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sábado, 10 de octubre de 2020

All the birds of the world

 



Este verano se ha desatado cierta fiebre entre los amantes de la ornitología con el lanzamiento por la parte de la editorial Lynx de un único libro que muestra todas las especies de aves conocidas en el mundo... absolutamente todas. Mucha gente que conozco no ha tardado en encargarlo en agosto hasta el punto de estar ya agotada la primera tirada, incluyéndome a mí mismo porque era demasiado tentador.

Es un enorme tomo de unos cuatro kilos de peso que contiene en sus 968 páginas las 11.524 especies existentes, presentando primero sus familias.

Es, por supuesto, más que recomendable pinchar en las imágenes para verlas ampliadas.



Nos presentan las distintas especies clasificadas como es habitual en órdenes y familias, pero también agrupadas en géneros indicando el número total de especies pertenecientes a cada uno. No es una guía de identificación y suelen dibujar sencillamente al macho y la hembra cuando hay importante dimorfismo sexual, así como algunas diferencias entre subespecies aunque no aparezcan todas por no ser un manual para identificar aves en el campo como ya he apuntado.

Para reconocer todos los plumajes estacionales y correspondientes a todos los grupos de edad ya tenemos que acudir a guías de aves de regiones concretas, aunque se incluyen unos códigos QR con los que acceder a información adicional con fotos, vídeos y audios con sus reclamos.

Alguna especie que otra no me convence con el dibujo representado, como por ejemplo el quebrantahuesos con esa cara tan rara que le han pintado, pero es alucinante poder consultar de un vistazo todas las especies existentes de trogones o de páridos (por poner un par de ejemplos) con unos repertorios de diseños y colores que segurísimo que a todos nos han sorprendido al conocer la existencia de especies que hasta ahora ignorábamos.








Para poneros un par de ejemplos no he podido resistirme a escoger dos aves muy queridas por mí como lo son la cigüeña negra y la espátula, podía haber pensado en dos aves totalmente distintas y con marcadas diferencias en sus fichas, pero no puedo evitarlo. Vemos sus mapas de distribución con el rango altitudinal, nombre común en inglés (idioma del libro entero), nombre científico, su grado de amenaza, medidas, si es monotípica o existen subespecies (señalando cuántas hay) y la aceptación de estas últimas.







Esto último merece ser comentado aparte, ya que el mismo libro nos explica el diagrama con la aceptación de las subespecies según las cuatro principales listas de aves del mundo. La taxonomía siempre tan controvertida... y cargante.
Incluyo una imagen con la explicación pertinente y los ejemplos que proponen, de manera que lo veréis vosotros mismos, además de la leyenda con los grados de amenaza de las distintas especies.









No pueden faltar unos buenos mapas al final de la obra, no solamente de continentes como nuestra Europa porque también aparecen otros más ampliados como éste de Sudamérica que tan buenos recuerdos me trae de mi pasado viaje a Brasil.







Realmente hay algo destacable antes de los mapas. La lista de aves conocidas termina con las que se extinguieron en tiempos no muy remotos, un triste recordatorio de las que ya no podremos ver jamás como es el desdichado caso del dodo, el alca gigante o la paloma migratoria junto a muchas que son menos conocidas por el público en general. 
Ya que menciono al dodo, llama la atención que se lo represente con un aspecto distinto al clásico mamarracho gordo y torpe fruto de haber sido cebado a bordo de los barcos tras ser capturado, una imagen que se ha convertido en icónica al ser la presente en ilustraciones antiguas y ejemplares disecados, pero seguramente muy distinta de la apariencia natural del ave cuando estaba en su hábitat.

Que todo esto nos invite a reflexionar para que no suceda lo mismo con tantas otras aves que se acercan a correr el mismo destino fatal.

Por mi parte deseo terminar, como maestro de Primaria que soy, señalando el gran valor didáctico que le he encontrado al descubrir el interés que suscita entre mi alumnado. No contaba con que se acabara convirtiendo en una herramienta pedagógica que pasa más tiempo en el aula que en mi casa.







viernes, 29 de mayo de 2020

Guías de insectos






Cualquiera pensaría que, ahora que puedo volver a recorrer mis cerros y valles con renovada libertad, me iba a olvidar de ese destello de variedad añadiendo reseñas de libros al blog durante el período más restrictivo del confinamiento.

