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sábado, 10 de diciembre de 2022

Salida pelágica con novedades

 




Para el sábado 12 de noviembre me propusieron una salida pelágica para ver aves, la tercera que hago ya con el maravilloso aliciente de que voy consiguiendo ver cosas nuevas en cada una de ellas.

Tras el horrendo madrugón estábamos ya esperando en el puerto de Chipiona con todo a punto para zarpar a las 8 de la mañana, viendo ya desde el principio unas cuantas alcas (adelanto que llegamos a ver 84 en todo el trayecto), un págalo parásito y varias pardelas baleares.



Alca (Alca torda)

Págalo parásito (Stercorarius parasiticus)

Pardela balear (Puffinus mauretanicus)


Tengo que hacer un inciso especial para los alcatraces, que no son para nada una especie rara de ver, pero a mí personalmente me encantan y me resulta fabuloso poder verlos de cerca en estas salidas.



Juvenil y adulto



Alcatraces (Morus bassanus)


Los págalos parásitos son una molestia para muchas aves marinas, pero no tardó en aparecer el que realmente las aterroriza. El págalo grande provoca incluso que las gaviotas posadas levanten el vuelo espantadas a su paso, tal es el miedo que le tienen a este experto pirata.



Incordiando, como buen págalo que se precie

Págalo grande (Stercorarius skua)



Aquí llega una de las novedades, la gaviota tridáctila es una especie que nunca había visto y me encantó el dibujo negro en el plumaje de los tres ejemplares juveniles que encontramos.
Otras novedades fueron el paíño boreal y una pardela con pinta de ser mediterránea, pero a distancia infame el primero y muy fugaz la segunda.



Gaviota tridáctila (Rissa tridactyla)

Gaviota cabecinegra (Ichthyaetus melanocephalus)

Gaviota tridáctila (Rissa tridactyla)


La estela del barco era seguida de cerca por estas especies y otras más como el charrán común y la pardela capirotada, llegando incluso los paíños europeos aunque fuera en bajo número.



Charrán común (Sterna hirundo)

Alcatraz (Morus bassanus)

Paíño europeo (Hydrobates pelagicus)

Pardela capirotada (Ardenna gravis)

Págalo grande (Stercorarius skua)

Pardela balear (Puffinus mauretanicus)


Algo que siempre quise ver de cerca es cuando los alcatraces se lanzan en picado, cosa que empezaron a hacer en la estela del barco para mi satisfacción, disfruté enormemente con esas repentinas zambullidas que hacen.



Alcatraz muy ofendido por el picado justo a su lado

Alcatraz pendiente de lanzarse en picado

Alcatraz (Morus bassanus)

Susto de las gaviotas con la salida del alcatraz tras su zambullida

Alcatraz a punto de tirarse en picado


Al terminar a mediodía, antes de volver para casa, otros dos asfixiosos y yo quisimos echar un rato con la famosa colonia de vencejos moros, que aquel día estaba muy activa y numerosos ejemplares no paraban de pasar volando.




Vencejos moros (Apus affinis)


A esto otro tampoco nos pudimos resistir, a un buen arrocito en el puerto tras la mañana entera echados a la mar.
Pero no para no ser tan gordo dejo otro detallito con el enlace a la lista de eBird que elaboraron durante la salida, en la que veréis que también aparecieron págalos pomarinos, un falaropo picogrueso e incluso una lejana lechuza campestre (acosada por gaviotas para no variar).









sábado, 14 de abril de 2018

Marruecos: 1ª parte


Djebel Muza, la otra Columna de Hércules junto con el Peñón de Gibraltar

Por fin toca acometer esta serie de entradas sobre el viaje a Marruecos que hice junto a Alberto Benito y Javi Pérez, algo que muchos de vosotros ya sabíais de antemano pero que a otros os pillará por sorpresa.

El 24 de marzo partimos los tres juntos en un ferry desde Algeciras a Tánger para disfrutar de la avifauna norteafricana hasta el 1 de abril, un viaje ambicioso que ya desde el mismo barco me empezó a dar frutos viendo aves marinas. Además de los alcatraces (Morus bassanus), que ya vi en Santander un mes antes, tuve observaciones de especies nuevas con las pardelas cenicientas (Calonectris diomedea), un págalo parásito (Stercorarius parasiticus) y un págalo grande (Stercorarius skua) mientras veíamos a aves migradoras como vencejos y milanos haciendo el gran esfuerzo de cruzar el Estrecho con sus fortísimos vientos.









El barco se retrasó varias veces hasta el punto de salir ya a mediodía, por lo que el primer día se nos fue entre eso, recoger un coche de alquiler en Tánger y conducir hasta Ifrán, donde pasamos la primera noche en un curioso ambiente casi europeo de turismo de montaña.

