Así es, el águila calzada (Hiraaetus pennatus) parece que siempre está allí donde yo vaya, aunque sea planeando a lo lejos con su característica figura blanquinegra.
Ayer por la tarde me las encontré nada más salir en coche para ir al collado, la pareja de fase clara que cría al lado del pueblo estaba volando junta y reclamando. Ojalá hubieran presentado garras más veces para intentar una foto mejor que la primera que dejo puesta, pero no estuvieron por la labor.
Como veis, estaban en la parte donde más cascaba el sol. Luego se metieron en el pinar, donde aún se les escuchaba y una de ellas asomaba de cuando en cuando sobre las copas. Es entonces cuando pasó volando a toda pastilla este cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) a lo lejos sobre el bosque.
Llego al collado tras este entretenido retraso, y antes de empezar la subida, con el cuco como banda sonora, me reciben un gavilán (Accipiter nisus) cicleando bastante alto y un solitario buitre leonado (Gyps fulvus) que se perdió en la lejanía.
La distancia es una puñeta, pero siempre es de agradecer encontrarse con una rapaz de hábitos tan furtivos como el gavilán.
Ya arriba, no tuve el placer de ver alguna de las grandes rapaces de la zona, pero las calzadas aparecían con frecuencia, a lo lejos la mayoría, aunque me pasaron un poco más cerca dos ejemplares.
El primero fue éste, que se despidió de mí con una elegante y sutil caca aérea. Indirecta captada, su señoría...
O este otro individuo, que miraba hacia abajo incansablemente en busca de presas, poniéndose contra el viento como una blanca cometa.
La nota botánica serrana la pondrán el rosal silvestre (Rosa canina) y la peonía (Paeonia officinalis).
Y en la categoría de fotobicho repite la carraleja (Berberomeloe majalis).
¿A que ya parecía que iba a ser una entrada de fotos lejanas?
Pues me guardé lo mejor, porque más tarde vi otro par de águilas calzadas en el horizonte, que empezaron a acercarse con sus círculos y me llegaron a sobrevolar por unos momentos.
Me dio tiempo a esto mientras cuidaba de poner bien los pies en el irregular terreno pedregoso.
Observad cómo va pasando este ejemplar de tener el sol a sus espaldas hasta volarme por encima con su panza iluminada por el atardecer.
Sin duda esta especie me regaló una buena tarde, porque incluso al irme seguía viendo ejemplares al bajar la ladera, compartiendo espacio aéreo hasta tres ejemplares al mismo tiempo.