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lunes, 23 de diciembre de 2024

Viaje con paradas muy interesantes

 




Hay ocasiones en las que uno sale al campo con todas las ganas de disfrutar de una buena jornada bichera viendo todo lo que se pueda... pero resulta ser un fiasco y se regresa a casa con un palmo de narices.
Otras veces, en cambio, la observación de fauna no es el objetivo del día, aunque acabe viéndose de todo por ese azar impredecible que siempre tiene la naturaleza. La publicación de hoy va sobre uno de estos últimos casos, pues un día cualquiera de finales de noviembre me vi en medio de una fructífera sesión de bicheo pese a que no contaba mucho con ello.
El asunto es que iba de viaje hasta mi pueblo de origen y, siendo un trayecto tan largo, programé hacer alguna parada de descanso en puntos muy estratégicos. Pero, primero, ya vi alguna cosita al poco rato de haber salido de mi punto de partida.




Alcaudón real (Lanius meridionalis)

Mochuelo (Athene noctua)

Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus)


La parada que tenía prevista, ya sí entramos en ello, era ni más ni menos que en mi amada y añorada Sierra de Segura. 
Pese a estar en su sector periférico y cercano al omnipresente olivar jiennense, no faltó a la cita una especie tan vinculada a los peñones rocosos como lo es la cabra montés. El día comenzó muy soleado y, mientras los buitres cicleaban alto, una culebra de escalera se aventuró a salir en tan tardía fecha.



Cabra montés (Capra pyrenaica)

Culebra de escalera (Zamenis scalaris)


Fui a tiro fijo a un sitio en el que llevo registrando la invernada de acentores alpinos desde 2014, diez años así como quien no quiere la cosa...
Me recibió un ave igualmente amiga de esos hábitats de pura roca, aunque de lejos porque los roqueros solitarios no se llaman así por capricho.



Roquero solitario (Monticola solitarius)


Pinzón vulgar (Fringilla coelebs)


Se resistía mi objetivo, pero no quise tirar el guante y probé suerte trepando por los escarpes calizos hasta que, afortunadamente, un grupo de estos confiados y agradecidos pájaros apareció para mi disfrute.
Crían en las cumbres de Sierra Nevada, Pirineos o la Cordillera Cantábrica entre otras zonas de alta montaña, pero durante los meses fríos se desplazan a zonas más bajas y es cuando podemos observarlos en estas sierras.



Acentores alpinos (Prunella collaris)

Acentor alpino (Prunella collaris)


El radiante cielo azul desapareció con la llegada de plomizos nubarrones que llevaban la clara amenaza de lluvia. Antes de que cayera la gorda, fueron llegando numerosos buitres leonados que, privados de las corrientes térmicas que minutos antes aprovechaban con mucho deleite, tenían que buscar elevarse en los vientos lo mejor posible, de manera que pasaron volando a muy baja altura junto a la fabulosa sorpresa de una joven águila real que se veía en los mismos menesteres.
También se dejaron ver otras especies de aves como el piquituerto o el gavilán, hasta que cayó finalmente una buena descarga de lluvia y tuve que refugiarme.



Gavilán (Accipiter nisus)

Buitre leonado (Gyps fulvus)

Águila real (Aquila chrysaetos)

Buitre leonado (Gyps fulvus)


Pasada la tormenta, continúe con mi recorrido, pero sin dejar los avistamientos interesantes como el del halcón peregrino bien vigilante en su posadero.




Halcón peregrino (Falco peregrinus)


Tarabilla común (Saxicola rubicola)



Las vecinas sierras albaceteñas, que conforman con las de Jaén, Granada y hasta Murcia un mismo conjunto ajeno a las imaginarias fronteras de provincias y comunidades autónomas que nosotros inventamos, también merecen su espacio en la publicación pese a que solamente viera allí buitres leonados, páridos y larvas de salamandra.




Riópar Viejo

Russula sp.

