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lunes, 23 de abril de 2018

Marruecos: 4ª parte




La mañana del día 28 de marzo teníamos nuestro primer destino muy cerca de donde pasamos la noche, en Boumalne Dades, por lo que nos podíamos tomar todo el tiempo que quisiéramos buscando aves esteparias por la red de carriles que hay yendo hacia el pueblo de Tagdilt.
Al poco de salir de Boumalnes Dades pudimos finalmente fotografiar un ratonero moro (Buteo rufinus) después de haber visto uno volando durante unos segundos el día que fuimos a Rissani.

Ya en la foto del ratonero se intuye lo cerdísima que es la gente dejando todo lleno de basura, pero al ir adentrándonos por las pistas de tierra nos encontramos con un ambiente de arenosos y pedregosos llanos con arbustos muy buenos para buscar collalbas. Primero encontramos collalbas desérticas (Oenanthe deserti), tan frecuentes desde que las vimos por primera vez en las altiplanicies cercanas a Zaida, y bastantes ejemplares de collalba culirroja (Oenanthe moesta). De esta última nos encantó el reclamo parecido a una tetera hirviendo que hacen tanto machos como hembras.












Los aláudidos también eran un objetivo en la zona. Vimos a las alondras ibis (Alaemon alaudipes) en plena exhibición de cortejo, primero cantando (su canto es una maravilla, por cierto) desde un posadero descubierto y luego volando un poco para dejarse caer "en paracaídas". Una visión que merece mucho la pena.

También vimos como novedad alondras saharianas (Eremophila bilopha), que se diferencian de las emparentadas alondras cornudas sobre todo por carecer de tonos amarillos faciales. Otro aláudido nuevo que vimos fue la calandria picogorda cuando pasaron varios ejemplares en vuelo, pero ya las pillaríamos más tarde.

Los que no se nos escaparon fueron los corredores saharianos (Cursorius cursor), que nos habían estado dando esquinazo los dos días anteriores y finalmente los disfrutamos como es debido viendo más de una decena de ejemplares. Muchos ya sabréis que pertenecen a la misma familia que las canasteras, y la verdad es que en directo se parecen mucho, aunque obviamente corretean a la manera de los correlimos y similares.









Considerando que habíamos cumplido muy bien los objetivos esteparios nos fuimos con el coche bien lleno de arena a las Gargantas del Todra, enclave que dejamos en el tintero el día anterior por falta de tiempo.

Pasamos por la muy turística ciudad de Tinghir para llegar hasta allí, en un anticipo de la masificación de turistas que íbamos a encontrar. Pudimos ver un ratonero moro comiéndose un sapo en una palmera de la ciudad, tórtolas senegalesas (Streptopelia senegalensis) y aviones. Uno de los objetivos de la zona eran precisamente los aviones al haber aviones isabelinos, pero eran difíciles de distinguir en vuelo de sus primos los aviones roqueros, por lo que la foto que me llevé fue finalmente de un avión roquero (Ptyonoprogne rupestris).











Todavía nos quedaba tiempo, así que volvimos de nuevo a los alrededores de Boumalne Dades a intentar "rebañar" especies. Nuevamente encontramos collalbas como esta hembra de collalba culirroja de la foto, por ejemplo, pero nos llevamos también la satisfacción de dar con un grupito de calandrias picogordas (Ramphocoris clotbey) que esta vez sí se dejaron observar y fotografiar largo rato.






Nuestro alojamiento sería el Riad Sarayas en Ouarzazate, un lugar recomendable como el otro riad donde estuvimos en Rissani, muy cómodo y con estupendo y amable servicio. Desde su terraza tuvimos por la mañana el canto de bulbules naranjeros (Pyctonotus barbatus) y escribanos saharianos (Emberiza sahari) para empezar bien el día.
Por cierto, supongo bien al pensar que quien aquí entra tiene más intereses aparte de la naturaleza, por lo que os comento que en Ouarzazate hay unos estudios de cine y se han rodado escenas de películas tan conocidas como Star Wars, Gladiator, El reino de los cielos o La momia, además de la popular serie Juego de tronos.








Desde este momento dejaré de dedicar entradas separadas de blog a cada día del viaje, el repertorio de especies exclusivas se iría reduciendo y al viajar de nuevo hacia el norte ya no sería tan novedoso tampoco el entorno.

