Los dos días que he dado un paseo por el Guadalquivir a su paso por la capital cordobesa me han vuelto a dar muchas alegrías, sobre todo porque he conseguido encontrar las nutrias que han escogido vivir aquí, en medio de esta belleza monumental como si lo hubieran hecho a propósito.
Pero antes de nada, primero vamos a echar un vistazo a las garzas reales (Ardea cinerea) porque suelen ser las primeras en recibirme (bueno, mentira, primero suelo ver cormoranes y gaviotas volando de lejos). Hay un buen número de ellas en sus riberas este invierno y no cuesta casi nada topar con ellas.
Podemos pasar a las protagonistas de la entrada, las simpáticas e inquietas nutrias (Lutra lutra). No hay grandes fotos, pero es enorme la satisfacción de ver un animal con tanta fama de esquivo. Como el año pasado vi una en abril, me propuse volver a verla este año antes de llegar el verano... y mira qué maravillosa casualidad, que veo tres y antes de acabar enero.
Las empecé a localizar al oír esos sonidos suyos que parecen silbidos agudos, y fue entonces cuando vi algo retorcerse en el agua mientras miraba una garza real... allí estaban, tres ejemplares bordeando a nado las orillas y toreándome con sus inmersiones y apariciones súbitas donde menos las esperaba, hasta que salieron un ratito a tierra firme y saqué lo que pude mientras el sol bajo de la tarde me daba en la cara y cegaba por momentos.
No tardaron mucho en zambullirse de nuevo, estos animales no paran quietos ni un minuto, hasta que me dieron esquinazo al meterse por un meandro fuera de mi vista. En la primera foto vemos a una de ellas disfrutando de su baño mientras una garza real la observa en la esquina derecha.
Tras un pequeño paréntesis en el que os he enseñado la Torre de La Calahorra, voy a seguir con algunos de los vecinos de estas nutrias.
Otros buceadores y pescadores expertos son los cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo) que se pueden ver con frecuencia pasar volando sobre los puentes, posados en las ramas de las orillas o nadando y sumergiéndose, como este primer ejemplar que estaba a la sombra del puente y otro que prefería gozar del solecito.
Por último, a los martinetes (Nycticorax nycticorax) aún los veo a distancia, pero en primavera aumentará su número y con ello las probabilidades de pillarlos más a gusto.
Me voy a despedir con dos imágenes muy distintas. Una es el atardecer sobre el gran río andaluz, y la otra es un ejemplo de lo que saldrá en una próxima entrada que traerá pura esencia de monte mediterráneo.