Riópar




No menos importante fue la paradita de rigor para almorzar, llevando conmigo una buena tortilla casera con pan de horno de leña y lacitos de miel. Un lujo para quienes sabemos disfrutarlo en plena naturaleza junto al recital otoñal de los petirrojos.







lunes, 25 de noviembre de 2024

Cuando el otoño luce llameante

 




Hay lugares que siempre permanecen imborrables en el corazón, con una profunda huella que nada puede borrar.
Tuve la suerte de que a inicios de noviembre me surgiera un excelente pretexto para volver un par de días a mis queridas sierras de Jaén, en las que el otoño por entonces estaría en todo su punto. Nada más llegar nos dedicamos a disfrutar enormemente con los colores flamígeros de caducifolios como arces, chopos, nogales o cornicabras.



Arce

Azafrán silvestre


Bojín


Macrolepiota sp.



Una primera espera para intentar ver quebrantahuesos no dio resultado, aunque el trasiego de buitres leonados nos brindó observaciones de halcón peregrino y águila real con el sonido de los lúganos para recordarnos la estación del año junto al cromatismo de los umbríos y húmedos rincones de esta bendita sierra.



Halcón peregrino (Falco peregrinus)


Águila real (Aquila chrysaetos)



El segundo intento para ver quebrantahuesos, en otro emplazamiento, se frustró de peor manera con la irrupción de unos pazguatos volando un drone mientras proferían gritos continuamente y se hacían peligrosos selfies con el riesgo de caer despeñados.
Estos mentecatos empañaron la experiencia, quitándonos la tranquilidad pero no la estética sublime de esas antorchas que son los chopos llameando en el fondo del valle y los tonos violáceos del crepúsculo.









Ir a la sierra significó adquirir buenas viandas, aunque no anduve fino a la hora de hacerles alguna foto para dejar por aquí, a excepción del rico y crujiente pan de horno de leña que casi liquidamos de una sentada.





martes, 19 de noviembre de 2024

Terminando octubre con las águilas reales

 




Mencioné en la entrada anterior que íbamos a ver mucho por el blog a las orugas de la mariposa macaón (Papilio machaon), bien asentadas en nuestros hinojos y ahora mismo en fase de crisálida, pero eso ya lo veremos a su debido momento.



Comiendo hinojo sin parar

Retrato

Oruga de Papilio machaon



El surtido de aves habitual no reserva sorpresas, aunque bien bonitas que son las especies cotidianas que viven entre bancales de cultivo, pinares y roquedos.



Verdecillo (Serinus serinus)

Chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax)

Petirrojo (Erithacus rubecula)


Sin embargo, a veces toca premio como cuando una tarde apareció nuevamente la pareja local de águilas reales, volando a baja altura para mi gran satisfacción porque lo normal es ver a esta especie volando a mucha distancia.
Fue una suerte que se acercaran a la casa para ciclear y empezar a tomar altura en las corrientes térmicas hasta perderse en la lejanía.



Águila real (Aquila chrysaetos), hembra

La pareja

Águila real (Aquila chrysaetos), macho


Las orugas de macaón no han sido los únicos bichitos vistos a finales de octubre. También se dejaron ver, por ejemplo, la avispa alfarera que salvé de morir ahogada o los numerosos bracónidos (última foto) que merodean la leña para parasitar coleópteros.
Hay que resaltar también la activa migración de mariposas del género Vanessa, que llama menos la atención que los viajes de las aves pese a ser una asombrosa singladura intergeneracional. 



Avispa alfarera (Eumenes sp.)

Vanesa de los cardos (Vanessa cardui)

Saltamontes narigudo (Truxalis nasuta)

Almirante rojo (Vanessa atalanta)

Iphiaulax impostor


Por la noche llega el turno de otras especies, sumándose a las frecuentes salamanquesas los errantes machos de una especie que no me queda clara entre Ummidia o Amblyocarenum, pues me las llegan a identificar en ambos géneros y no encuentro consenso.


Salamanquesa rosada (Hemidactylus turcicus)

Macho errante buscando novia

Pretendiendo que no la veo

Mosca de la humedad


Las noches de finales de octubre, al igual que las de noviembre, son mejores junto a un buen fuego de leña.