Pero ya lo veis, la idea me gusta tanto que hoy quiero hacer una nueva aportación en medio de las emocionantes salidas que estoy disfrutando actualmente. Es por ello que el nulo "glamour" de la colcha de mi cama nos vuelve a presentar otra tanda de libros, concretamente sobre artrópodos, grupo de animales que me encanta desde niño y que tiene gran parte de culpa del adulto en el que me convertí... porque yo fui ese niño que lo pasaba en grande encontrando gorgojos y mantis en los rosales o que se asombraba enormemente ante el intenso tono amarillo de su primera mariposa limonera.

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Empezaré por algo generalista con la guía de insectos de Europa publicada por la bien conocida editorial Omega. Tengo la cuarta edición de 2006, por lo que muchos nombres han sido cambiados y requetecambiados, ya sabemos cómo funciona esto de la taxonomía, y posee el enorme inconveniente de resumir en un solo tomo la inmensa variedad de un grupo animal tan extremadamente abundante en especies. Pero la verdad es que viene bien para poder clasificar los bichos que vemos aunque no venga la especie concreta y necesitemos una investigación posterior, pero ahí está el impagable punto de partida que nos puede facilitar.

Además, tiene el incalculable valor de la herramienta de educación ambiental en la que se convierte cuando me la llevo a clase para que la vean los niños, los "bichos" son una muy interesante manera de acercar la naturaleza a los niños... como pasó conmigo mismo en su momento.





Además de las valiosas láminas con sus pequeños textos de cada especie representada, vienen unos textos algo más amplios de algunos órdenes bien conocidos y extensos en especies.
Al final tenemos como extras un par de láminas dobles con larvas y unas pocas páginas con ciempiés, milpiés, cochinillas y arácnidos.




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Para profundizar más en el conocimiento y tener una mejor herramienta de identificación de especies hay que buscar bibliografía más concreta. Como por ejemplo utilizando una guía específica de libélulas y caballitos del diablo, tal es el caso de esta guía de odonatos de Europa también editada por Omega.

Esta guía reciente, de 2014, es una gozada con su información actualizada, mapas de distribución y unas ilustraciones de muy buena calidad.
En los textos resulta de mucha utilidad que aparezcan el hábitat, en qué momento del año se ven e incluso su comportamiento. Un detalle interesante es que en los textos introductorios viene una relación de países y regiones con sus hábitats y especies representativas, incluyendo Turquía y el norte de África aunque el título de la obra haga pensar que trata únicamente Europa.
Todos los veranos la acabo consultando para identificar esas libélulas parecidas entre sí que se me olvidan de un año para otro... Totalmente recomendada sin dudarlo.





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Las mariposas diurnas también merecen una guía propia que ayuda mucho, en este caso de la editorial Lynx de 2011, pero compartiendo con la anterior al ilustrador Richard Lewington (quien también fue uno de los muchos ilustradores de la primera guía).

Esto último se traduce nuevamente en unas excelentes ilustraciones que ayudan mucho a la hora de ponerle nombre a las especies desconocidas que vemos en el campo, aunque hay que reconocer que no pocas veces cuesta muchos dolores de muelas incluso con la guía en mano al bregar con los odiosos licénidos o esas maripositas marrones y naranjas que son casi fotocopias de especies.

Incluye distribución con mapas, hábitat, comportamiento, si hay una o más generaciones en su período de vuelo como adultas, subespecies y sus plantas nutricias.









miércoles, 22 de abril de 2020

Pajarero






No, con este título no es que me esté definiendo como observador de aves, cosa que no deja de ser cierta ya que estamos, sino que se avecina la reseña del libro de Carlos Lozano Robledo sobre esta maravillosa y maldita afición que nos lleva a hacer todo lo que esté en nuestras ansiosas manos para conseguir ver esa deseada especie nueva o, sencillamente, disfrutar de nuestras aves favoritas de las que jamás nos cansamos.

