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lunes, 29 de agosto de 2022

La Janda y Cetina

 




Queda todavía un poquito que contar de los días que pasé a primeros de agosto por la costa gaditana, una auténtica "vieja confiable" para poder ver aves durante todo el año.
Un par de tardes fuimos José Carlos y yo por la zona de La Janda junto a Faustino y Jaime, que colaboran con el proyecto del aguilucho cenizo y estuvimos por lo tanto echando un ojo a un dormidero mientras era casi continuo el goteo de ejemplares, que llegaron a posarse en medio de un carril cual chotacabras en versión rapaz.
Además de un modesto repertorio de aves acuáticas con moritos o martín pescador entre otras, vimos elanios, alcaravanes, culebreras y un nutrido paso de abejarucos junto a golondrinas comunes y dáuricas.



Cuidado con algunos quitamiedos

Aguilucho cenizo (Circus pygargus), juvenil



Elanio (Elanus caeruleus)

Aguilucho cenizo (Circus pygargus), hembra adulta

Abejaruco (Merops apiaster)

Culebrera (Circaetus gallicus)

Aguilucho cenizo (Circus pygargus), macho adulto

Buitrón (Cisticola juncidis)


Nuestra última mañana allí la pasamos yendo a las marismas de Cetina, a las que se accede solicitando el pertinente permiso tal y como nosotros hicimos.
Nos acompañó durante parte de la mañana José Juan al tener un buen hueco disponible y de primeras parecía haber poca cosa, hasta que las aves fueron apareciendo porque no son tontas y buscan los rincones más tranquilos.




Avocetas (Recurvirostra avosetta)

Gaviota picofina (Croicocephalus genei)

Flamencos (Phoenicopterus roseus)

Lavandera boyera (Motacilla flava)

Flamencos (Phoenicopterus roseus)

Cinco especies juntas

Charrancito (Sternula albifrons)

Flamencos (Phoenicopterus roseus)

Tarro blanco (Tadorna tadorna)

Flamencos (Phoenicopterus roseus)

Pagaza piconegra (Gelochelidon niloticus)



Con esto dejé las aves acuáticas hasta hace poco, con otro par de salidas que saldrán en su momento por aquí reflejadas. Sin duda pasamos unos días de lo más chulos en la casita que nos prestó Chúss con su habitual amabilidad.








jueves, 3 de julio de 2014

La pasada primavera en Bailén


Con Sierra Mágina de fondo

Con el curso ya acabado, toca volver a la tierra a descansar, y retomar el contacto frecuente con la naturaleza de mi pueblo, Bailén.
El año pasado venía con más frecuencia y pude estar muy al corriente del paso migratorio prenupcial, que se hace curiosamente notorio en un ambiente de graveras inundadas y barreros en las afueras del pueblo cuando muchas aves escogen hacer una paradita en este sitio que al primer vistazo no parece ser gran cosa.
Así fue cuando en la primavera de 2013 disfruté de la aparición de garzas imperiales, martinetes, collalbas rubias y grises, lavanderas boyeras, abejeros, cucos, tarabillas norteñas y un alcotán.

Este año no he estado atento, lo admito, y no se ha repetido la floración espectacular del pasado año de lluvias, pero he seguido echando un ojo a lo que allí se deja ver, como los siempre presentes trigueros (Miliaria calandra) y buitrones (Cisticola juncidis), las escandalosas cigüeñuelas (Himantopus himantopus), la belleza de abejarucos (Merops apiaster) y abubillas (Upupa epops), el vuelo de caza vespertino del elanio (Elanus caeruleus) y el planeo del buitre leonado (Gyps fulvus), y la abundancia de un mamífero clave en nuestros ecosistemas: el conejo (Oryctolagus cuniculus).
















Sabéis que me encanta el mundo artrópodo, y mirando hacia abajo he podido ver lepidópteros como la macaón (Papilio machaon), la nacarada (Argynnis paphia) y la cleopatra (Gonepteryx cleopatra). También una hormiga león (especie sin identificar) y una libélula muy particular que Miguel Rodríguez me ayudó a dar nombre: la paragomphus genei, especie africana.













La cosa no acaba al llegar la noche; junto a una especie tan mediterránea como nuestras infravaloradas salamaquesas comunes (Tarentola mauretanica) tenemos a los chotacabras cuellirrojos (Caprimulgus rufficollis), especie ya clásica del blog. 
Unamos al elenco nocturno al simpático autillo (Otus scops) que estuvo algunas noches de semana santa cantando por medio del pueblo. Al principio sólo podíamos oírlo, pero una noche mi hermano menor distinguió su silueta en una antena frente a una ventana de nuestra casa, a bastante distancia y sin posibilidad de fotografiar, pero dejando al menos la ocasión de una foto testimonial de la presencia del pequeño búho estival.








Espero que os guste esta pequeña representación de la naturaleza de mi pueblo. Mientras tanto he acumulado algunas cosillas durante estos días, y aún tengo bastante que enseñar de mis últimas semanas en los humedales sevillanos... ¡mucho ojo!