Aquí está la última entrada mostrando lo visto durante mi estancia en Torre de Miguel Sesmero, Badajoz, con Jero como anfitrión impagable llevándome junto con Jorge por un auténtico tour ornitológico el domingo 12 de mayo, dejándome una impresión imborrable.
Después de desayunar fuimos a coger el Nissan Patrol para ayudarnos a atravesar el terruño por completo, pero primero hicimos la paradita obligatoria ante la iglesia para echar un vistazo a la colonia de cernícalos primilla.
Para que os hagáis una idea del valor ornítico que puede atesorar un pueblo, aquí tenemos en un mismo encuadre cuatro especies distintas: cigüeña blanca (Ciconia ciconia), vencejo común (Apus apus), cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) y cernícalo primilla (Falco naumanni).
No todos los días veo posados juntos a dos machos de nuestras dos especies de cernícalo, desde luego.
El vulgar a la izquierda, y el primilla mirando al otro lado, como disimulando.
Un macho de gorrión común (Passer domesticus) parece que quiso recordarnos que ellos también forman parte de la avifauna urbana, reclamando desde su limonero.
Saliendo ya al campo, un objetivo fijado era pasar por una zona donde los mochuelos (Athene noctua) se dejan ver posados en los olivos, y así fue... tanto que vimos hasta cuatro ejemplares distintos (el tercero es un juvenil), toda una delicia.
Fuimos llegando a las dehesas con sus charcas y sus emblemáticas encinas, teniendo no pocas veces el castillo de Nogales como especial escenario de fondo.
Poco a poco, parando a disfrutar de sus habitantes, llegamos hasta el corazón del terruño, en compañía de aves como la tarabilla común (Saxicola torquatus) y una hembra de aguilucho pálido (Circus cyaneus).
Se veían muchos padres atareados con buscar el sustento para su prole. Había muchos trigueros (Miliaria calandra) con el pico atiborrado de insectos, y cogujadas comunes (Galerida cristata) buscando orugas para que sus proteínas ayuden a sus vástagos a desarrollarse lo más pronto posible.
Una zona más esteparia nos llevó adonde una pareja de cigüeñas blancas ha elegido este curiosísimo emplazamiento para anidar, un poco bajito como podéis ver.
Un par de liebres (Lepus granatensis) se quedó en medio del camino bastante rato antes de largarse zumbando, mientras que la cogujada común seguía pidiendo atención porque sabía que pronto llegarían los preciosos abejarucos (Merops apiaster) por su ración de protagonismo.
Los hermosísimos abejarucos aparecieron muchas veces, aunque no se dejaran ver de cerca, mientras nos acercábamos a una finca de ganado vacuno donde volaban cernícalos primilla cazando (el de la foto se estaba zampando una gran escolopendra), lugar que nos depararía dos buenas sorpresas...
La primera sorpresa fue fichar dos especies esteparias nuevas que aún no tenía: la ganga ortega (Pterocles orientalis) y la calandria (Melanocorypha calandra).
La foto de las ortegas es más que testimonial, una guarrada, pero al menos se nota bien que es una pareja (el macho está a la izquierda).
Y la segunda sorpresa... ni más ni menos que... ¡¡¡una carroñada!!! Ya se intuía algo sospechoso al ver muchos buitres en círculos, pero no estaban tomando corrientes térmicas como aparentaba, porque se veía que iban viniendo más y más en línea recta hacia la zona.
Tengo que hacer especial mención a la positiva y amable actitud del dueño de la finca, que no sólo nos explicó que el día anterior había muerto un becerro, sino que encima nos permitió entrar para verlo... mientras que en mi tierra ya nos habría echado el tío borde de turno.
Además de un lejanísimo alimoche subadulto, milanos y córvidos, estaban presentes nuestros dos grandes carroñeros: muchos buitres leonados (Gyps fulvus) y un par de enormes buitres negros (Aegypius monachus).
Vamos, un espectáculo inesperado... porque nosotros íbamos a la Sierra de Monsalud, concretamente a los dominios del señor de la noche, el imponente búho real (Bubo bubo).
El día anterior me quedé sin verlo (aunque disfruté viendo sus evidencias y rastros), pero Jero insistía en que lo veríamos... ¡¡y lo vimos!! Estando allí oteando los riscos donde podía estar posado, de pronto pasó volando con su silencioso batir de alas que más de una presa ha lamentado en la noche más oscura.
Es que no pude tener un mejor broche final... ver al gran duque después de una mañana llena de observaciones que ya eran maravillosas fue algo único.
Aparte de lo visto en fotos, también vimos abubillas, alcaudones común y real, martín pescador, garza real, águila calzada, golondrinas dáuricas, etc...
Llegó la despedida después de una buena comida y de la cervecita de rigor para celebrar el avistamiento del búho, aunque yo no tenía ni pizca de ganas de marcharme, pero el deber es inevitable... qué duro se me hizo el lunes siguiente, ni os lo imagináis.
Si unís esta entrada a las otras dos, veréis que fue un fin de semana de lo más completo, ver en persona lo que Jero transmite semana a semana en su blog no tiene precio, porque vi que en verdad el nombre de su blog (Extremadura viva) es totalmente cierto. MUCHAS GRACIAS.
Y como no puedo parar ni cuando estoy viajando... un milano negro (Milvus migrans) que vi por la carretera y el castillo de Belmez.