El abejaruco persa era una especie que aún no habíamos visto, teníamos opciones de encontrar en las afueras de Ouarzazate, pero en esas fechas (ya estábamos a 29 de marzo) aún estaban migrando y nos quedamos con la espinita clavada. Estuvimos viendo otras especies como tórtolas senegalesas, tarros canelos (Tadorna ferruginea), cogujadas magrebíes (Galerida macrorhyncha) y un halcón tagarote (Falco pelegrinoides).
Aparte de lo mostrado en fotografías vimos colirrojos reales, golondrinas dáuricas, un águila pescadora... y un turdoide rojizo que fue visto y no visto.





Pues no, yo tampoco la sé diferenciar de la cogujada común



Íbamos hacia Marrakech sabiendo que de camino había opción de parar en un punto concreto para buscar la escasa collalba magrebí (Oenanthe halophila), ahora separada como especie de la collalba núbica.

Buscando por una zona indicada vimos algunos agamas de Bribón (Agama impalearis) y unos camachuelos trompeteros que una vez más me dejaban sin poder fotografiarlos, parecía que no íbamos a tener suerte con la collalba magrebí a pesar de insistir mucho, pero finalmente un canto tipo túrdido (ya sé que las cambiaron de familia, pero ya me entendéis) nos puso sobre aviso y pudimos localizar un macho y más tarde a su pareja.








En el largo camino hacia Marrakech nos llamaban la atención los abejarucos, pero acababan siendo nuestros abejarucos comunes (Merops apiaster) migrando y ya hacía tiempo que habíamos dejado atrás los límites de distribución del abejaruco persa. Otro bonito coraciforme que vimos de camino fue la carraca (Coracias garrulus), que no siempre se deja sacar así de bien y fue más que bien recibida.

La llegada a Marrakech fue sin duda de las peores experiencias del viaje con su caótico tráfico en el que los conductores simplemente circulan como les da la puñetera gana, y encontrar el hotel no fue sencillo, pero una vez allí pudimos relajarnos y disfrutar de los vencejos moros (Apus affinis) desde nuestra habitación, así como también es destacable que vimos un halcón tagarote desde la medina.

Aquí termina esta doble jornada, con la guinda final de la mezquita Kutubía fotografiada nefastamente con mi móvil y la kasbah de Taourirt (Ouarzazate). Próximamente veremos lo que queda del viaje con algunas especies interesantes todavía.











sábado, 14 de abril de 2018

Marruecos: 1ª parte


Djebel Muza, la otra Columna de Hércules junto con el Peñón de Gibraltar

Por fin toca acometer esta serie de entradas sobre el viaje a Marruecos que hice junto a Alberto Benito y Javi Pérez, algo que muchos de vosotros ya sabíais de antemano pero que a otros os pillará por sorpresa.

El 24 de marzo partimos los tres juntos en un ferry desde Algeciras a Tánger para disfrutar de la avifauna norteafricana hasta el 1 de abril, un viaje ambicioso que ya desde el mismo barco me empezó a dar frutos viendo aves marinas. Además de los alcatraces (Morus bassanus), que ya vi en Santander un mes antes, tuve observaciones de especies nuevas con las pardelas cenicientas (Calonectris diomedea), un págalo parásito (Stercorarius parasiticus) y un págalo grande (Stercorarius skua) mientras veíamos a aves migradoras como vencejos y milanos haciendo el gran esfuerzo de cruzar el Estrecho con sus fortísimos vientos.









El barco se retrasó varias veces hasta el punto de salir ya a mediodía, por lo que el primer día se nos fue entre eso, recoger un coche de alquiler en Tánger y conducir hasta Ifrán, donde pasamos la primera noche en un curioso ambiente casi europeo de turismo de montaña.

La mañana del domingo 25 nos esperaba llena de promesas en nuestro primer día de aventuras marroquíes propiamente dicho. El bosque de cedros de Azrou era el primer destino, donde empezamos a ver pájaros forestales que tenemos en nuestra fauna ibérica como el trepador azul (Sitta europaea), pero también la subespecie norteafricana del pinzón vulgar (Fringilla coelebs africana).

