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sábado, 20 de julio de 2019

Cosas pendientes de junio






Últimamente he ido publicando las salidas de la Sierra de Cádiz agrupándolas por zonas en lugar de seguir el orden cronólogico de las mismas para evitar la monotonía al haber sido repetitivas muchas de estas salidas.
Por este motivo fui dejando guardadas algunas fotografías que, en principio, iban a formar parte de una publicación sobre la zona cercana al pueblo de Grazalema. Terminó junio sin haber cuajado la cosa y las he recopilado con otras de Ubrique para terminar de relatar lo que fui viendo en junio.

El Puerto de las Palomas fue visita obligada a primeros de junio al estar por entonces los imagos del neuróptero Nemoptera bipennis, además del nada desdeñable repertorio disponible en ese lugar durante otras tardes en que lo frecuenté.



Duende (Nemoptera bipennis)

Medioluto inés (Melanargia ines)

Águila calzada (Hieraaetus pennatus)

Vencejo real (Tachymarptis melba)

Collalba negra (Oenanthe leucura)

Cabra montés (Capra pyrenaica)

Buitre leonado (Gyps fulvus)

Duende (Nemoptera bipennis)


La tarde del 14 de junio di con José Juan Díaz una vuelta por El Endrinal, donde vimos también varios ejemplares de tan llamativo insecto junto a otros habitantes de los roquedos como los de las fotografías y un lagarto ocelado que no tardó en ocultarse en una fisura de la roca caliza. La flora tuvo una muy interesante representación con la orquídea Orchis coriophora y la endémica amapola de Grazalema.



Chinche sin identificar

Orchis coriophora

Amapola de Grazalema (Papaver rupifragum)

Collalba negra (Oenanthe leucura)

Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros)

Duende (Nemoptera bipennis)


Y, con esto, ya sí acabamos lo visto en junio con unos buenos avistamientos del día 27 desde la ventana del salón. Durante el recién acabado curso tuve la enorme suerte de tener como vecinos en Ubrique al águila perdicera y al alimoche, un lujo que difícilmente podré igualar allá donde vaya.

Pero aún no terminó la Sierra de Cádiz con junio, retomé la buena costumbre de quedarme 15 días más después de acabar el curso escolar y dio mucho de sí como pronto veréis.





Águilas perdiceras (Aquila fasciata)


Alimoches (Neophron percnopterus)





viernes, 18 de julio de 2014

Desde Cazorla a Segura


Bosque autóctono de pinos laricios


Con un material interesante sobre Cantabria que llevo acumulando estos días, aún he de usar este blog como ventana a la naturaleza de Jaén y enseñar la excursión que hice el día 2 de julio con mi hermano menor por las sierras de Cazorla y Segura.
En una entrada anterior (haz click aquí si no la viste) mostré una salida por Cazorla, y esta vez repetí ese recorrido desde La Iruela a los Campos de Hernán Perea, con la diferencia de que no di la vuelta para volver sobre mis pasos y continuamos hasta llegar a la Sierra de Segura, atravesando así estas magníficas sierras.
No repetiré por lo tanto la primera parte del recorrido con fotos que serían casi lo mismo que en la citada entrada de junio, pero sí merece la pena señalar la parada en la Cerrada del Utrero, viendo vencejos reales (Apus melba) y la colonia de buitres leonados (Gyps fulvus), además de aviones roqueros, córvidos y una lejana pareja de culebreras.








También lepidópteros, como un hespérido sin identificar, la llamativa chupaleche (Iphiclides podalirius), la Sofía (Issoria lathonia) y la medioluto inés (Melanargia ines).







Sofía con medioluto inés en segundo plano



Por el camino mereció la pena parar a contemplar la Nava de San Pedro y el ejemplar de pino Laricio al que llamaron Árbol de Félix Rodríguez de la Fuente como homenaje a la presencia en estos lares de nuestro recordado pionero del naturalismo, viendo por el camino una ardilla, ciervos y algún gamo.
Quedaba poco para llegar a la enorme altiplanicie conocida como Campos de Hernán Perea, donde una pareja de águilas reales (Aquila chrysaetos) me entretuvo con sus picados y juegos. Es increíble la tranquilidad que desprende este duro paisaje kárstico, que en las proximidades de Segura dejaba de mostrar un aspecto lunar al ir apareciendo rodales de pinos laricios. Allí también se dejaron ver buitres leonados, cernícalos vulgares y águilas calzadas.












Un momentazo fue cuando apareció un macho adulto de azor perseguido por cornejas, tan repentino que se quedó sin foto, aunque sí un águila calzada (Hieraaetus pennatus) junto a la luna.
En el margen del camino había pinsapos y cedros, obviamente plantados por la mano humana, pero entre los pinos autóctonos destacaron un par de ejemplares de soberbio porte. Uno es el famoso Pino Galapán, enorme y colosal, y otro que tampoco se quedaba atrás precisamente si miráis la escala que yo hago poniéndome a su lado.








Entramos en el término de Santiago-Pontones, de la Sierra de Segura, atravesando aldeas y pueblos pequeños en medio de un entorno duro que contrasta con lo acogedor de los campos de cultivo.
Bajando hacia el pantano del Tranco nos sorprendió una cabra montesa (Capra pyrenaica) con su cría cruzando la carretera, dejando claro lo agreste del lugar.











Allí están las ruinas de Los Goldines, aldea que quedó abandonada cuando se desalojó a sus habitantes por la creación del coto nacional de caza, al parecer.
Como imágenes finales voy a dejar una serie que me parece muy emblemática de tierras segureñas, con el embalse del Tranco, los pueblos de Hornos de Segura y Segura de la Sierra, y el pico del Yelmo con sus 1809 metros (el más alto de su término municipal) rematando la entrada.