La mañana del domingo 25 nos esperaba llena de promesas en nuestro primer día de aventuras marroquíes propiamente dicho. El bosque de cedros de Azrou era el primer destino, donde empezamos a ver pájaros forestales que tenemos en nuestra fauna ibérica como el trepador azul (Sitta europaea), pero también la subespecie norteafricana del pinzón vulgar (Fringilla coelebs africana).

En un concurrido puerto de montaña con puestos de venta y turistas ya pudimos ver los primeros macacos de Berbería (Macaca sylvanus), unos ejemplares muy descarados y confiados al estar acostumbrados a la gente. No fue el caso con los que encontramos al adentrarnos en el bosque, mostrando ya más recelo ante nosotros.
Ya parecía que nos iríamos sin ver al pito de Levaillant (Picus vaillantii), antes considerado subespecie del pito real y ahora elevado al rango de especie (ya veis en la foto que apenas hay diferencias físicas), pero insistiendo al seguir sus reclamos conseguimos ver uno cobijado del frío y la lluvia en un gran cedro.












Después nos dirigimos al lago Aguelmane Sidi Ali, en pleno Atlas Medio a 2.100 metros de altitud y aún con un frío helador. Fue curioso ver en ese ambiente varias cercetas pardillas (Marmaronetta angustirostris), o al menos a mí me lo pareció tras estar acostumbrado a verlas en los humedales del sur ibérico, pero había otra anátida que acaparó el protagonismo al ser un magnífico lugar para poder observar numerosos ejemplares de tarro canelo (Tadorna ferruginea).

Por si no fuera bastante con esta preciosa novedad, también vimos allí la primera alondra cornuda (Eremophila alpestris) del viaje, especie que ya veríamos mejor al visitar otros sitios más adelante.








Llegamos a una altiplanicie entre los pueblos de Zaida y Midelt, con el Medio Atlas a nuestras espaldas y el Alto Atlas al frente con sus cumbres nevadas. El fuerte viento que soplaba era helador pese a que pueda parecer lo contrario viendo el entorno de las fotografías, y es que a partir de ese momento ya no dejaríamos de estar en ambientes áridos y desolados.

Cualquier pájaro pequeño nos llamaba poderosamente la atención al estar ya en zonas para especies desérticas, pero de momento eran especies "nuestras" como el colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus) o la collalba gris (Oenanthe oenanthe) en viaje migratorio, hasta que no tardaron en ir apareciendo las primeras collalbas desérticas (Oenanthe deserti) que desde ese momento nos acompañarían durante buena parte del viaje.












Otra collalba nos sorprendió, pues no la esperábamos hasta más adelante, cuando vimos un macho de collalba culirroja (Oenanthe moesta), mientras que a la collalba de Seebohm (Oenanthe seebohmi) la dábamos por frecuente en el viaje y al final sólo vimos este ejemplar de las fotos. Veis que se parece mucho a la collalba gris a excepción de la cara totalmente negra, cosa que se debe a que se trata nuevamente de una subespecie ahora considerada especie aparte.








Durante el largo recorrido por estas tierras tan duras nos fuimos dando cuenta de que la migración de las aves es todavía más dura al tener que atravesar estos parajes después del desierto del Sáhara y antes de cruzar el Estrecho y lo que les quede de territorio europeo.

Íbamos viendo una carraca volar sobre resecos pedregales, milanos negros luchar contra el viento, alcaudones comunes posados en cualquier sitio o el águila calzada (Hieraaetus pennatus) de la foto planear entre grandes ejemplares de sabina. También nos llamó la atención la capacidad de la subespecie africana de piquituerto (Loxia curvirostra poliogyna) para colonizar nuevos territorios al estar presentes en un pequeño pinar de repoblación rodeado de de la árida desolación que podéis ver con vuestros propios ojos en las imágenes.






Al atardecer se nos antojó parar un momento en un cañón fluvial y fue cuando se inauguró la tendencia de paradas totalmente aleatorias que nos reportarían buenas observaciones de aves.

En esa primera parada al azar nos llevamos como premio nuestro primer colirrojo diademado (Phoenicurus moussieri), un pajarillo realmente precioso que estaba acompañado por otros pájaros rupícolas de nuestra fauna ibérica como lo son el roquero solitario (Monticola solitarius) y la collalba negra (Oenanthe leucura). Javi y Alberto vieron también un escribano sahariano que yo me perdí, pero no importaba demasiado porque en adelante se convertiría en una especie muy habitual.

Allí finalizamos la primera gran jornada pajarera, muy productiva e intensa, y nos fuimos a pasar la noche a Errachidia pagando la novatada de ir sin tener nada reservado y tener que dormir en el primer hotel cutre que vimos, error que subsanamos de ahí en adelante.

Y esto es sólo el principio, porque se avecinan publicaciones de lo más emocionante.