Esto nos mueve a aventurarnos fuera de donde vivimos, yendo a puntos más apartados, a otras comunidades... o hasta a países extranjeros que pueden ser muy lejanos. Carlos Lozano acumula muchos viajes, casi tantos como sus ganas de ver pajarracos, y es lo que recopila en el libro a raíz del interés que suscitan las anécdotas que cuenta en sus clases.
Trabaja como profesor de Secundaria y Bachillerato, algo ciertamente equivalente a ser un experto manejando ofidios venenosos o a saber mediar en plena carroñada con hienas moteadas, chacales, buitres orejudos y marabúes. Pero si hay algo que encanta a los alumnos es una buena anécdota y que les hables de ti mismo, algo que conozco perfectamente porque yo soy maestro de Primaria y estoy acostumbrado a esos ojos brillando de interés mientras les cuentas tus vivencias, riendo con tus ocurrencias y esperando con ganas más y más.

Así, por sugerencia de esas alimañas hormonadas con horripilantes granos y aparato dental, recopiló muchas de esas historias en este libro editado por Tundra a finales del 2019.
Sus viajes van del desierto al ártico, pasando por selvas ecuatorianas y la alta montaña. Venezuela, Finlandia, Uganda, Japón, Costa Rica, Turquía... una larga sucesión de atractivos destinos que provocan una envidia sumamente cochina en los lectores que no hemos estado en sus muchos de esos sitios, y en eso nos detendremos a hablar mucho precisamente.
Él sabe perfectamente que el lector, al igual que el alumno que escucha sus historias, no quiere solamente que le cuente lo estupendamente que lo pasó ni las espléndidas especies avistadas. La gente quiere regocijarse con las penurias de los viajes, las anécdotas llenas de calamidades y dolores de muelas. El público del Circo Máximo desea su espectáculo de tigres y leones destripando a los condenados a la arena (disculpadme, he estado viendo "Spartacus" y no pude evitarlo).

Asistimos a la desvergüenza de los guías que operan con excesiva informalidad, el puñetazo en el vientre de las enfermedades, el frío atroz, el sudor pegajoso, las manías de algunos compañeros de viaje, el miedo, los inevitables remilgos ante las gastronomías peculiares, el insufrible ruido de los turistas mentecatos, la furia homicida que sientes cuando un grupo de esos turistas merluzos ve algo interesante y tú no... Yo mismo lo he comprobado, la gente se emociona con las fotos de jaguares que hice en Brasil pero les gusta mucho más cuando les cuento la repugnante inmundicia del barco hotel o la picaresca con "El Politos".

Hay algunos interludios que nos desconectan de las aventuras por el extranjero y nos devuelven al día a día con pequeñas anécdotas cotidianas, pero sin olvidarse de la gran mordacidad que impregna el tono acre del humor que caracteriza al libro. Porque, la verdad, es que no sería igual sin esas dosis de humor con mala leche que te hace imaginar que tienes que leer las frases enarcando una ceja. No es para menos teniendo que aguantar al borracho que le recriminó a Carlos que no se puede corregir exámenes en el tren, y llegamos a odiar sinceramente a la corte de papanatas y mamelucos surtidos que sufre a diario en su trayecto al trabajo.

Queda claro que lo recomiendo. Yo mismamente empiezo a tener ganas de releerlo y reírme otra vez al mismo tiempo que fantaseo con esos momentazos viendo gorilas en la jungla o la enormidad del albatros en la soledad del océano.
Por cierto, esta dedicatoria creo que habrá que cumplirla cuando sea posible...








lunes, 13 de abril de 2020

Guías de naturaleza de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas






Con el hermoso y nada elegante fondo de la colcha de mi cama llega una nueva entrada bloguera de libros con una buena remesa de publicaciones sobre las sierras donde vivo.
Todos contamos con guías de aves, anfibios y reptiles a nivel europeo. Si podemos adquirimos obras sobre la Península Ibérica cuando existe buena calidad, siendo el siguiente nivel poder contar con información de manera más local y concreta.

El Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas reúne suficientes méritos para tener una extensa y profunda bibliografía, aunque no llega a ser así del todo quedando muchos vacíos que deberían estar mejor cubiertos al estar hablando del parque natural más amplio de nuestro país.
Tengo un par de excelentes guías de senderismo (las de Antonio Vela y Enrique Marín) que me son de gran ayuda para ir conociendo sitios sumamente interesantes en los que poder ejercer de cabra montés, pero nos vamos a centrar en comentar las guías sobre naturaleza propiamente dichas.


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En 2008 salió esta guía de aves editada por Algakon, responsable también de ese precioso póster de aves, reptiles, anfibios o mariposas que decora tu insulsa pared. Tanto esos dibujos como las estupendas ilustraciones del libro corrieron a cargo del recordado Antonio Ojea, que de hecho son exactamente las mismas ilustraciones de las especies de aves de otras guías que hicieron (Monfragüe o Marismas del Odiel entre otras) cuando coinciden.

Tras unos capítulos introductorios muy escuetos y sumamente básicos, empiezan las fichas de las especies presentes con su fenología, descripición física, hábitat y situación en el parque natural. Esto último es precisamente lo interesante al adquirir una guía de un territorio en especial, para conocer la abundancia o no, distribución o cualquier dato de interés. De hecho, hay informaciones demasiado someras y que hay que pulir, porque ponen por ejemplo al acentor alpino como observable en pasos migratorios o presente durante unos pocos días durante las fugas de tempero, cuando realmente es un invernante frecuente en los roquedos de estas sierras como cualquiera puede comprobar viendo mi blog, o el caso del roquero rojo citado con nidificación improbable cuando yo mismo lo he visto criando. Otras cosas que chirrían es que no salga el zorzal real y esté en su lugar el pico menor basado sobre todo en una cita que yo personalmente conozco y no me parece válida.

Tiene al final, después de láminas de rapaces en vuelo y comparativas entre especies emparentadas similares, una propuesta de 10 itinerarios para ver aves con una pequeña descripción del recorrido, mapa y lista de especies. Me parece una gran idea incluirlo, pero tiene el inconveniente de que se ciñe al sur del parque natural, al igual que con la promoción turística resulta que Cazorla acapara toda la sección a pesar de que la comarca de Segura es mucho más grande e igualmente llena de sitios interesantes para buscar aves.
Como regalo final, trae un CD con los cantos y sonidos de todas las aves de la guía, algo de lo más útil porque muchas aves se localizan e identifican mejor por el oído.

Mi conclusión es que está bien, pero una serranía así merecería una guía más trabajada y con mejor información, y que recuerde que el parque natural no es solamente Cazorla.




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No encuentro la fecha de edición en esta otra guía, pero no puede ser muy reciente que digamos viendo muchos nombres científicos desfasados que se manejan en ella.
Está elaborada por dos autores de la zona, los hermanos Rufino y José Miguel Nieto Ojeda, dando un extenso repaso a las características de la flora y fauna de estas sierras a lo largo de sus diferentes ecosistemas.

Aquí sí que contamos con unos buenos capítulos iniciales con mucha e interesante información sobre el medio físico, algo de Historia y la antigua relación del hombre con la sierra. Tras ello entramos en lo que he comentado arriba, apartados de fauna y flora según el tipo de hábitat pasando por pinares, encinares, matorral, roquedos, cumbres, bosques de ribera, entornos humanizados... La parte correspondiente a la fauna de cada capítulo podría estar mejor en mi opinión, pero tiene el entrañable encanto de las anécdotas que se realmente se agradece. La flora, en cambio, se nota que es el fuerte de los autores y viene bien descrita con un listado al final de cada ecosistema a modo de fichas que incluyen los usos tradicionales. Se hizo un capítulo aparte para las orquídeas, así como las setas cuentan también con un espacio aparte y también salen bien descritas en fichas.

Habría mucho que revisar y actualizar aquí, pero no deja de ser un libro bonito que gusta tener, y a mí a veces me ha sido bastante útil para consultar plantas (reconozco no estar muy fino en ese campo).
NOTA: he comprobado que efectivamente existe una reedición de 2004.




