incluirse en la guía el norte de África y Oriente Medio con la misma profusión de fotografías mostrada en las especies europeas.
Ya podréis imaginar la cantidad de páginas dedicadas a especies tan tremendamente variables como los abejeros o ratoneros, o las identificaciones de híbridos entre especies que ya de por sí son muy similares y pueden provocar serios dolores de cabeza.
En 2019 la misma editorial publicó esta otra guía de los españoles Àlex Ollé y Fran Trabalon centrada en las rapaces europeas, esta vez sin el ámbito norteafricano ni oriental.
No se trata ya de una guía de identificación pura y cada especie cuenta con una mayor extensión de texto tratando aspectos como su distribución (mapa incluido), movimientos y migraciones, alimentación, hábitat, reproducción o amenazas.
He tomado nuevamente como ejemplo al elanio, aunque solamente con las dos primeras páginas porque esto continuaría con las que hablan del resto de puntos que he referido.
Para las páginas sobre identificación vuelvo a tomar el ejemplo del quebrantahuesos, que aquí cuenta (al igual que el resto de especies) con una única página doble en la que se resumen sus distintos plumajes. Es muy agradecido el detalle de señalar en las mismas fotos varias características importantes de observar a la hora de identificar la edad y el sexo aparte de la propia especie.
También cuenta con una ficha mostrando una serie de plumajes a través de la edad con ejemplares posados, porque también los podemos encontrar así en la naturaleza aunque lo más normal sean los avistamientos en vuelo.
Por último, cuenta en sus páginas finales con fotomontajes que muestran juntas varias especies similares y unas parejas de fotografías comparativas de especies fáciles de confundir, para algunas personas desde luego mucho más que para otras. Entre algunos ejemplos tenemos los clásicos pares de azor/gavilán, milano real/milano negro, cernícalo primilla/cernícalo vulgar o abejero/ratonero.
Que quede claro que esto no lo presento a modo de "versus" y no estableceré qué guía me parece mejor, tienen distintos enfoques y he de decir que yo estoy más que satisfecho de contar con ambas en el estante de libros más cercano a mi escritorio.