En un concurrido puerto de montaña con puestos de venta y turistas ya pudimos ver los primeros macacos de Berbería (Macaca sylvanus), unos ejemplares muy descarados y confiados al estar acostumbrados a la gente. No fue el caso con los que encontramos al adentrarnos en el bosque, mostrando ya más recelo ante nosotros.
Ya parecía que nos iríamos sin ver al pito de Levaillant (Picus vaillantii), antes considerado subespecie del pito real y ahora elevado al rango de especie (ya veis en la foto que apenas hay diferencias físicas), pero insistiendo al seguir sus reclamos conseguimos ver uno cobijado del frío y la lluvia en un gran cedro.












Después nos dirigimos al lago Aguelmane Sidi Ali, en pleno Atlas Medio a 2.100 metros de altitud y aún con un frío helador. Fue curioso ver en ese ambiente varias cercetas pardillas (Marmaronetta angustirostris), o al menos a mí me lo pareció tras estar acostumbrado a verlas en los humedales del sur ibérico, pero había otra anátida que acaparó el protagonismo al ser un magnífico lugar para poder observar numerosos ejemplares de tarro canelo (Tadorna ferruginea).

Por si no fuera bastante con esta preciosa novedad, también vimos allí la primera alondra cornuda (Eremophila alpestris) del viaje, especie que ya veríamos mejor al visitar otros sitios más adelante.








Llegamos a una altiplanicie entre los pueblos de Zaida y Midelt, con el Medio Atlas a nuestras espaldas y el Alto Atlas al frente con sus cumbres nevadas. El fuerte viento que soplaba era helador pese a que pueda parecer lo contrario viendo el entorno de las fotografías, y es que a partir de ese momento ya no dejaríamos de estar en ambientes áridos y desolados.

Cualquier pájaro pequeño nos llamaba poderosamente la atención al estar ya en zonas para especies desérticas, pero de momento eran especies "nuestras" como el colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus) o la collalba gris (Oenanthe oenanthe) en viaje migratorio, hasta que no tardaron en ir apareciendo las primeras collalbas desérticas (Oenanthe deserti) que desde ese momento nos acompañarían durante buena parte del viaje.












Otra collalba nos sorprendió, pues no la esperábamos hasta más adelante, cuando vimos un macho de collalba culirroja (Oenanthe moesta), mientras que a la collalba de Seebohm (Oenanthe seebohmi) la dábamos por frecuente en el viaje y al final sólo vimos este ejemplar de las fotos. Veis que se parece mucho a la collalba gris a excepción de la cara totalmente negra, cosa que se debe a que se trata nuevamente de una subespecie ahora considerada especie aparte.








Durante el largo recorrido por estas tierras tan duras nos fuimos dando cuenta de que la migración de las aves es todavía más dura al tener que atravesar estos parajes después del desierto del Sáhara y antes de cruzar el Estrecho y lo que les quede de territorio europeo.

Íbamos viendo una carraca volar sobre resecos pedregales, milanos negros luchar contra el viento, alcaudones comunes posados en cualquier sitio o el águila calzada (Hieraaetus pennatus) de la foto planear entre grandes ejemplares de sabina. También nos llamó la atención la capacidad de la subespecie africana de piquituerto (Loxia curvirostra poliogyna) para colonizar nuevos territorios al estar presentes en un pequeño pinar de repoblación rodeado de de la árida desolación que podéis ver con vuestros propios ojos en las imágenes.






Al atardecer se nos antojó parar un momento en un cañón fluvial y fue cuando se inauguró la tendencia de paradas totalmente aleatorias que nos reportarían buenas observaciones de aves.

En esa primera parada al azar nos llevamos como premio nuestro primer colirrojo diademado (Phoenicurus moussieri), un pajarillo realmente precioso que estaba acompañado por otros pájaros rupícolas de nuestra fauna ibérica como lo son el roquero solitario (Monticola solitarius) y la collalba negra (Oenanthe leucura). Javi y Alberto vieron también un escribano sahariano que yo me perdí, pero no importaba demasiado porque en adelante se convertiría en una especie muy habitual.

Allí finalizamos la primera gran jornada pajarera, muy productiva e intensa, y nos fuimos a pasar la noche a Errachidia pagando la novatada de ir sin tener nada reservado y tener que dormir en el primer hotel cutre que vimos, error que subsanamos de ahí en adelante.

Y esto es sólo el principio, porque se avecinan publicaciones de lo más emocionante.