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Uno de los autores anteriores, Rufino Nieto, editó en 2009 Junto a Rafael Sánchez Arroyo esta pequeña guía de mariposas. Ya con el título se avisa de que no es una obra extensa sobre este grupo animal, sino solamente un manual breve y sencillo para ayudarnos a reconocer las mariposas que veamos en estas sierras, aunque no por ello carece de una interesante introducción que nos da consejos para su observación e incluso muchas ideas para educación ambiental que sinceramente me encantan.

Su función la cumple, sirviendo para saber qué especies se pueden encontrar con sus fichas que cuentan con los meses en los que podemos verlas. Una sorpresa agradable fue ver que la mariposa apolo cuenta con algunas citas, así como que algunas especies nocturnas también tengan representación.





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Por último, llega el turno de una guía que me alegró francamente cuando se anunció. En 2016 se lanzó esta guía de orquídeas del experto Alfredo Benavente que sirve, en primer lugar, para saber qué especies tenemos en el parque natural incluyendo las citas muy escasas, así como la confirmación de que una antigua cita de una rara especie ya no existe en la actualidad.
Se aclara en ese sentido que algunas citas de ciertas especies en realidad corresponden a otras distintas ya conocidas, y se aborda el siempre complicado campo de los cambios en la taxonomía que a muchos nos provocan tremendos dolores, pero sin olvidar la nomenclatura que conocemos mejor.

Las distintas especies separadas por géneros cuentan con su descripción, hábitat, cuándo florecen, nombres populares en la zona cuando los hay, aspectos de conservación y observaciones cuando son necesarias.

Algo que he echado en falta es que haya mapas con la distribución en cada ficha. Su ausencia puede ser por prudencia, tal como se admite al comentar en varios casos que habría que comprobar si hay mayor presencia de la que se conoce, o más comprensiblemente aún si es para proteger especies escasas y sensibles de los clásicos fotógrafos que aplastan como morsas varios ejemplares de una planta al tumbarse para fotografiar uno, pero el caso es que tener mapas es un detalle que me gustó sobremanera en la guía del Parque Natural de la Sierra de Grazalema.
En todo caso es recomendable tener esta guía tan bien actualizada.








jueves, 26 de marzo de 2020

Guías de aves rapaces






Tengo todavía acumulada una buena y generosa remesa de publicaciones que durará hasta bien entrado el mes de abril, pero tarde o temprano el material escaseará dadas las circunstancias actuales que atravesamos. Esto no significa que la actividad del blog vaya a decaer, tengo varios ases en la manga y uno de ellos consiste en retomar las reseñas de libros. Esto es algo casi de traca porque de momento tan sólo tengo dos publicaciones sobre ello, intentaré subsanarlo aprovechando el tiempo libre para que haya material variado e interesante siempre que sea posible.

Todo aquel que me conozca sabe de mi dilatada relación con las aves rapaces, por lo que es obvio que acabaría dedicando unas líneas a dos obras importantes en mi biblioteca. Teníamos como referencia la obra de Dick Forsman hasta que, recientemente, hemos tenido un producto nacional que a mi entender está muy bien ejecutado.

Empecemos precisamente por el libro de Forsman, que vio su edición española en 2016. Estamos ante una obra dedicada en exclusiva a la identificación de las aves rapaces en vuelo, cosa natural cuando gran parte de nuestras observaciones de este grupo de aves consiste en las verlas volar, sobre todo cuando muchas de esas especies pasan una variable cantidad de tiempo planeando y resultan así muy visibles. Esto hace que apenas se centre en otras cuestiones, y cada especie tiene solamente unas pinceladas sobre distribución y comportamiento aparte de los textos sobre el aspecto del ave y su identificación.
Veamos como ejemplo al elanio común con su página correspondiente, algo escueta al no ser un ave con mucha variación de plumajes ni tampoco precisa de extensas explicaciones con respecto a confusiones con especies similares.






