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sábado, 16 de abril de 2016

Guiando por Doñana por tercera vez





La entrada anterior no es el último capítulo de mis andanzas por Doñana en compañía de amigos, a primeros de mes le tocó el turno a Ismael para disfrutar de la riquísima naturaleza sureña con las aves de los humedales como plato fuerte.

Llegó a Los Palacios el viernes 1 por la tarde, pudiendo acercarnos un rato al Brazo del Este como primera toma de contacto con la extraordinaria ornitofauna de aquí; pero las salidas a lo grande empezaron al día siguiente, repitiendo el mismo plan que con Ramón y Silvia al tener como destinos las Salinas de Bonanza por la mañana y el Brazo del Este por la tarde.

La semana anterior comentaba lo poco que se veían las limícolas pequeñas en las salinas, y justo a nosotros nos tocó un buen paso migratorio de correlimos zarapitines (Calidris ferruginea) junto a sus primos los correlimos menudos (Calidris minuta) y comunes (Calidris alpina), todos ellos vistos a buena distancia y con buena luz, por suerte tal como yo quería que mi invitado los viera. También pululaban por las orillas los chorlitejos grandes (Charadrius hiaticula) bajo el vuelo grácil de las canasteras (Pratincola glareola), y vimos otras especies como avocetas, agujas colinegras, chorlitejos chicos, un zarapito trinador o archibebes comunes y claros.















Las canasteras fueron una especie nueva para Ismael, así como también las gaviotas picofinas (Larus genei), tan bonitas con su mejor plumaje ahora mismo, comiendo en los mismos lugares que los flamencos (Phoenicopterus roseus).
Otras especies interesantes fueron una pagaza piquirroja (muy lejos y fugaz, una vez más), varias pagazas piconegras, tarros blancos y un águila pescadora (Pandion haliaetus) que nos sobrevoló bastante cerca después de haber estado patrullando la zona en busca de pesca. Y no faltaron especies más comunes en otros sitios pero no por ello menos bonitas, como la lavandera boyera (Motacilla flava) y la garceta común (Egretta garzetta).














A Ismael le apetecía ver las malvasías que hay en la cercana laguna del Tarelo y nos acercamos dándolas por seguras, pero nos fallaron las muy malditas... aunque a cambio nos llevamos la maravillosa sorpresa de encontrar una colonia de cría con espátulas, martinetes y garcillas cangrejeras y bueyeras, ¡no me lo esperaba! Fue toda una satisfacción toparnos con una de las famosas pajareras de Doñana, aunque a escala reducida, claro.






A mediodía nos volvimos a Los Palacios para ponernos gordacos comiendo cosas ricas, y nos dimos una vuelta por las afueras viendo orquídeas Ophrys speculum (las fotos me las reservo para una futura entrada del pueblo).

Así nos fuimos para el Brazo del Este en el momento óptimo para disfrutar de la luz buena en los mejores puntos de observación. Al poco de llegar tuvimos buena cantidad de patos colorados (Netta rufina), flamencos, espátulas (Platalea leucorodia), agujas colinegras (Limosa limosa), algunas pagazas piconegras (Gelochelidon nilotica), un bonito macho de aguilucho cenizo (Circus pygargus), garcillas cangrejeras (Ardeola ralloides) y un águila pescadora dejándose ver muy bien.

















La lista de especies fue desde luego mayor, incluyendo moritos, calamones, garzas imperiales y reales, garcetas grandes, fumareles cariblancos (con uno que dimos por común), avocetas, archibebes oscuros, águilas calzadas, aguiluchos laguneros, combatientes, el alimoche que ya conocéis, etc...
Dos especies particularmente interesantes para los observadores de aves fueron las dos polluelas pintojas (Porzana porzana) que ya vi días antes y el híbrido de garceta dimorfa con garceta común, que allí seguía después de meses sin saber nada del animal.

Al día siguiente nos fuimos a Grazalema para ver orquídeas, paisajes agrestes y lo que se terciara, pero he decidido incluirlo en una entrada aparte porque esa mañana resultó ser de lo más provechosa... y porque la sierra es mi medio natural, eso lo sabéis de sobra. ¡Será la próxima publicación!











jueves, 22 de octubre de 2015

Las garzas que nos acompañarán





Hace ya mucho tiempo que no veo garzas imperiales ni avetorillos, sobre todo estos últimos, desde que dieron el salto africano para pasar allí el invierno. No puede decirse lo mismo de nuestras otras dos garzas estivales, el martinete y la garcilla cangrejera, de las que a veces veo algunos de esos ejemplares que deciden no darse el gran viaje y se quedan aquí todo el año.

El relevo lo ha tomado otra ardeida, la garceta grande (Egretta alba) que aumenta sus efectivos con la llegada de los ejemplares que llegan como invernantes y se unen a las unidades reproductoras de las marismas del Guadalquivir, convirtiéndose en una de las zancudas que más habitualmente veo en las salidas por el paraje del Brazo del Este. 
Es muy normal verla en los arrozales cosechados junto a otras especies de garzas y cigüeñas, aunque con la típica desconfianza que suelen mostrar este tipo de grandes aves. No obstante, he tenido alguna oportunidad de disfrutar a corta distancia de algún ejemplar en vuelo.







Siempre muy ubicua y fácil de encontrar, así es la garza real (Ardea cinerea), que no por ello es siempre fácil de fotografiar en condiciones. De hecho, he tardado en ello más que con las tímidas garzas imperiales, curiosamente.
Me dijo hace meses un compañero del trabajo, siempre observador curioso de la naturaleza, que se fijó en que ahora ve mucho a las garzas reales en medio de los campos cuando años atrás sólo las veía en zonas acuáticas como ríos o embalses. Fijaos en que no hace falta ser muy conocedor de las aves para darse cuenta de que esta gran garza ha ido sabiendo aprovecharse de los recursos disponibles, ya sea sacando tajada de las maquinarias agrícolas que remueven el suelo o simplemente cazando topillos en los labrantíos.









Además de la garza real, hay otras ardeidas que siempre están con nosotros durante todo el año, las blancas y reconocibles garcillas bueyeras y garcetas comunes. Precisamente una garceta común engendró este híbrido (que ya conoceréis de otra entrada del blog) con una garceta dimorfa (Egretta gularis) de las que cada vez más visitan nuestra geografía desde África. Aunque el caso es que hace mucho tiempo que no me topo con este amiguete de curioso plumaje, la última vez fue en septiembre... pero a ver quién asegura su presencia con el follón de garzas que hay ahora mismo dispersas por todo el arrozal tras el fangueo...

Tal vez llame vuestra atención que no mencione al avetoro, la única ardeida ibérica que me he dejado en el tintero, pero resulta ser también la única que no he visto hasta ahora... quién sabe si con el tiempo... ojalá.