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jueves, 10 de abril de 2014

Oleadas de estivales en el Brazo del Este


Garcillas bueyeras siguiendo al tractor, una típica estampa


A esta entrada le tenía especiales ganas, por lo muchísimo que disfruté durante dos tardes seguidas rodeado de las aves ya clásicas en mis salidas marismeñas junto con una importante llegada de refuerzos estivales.
Así es, dos tardes seguidas, cuando vi que un fin de semana se avecinaba regular y aproveché los días soleados para salir las tardes de los días 26 y 27 de marzo por el Brazo del Este.

En ese entorno de arrozales y vegetación palustre natural nos encontramos con la cruda realidad de la vida al encontrar el cadáver medio devorado de una garceta común (Egretta garzetta), con una gaviota sombría (Larus fuscus) sospechosamente cerca, aunque no tardé en topar con un ambiente más animado al ver esas especies que jamás faltan a su cita, como lo son los abundantísimos moritos (Plegadis falcinellus) y calamones (Porphyrio porphyrio), en compañía de una especie menos habitual de ver en ese paraje como el flamenco (Phoenicopterus roseus)... aunque últimamente siempre veo flamencos cada vez que voy, después de haber pasado el otoño y el invierno con tan sólo dos observaciones, curioso.




Morito adulto

Morito juvenil







Las pequeñas estivales estuvieron muy bien representadas con la numerosa presencia de aviones zapadores (Riparia riparia), la más pequeña de nuestras golondrinas, y una especie nueva que vi por primera vez: la buscarla unicolor (Locustella luscinioides).
A la buscarla la detecté al llamarme la atención su curioso reclamo, cosa normal si recordamos que yo nunca había visto ni oído una hasta ahora, y allí estaba con su "canto" al estilo insecto, cuando abre el pico y no para de hacer "PRRRRRRRRRRRR" durante un buen rato. Como nota curiosa, las dos tardes seguidas la encontré en el mismo lugar exacto.





En cuanto a ardeidas, está ya más que claro que la garza imperial (Ardea purpurea) es ya una especie fija si vas allí, siendo imposible no ver varios ejemplares, tanto en vuelo como posados. La de la primera foto llevaba material para su nido, que normalmente construyen entre la vegetación acuática a diferencia de su prima la garza real, que gusta de escoger árboles.
Otra garza estival es la garcilla cangrejera (Ardeola ralloides), aunque en realidad he estado viendo ejemplares en invierno, pero siempre en reducido número hasta que ahora se ha animado la cosa es más frecuente encontrarlas. Ojo a la última foto, donde hace honor a su apelativo de cangrejera al llevarse un cangrejo rojo americano para dar buena cuenta de su mariscada particular.













La llegada de los fumareles cariblancos (Chlidonias hybrida) ha animado mucho el entorno y compensa la falta de invernantes como el avefría o la agachadiza, con sus ligeros y elegantes vuelos capturando insectos sobre la superficie del agua. Es entretenidísimo verlos, y un pequeño reto fotografiarlos en vuelo con fondo.
La última foto muestra la manera en que van pasando de un canal a otro en busca de alimento, siguiéndose entre ellos de una forma que me parece bastante graciosa.








Siguiendo con las estivales toca un caso curioso, el del único pato al que sólo podemos ver en temporada estival en Europa (o en el paso migratorio otoñal), ya que la cerceta carretona (Anas querquedula) es el único pato de nuestra región que no inverna en ningún país europeo y migra exclusivamente a África.
Esta ha sido la primera vez que veo un macho con plumaje estival en libertad (porque ver uno en una laguna de aclimatación no es lo mismo). Lástima que pasara un agricultor con su moto y me lo espantara, aunque me concediera a su vez la oportunidad de fijarme en su plumaje en vuelo (yo ni sabía que era así el dibujo bajo las alas).





De limícolas me extraña no haber visto combatientes, aunque con el género Tringa sí he tenido numerosas observaciones con el archibebe claro (Tringa nebularia), el archibebe común (Tringa totanus) y el andarríos grande (Tringa ochropus). Aquí los vemos en compañía de cigüeñuelas (Himantopus himantopus), y también se veía algún que otro chorlitejo chico y andarríos bastardo.







No podían faltar mis queridas espátulas (Platalea leucorodia), que durante ambas tardes no faltaron a su cita en los cañaverales, ni tampoco cuando al atardecer se reúnen para pasar la noche en los campos.
En las dos primeras fotos las veréis junto a moritos, y luego se pueden ver entre ellas una joven garza real (Ardea cinerea) y una garceta grande (Egretta alba) como queriendo infiltrarse entre ellas de incógnito.
Da gusto disfrutar de ellas en tales cantidades y con la relativa cercanía que pueden llegar a obsequiarte (llegan a ignorar mucho tu coche... o mejor dicho, coche-hide). 




Justo detrás de las espátulas hay un ánade rabudo





Con una garza real





Con calamones de fondo al anochecer



Con una garceta grande en el centro



La garceta grande de incógnito


Además de las fantásticas observaciones, disfruté mucho las salidas fotográficamente porque pude conseguir un repertorio amplio de imágenes bonitas (al menos dentro de mi modesto estándar), y casi quise no "afear" la entrada con mis clásicas fotos lejanas horripilantes... pero no tengo remedio, me gusta lo documental más que lo estético y no puedo evitar poner también las fotos feas y cutres.
Dentro de poquito llegan las vacaciones de semana santa y espero recopilar buen material, aunque ya tengo varias cosas pendientes de ir colgando en el blog, cambiando de tercio entre lo serrano y lo marismeño... ya iréis viendo. Me despido con las fotos choriceras (mira que me gustan las fotos con especies distintas juntas), ¡hasta la próxima!



Águila pescadora en su atalaya

Patos cuchara volando ante moritos

Avión zapador y garza imperial

Espátula y garza imperial

Espátula y garceta común