Es en las láminas bien surtidas de fotografías en vuelo donde nos encontramos ante una muy útil de guía de consulta y aprendizaje. Tomemos como ejemplo a mi adorado quebrantahuesos, un ave longeva que pasa por numerosos plumajes hasta alcanzar el muy distintivo aspecto adulto que apenas tiene que ver con el que presenta durante su juventud. Incluso nos enseña el plumaje de una subespecie sudafricana como curiosidad, dado que es algo que en nuestra región no vamos a poder ver. 
De hecho se incluyen varias especies americanas que muy raramente aparecen en nuestra región como divagantes, además de un repertorio de especies africanas y asiáticas al incluirse en la guía el norte de África y Oriente Medio con la misma profusión de fotografías mostrada en las especies europeas.

Ya podréis imaginar la cantidad de páginas dedicadas a especies tan tremendamente variables como los abejeros o ratoneros, o las identificaciones de híbridos entre especies que ya de por sí son muy similares y pueden provocar serios dolores de cabeza.








En 2019 la misma editorial publicó esta otra guía de los españoles Àlex Ollé y Fran Trabalon centrada en las rapaces europeas, esta vez sin el ámbito norteafricano ni oriental.
No se trata ya de una guía de identificación pura y cada especie cuenta con una mayor extensión de texto tratando aspectos como su distribución (mapa incluido), movimientos y migraciones, alimentación, hábitat, reproducción o amenazas.
He tomado nuevamente como ejemplo al elanio, aunque solamente con las dos primeras páginas porque esto continuaría con las que hablan del resto de puntos que he referido.






Para las páginas sobre identificación vuelvo a tomar el ejemplo del quebrantahuesos, que aquí cuenta (al igual que el resto de especies) con una única página doble en la que se resumen sus distintos plumajes. Es muy agradecido el detalle de señalar en las mismas fotos varias características importantes de observar a la hora de identificar la edad y el sexo aparte de la propia especie.
También cuenta con una ficha mostrando una serie de plumajes a través de la edad con ejemplares posados, porque también los podemos encontrar así en la naturaleza aunque lo más normal sean los avistamientos en vuelo.







Por último, cuenta en sus páginas finales con fotomontajes que muestran juntas varias especies similares y  unas parejas de fotografías comparativas de especies fáciles de confundir, para algunas personas desde luego mucho más que para otras. Entre algunos ejemplos tenemos los clásicos pares de azor/gavilán, milano real/milano negro, cernícalo primilla/cernícalo vulgar o abejero/ratonero.







Que quede claro que esto no lo presento a modo de "versus" y no estableceré qué guía me parece mejor, tienen distintos enfoques y he de decir que yo estoy más que satisfecho de contar con ambas en el estante de libros más cercano a mi escritorio.





jueves, 29 de agosto de 2019

Guías de anfibios y reptiles



El año pasado quise inaugurar una especie de nueva sección del blog que trataría sobre libros, si no lo visteis en su momento pinchad aquí para volver a ver mi personal reseña de un libro bastante antiguo, pero finalmente con la cantidad tan abundante de reportajes que voy acumulando cayó en el olvido esta iniciativa sobre libros.

Fue una pena porque me gustaba la idea, ahora es momento de recuperarla aprovechando que quiero dejar aún un poco de margen para las publicaciones sobre mi reciente viaje a Brasil.
Llevaba tiempo queriendo escribir algo sobre las guías de campo que suelo leer y consultar, porque una buena biblioteca me parece de lo más importante junto a nuestras propias experiencias en el campo.

Empiezo con algo breve con tres guías de campo sobre nuestra herpetofauna ibérica y europea contándoos un poco lo que me parecen los pros y contras de estas obras.





En 2007 reeditaron este clásico actualizando sus textos, algo muy necesario después de tantos años de cambios, tan sólo con los cambios en la taxonomía de estos animales ya hay para rato.... cosa que de hecho ha seguido cambiando en los últimos años y las guías se exponen a quedar un poco obsoletas con demasiada rapidez.

Lo que menos me gustan son sus láminas, que aparecen en el centro del libro con independencia de los textos que describen las especies, cuando yo personalmente prefiero ver la ilustración del animal junto a su descripción, así como también los mapas de distribución también aparecen por separado al final del libro. Pero, además, algunos de los animales no me parece que aparezcan dibujados con mucha fidelidad y llegan a no parecerse a como son en la realidad.

Su mayor baza es, para mi gusto, lo completo y rico de sus textos, con muy interesantes descripciones sobre sus hábitats, costumbres y biología. Justamente es algo que echo de menos en otras guías que apenas comentan someramente el comportamiento de las especies.
También es digno de mencionar que aparecen las especies de reptiles de las Islas Canarias, pero esto lo dejo para más adelante porque es un tema que repetiré en la reseña del tercer libro.





En 2011 vio la luz una obra centrada en el territorio español (Península Ibérica, Islas Canarias y Baleares), además siendo una publicación muy ambiciosa con una gran cantidad de fotografías y extensos capítulos introductorios sobre la biología de estos animales, su conservación y muchos más aspectos.

Tanto es así que esos capítulos iniciales casi podrían haber compuesto un tomo aparte y hacen que el libro resulte algo grueso como para llevarlo al campo. Ya que no escatimaron a la hora de incluir todas esas páginas y la enorme cantidad de fotografías, podrían en mi opinión haber escrito unos textos más completos en las fichas de las especies porque son un bastante escuetos en temas como el hábitat o el comportamiento.

Incluye un CD con los sonidos de los anfibios, algo que es importante a la hora de localizar algunas especies como ya sé por experiencia (la primera vez que vi un sapillo moteado fue gracias a que oí y reconocí sus cantos).





Esto ya es más reciente, del 2017 con toda la actualización en el tema que ello conlleva... aunque ya se han producido algunos cambios taxonómicos como era de esperar.

Abarca el ámbito europeo como la primera que he descrito, superándola en aspectos como el de la ilustración. Aquí sí tenemos los mapas de distribución junto a la descripción de las especies con sus correspondientes ilustraciones, que lucen magníficas y muy realistas gracias al estupendo trabajo del ilustrador Ilian Velikov.
Los textos sobre identificación, las descripciones y las tablas con diversas informaciones hacen que seguramente se convierta en la obra de referencia durante muchos años, muy buena tendrá que ser un futura publicación sobre el tema para superarla.

No incluye los reptiles de las Islas Canarias, algo lógico porque no pertenecen a la geografía europea realmente, aunque se echa de menos haberlos visto descritos con el rigor que caracteriza a esta obra. Con seguridad sería la guía que propondría si alguien me pidiera una recomendación.




jueves, 1 de febrero de 2018

Libro: Mi vida entre las aves silvestres en España




He tenido la ocurrencia hace poco de aprovechar el blog para comentar alguna que otra vez libros relacionados con la naturaleza que me hayan gustado y, por tanto, también puedan interesar a quienes por aquí asomáis a ver mis andanzas.

Las pasadas vacaciones navideñas tuve entre mis lecturas esta obra que llevaba ya varios años esperando poder abordar. Me tuve que conformar con un archivo digital de su versión original en inglés hasta que la Sociedad Gaditana de Historia Natural y el Instituto de Estudios Campogibraltareños la editaron en castellano el año pasado para mi alegría.

Siempre me gustaron los relatos de los naturalistas extranjeros de antaño, principalmente británicos, que venían a las serranías andaluzas a estudiar y disfrutar nuestra biodiversidad mientras que los españoles locales de entonces no mostraban el menor interés. El grado de conservación de nuestra naturaleza aún atrae hoy día a muchos ornitólogos extranjeros, por lo que no es nada extraño imaginar la gran fascinación que despertaba a aquellos viajeros románticos que venían aquí a partir del s. XIX. Lilford, Irby, Buck o Chapman son algunos ejemplos bien conocidos, a los que sumamos para la ocasión al coronel Willoughby Verner para repasar la obra que editó en 1909 tras haber residido en Gibraltar desde 1868.




Al igual que los que le precedieron, Verner se quedó prendado de los parajes sumamente agrestes de entonces (y que aún lo son en muchos casos), que ofrecían una fauna mucho más amplia y variada que la que apenas quedaba en su tierra de origen. A lo ya conocido por ser España un país europeo (avutardas, ánades, ánsares, etcétera) se sumaba el toque exótico de calamones, águilas imperiales, flamencos o quebrantahuesos entre otros, en un entorno donde el mundo rural estaba más poblado pero al mismo tiempo era más complicado lograr acceder a sus parajes.

Principalmente tuvo como área de acción las sierras del occidente andaluz (Cádiz y Málaga), pero también hizo incursiones en Sierra Nevada o el Sistema Central, así como también en las Marismas del Guadalquivir, que por entonces eran verdaderas marismas (ya hablaremos de ello más adelante).
Son escenarios reconocibles de sus relatos la Sierra de Grazalema y lo que hoy día son los parques naturales de Los Alcornocales y del Estrecho.




Con la ornitología como principal objetivo, anduvo tras muchas especies que conocemos bien, algunas de ellas ya tristemente desaparecidas de los lugares que frecuentó. Y es que este libro tiene ese regusto agridulce al maravillarnos por una parte por lo que llegó a conocer al ver grullas nidificando en La Janda, numerosas avutardas por los llanos o parejas reproductoras de quebrantahuesos en los cortados calizos de Grazalema e incluso en afloramientos de arenisca más al sur... pero con la tristeza de que aquello ya no existe.

Las marismas que el conoció, verdaderos humedales llenos de interesantes especies reproductoras como el avetoro, hoy día son solamente los reductos que han logrado pervivir rodeados por terrenos agrícolas que aún amenazan con rematar la faena merced a la pésima gestión del agua. La laguna de La Janda, que fue la mayor del continente, fue desecada. Y no olvidemos el caso del quebrantahuesos, perseguido hasta su extinción en Andalucía y casi toda la Península Ibérica.




Su actividad naturalista no está exenta de sombras, aunque se debe sobre todo al prisma con que lo observamos hoy día. Me explico, Verner expoliaba nidos y recolectaba huevos de aves (incluyendo las grandes rapaces) para coleccionarlos y abatía ejemplares adultos para ser disecados, aunque hay que tener en cuenta que así se nutría la ciencia de aquella Europa (recordemos a Audubon disparando contra especies que hoy día están en situación crítica o directamente extintas).

Con todo, hay que reconocerle que tenía más miramientos que muchos de sus coetáneos, no habiendo querido abatir ningún quebrantahuesos y sintiéndose arrepentido tras cobrar su primer ejemplar de águila imperial hasta el punto de no repetirlo. Pero lo más llamativo es que defendía a las rapaces contra esa lacra que aún persiste en nuestros tiempos bajo el eufemismo de "control de predadores".




Su desmesurada afición a visitar nidos de aves lo llevó a descolgarse por acantilados marinos donde aún anidaban las águilas pescadoras o a visitar marismas en las que las águilas imperiales tenían sus enormes plataformas sobre solitarios árboles, ocupando así buena parte de los capítulos del libro.

Algo que me interesó mucho, al igual que con seguridad a quien me esté leyendo ahora, es cuando describía de forma general los distintos lugares por los que ejercía su actividad, hablando de los grandes bosques de alcornoques en los que abundaban las culebreras o los azores, los llanos frecuentados por avutardas y sisones, las sierras tanto bajas como más altas y abruptas, o las citadas marismas cuando aún contábamos con las grullas como reproductoras.




No ha dejado de parecerme curiosísima su lectura y no puedo evitar contagiarme de su emocionante espíritu aventurero, y es que me identifico mucho cuando dicen en uno de los textos introductorios que él era más perfectamente feliz en su choza de las llanuras de La Janda.

Todo esto que hemos visto debe servirnos como aviso para concienciarnos y preservar lo que todavía tenemos, que en algunos casos hasta ha llegado a mejorar en los últimos años con los quebrantahuesos anidando de nuevo en Andalucía. Poco a poco, pero ya tenemos de nuevo a las dos parejas reproductoras de Cazorla, Segura y Las Villas incubando sendas puestas mientras hay esperanzadores indicios de nuevas parejas en formación, noticias que dejo como nota optimista antes de acabar.