Entre tanta salida serrana con buitres, ciervos y rapaces surtidas, vamos a dar un toque de variedad con las aves de los humedales españoles, muy bien representadas en el Parque Nacional Tablas de Daimiel, que visité ayer en compañía de dos amigos, también con blogs aquí y aquí (además, en este último blog también sale su visión personal de esta salida).
La cantidad de anátidas es espectacular, por lo menos para mí, que no las veo a diario (en mi pueblo hay azulones y nada más). Como en otras entradas de Daimiel ya puse un amplio catálogo de patos, esta vez no me extenderé tanto y pondré los que he sacado mejor que la otra vez, o los que directamente he fotografiado por primera vez.
Así tenemos por ejemplo al porrón moñudo (Aythya fuligula), el pato colorado (Netta rufina), la cerceta común (Anas crecca) y la rara cerceta pardilla (Marmaronetta angustirostris). De esta última encontramos un grupo bastante numeroso, algo muy agradable en una especie en peligro.
Entre ellos se podía ver un simpático zampullín chico (Tachybaptus ruficollis) con sus rápidas inmersiones, para reaparecer luego como un corcho flotante.
Especies curiosas aparte, os presento tres novedades para la ciencia: las golondrinas jodefotos, el ánade abusón y la gallineta ninja.
Vale, dejo las tontadas.
Excepto la gallineta y la focha, los rállidos tienen fama de esquivos y difíciles de ver, pero tuvimos la suerte de disfrutar de tres ejemplares de rascón (Rallus aquaticus) y un calamón (Porphyrio porphyrio) más cercano que los dos que vi en Marmolejo (y con mejor luz).
Por si fuera poco, otra ave huidiza como la agachadiza común (Gallinago gallinago) salió a darse un baño. En la última foto veréis que un rascón estaba muy cerca.
Una de las estrellas del día fue este solitario ejemplar de morito (Plegadis falcinellus), que fotografié desde lejos hasta que resultó dejarse aproximar mucho. Es una pena el contraluz, pero tenerlo cerca fue un momentazo, tanto que hasta se le lee MJ3 en la anilla de su pata... por lo que será la primera vez que reciba el historial de un ave.
Otros ilustres alados fueron la garza real (Ardea cinerea), los flamencos (Phoenicopterus roseus), la cigüeña blanca (Ciconia ciconia), el aguilucho lagunero (Circus aeruginosus) y la garceta grande (Egretta alba).
Desde luego hay que ver las cosas, justo cuando nos quejamos de que los aguiluchos laguneros se vieron demasiado lejos y no encontramos garcetas grandes, van y pasan volando.
Entre la pequeña fauna, escojo uno de los abundantes mosquiteros comunes (Phylloscopus collybita) y esta minúscula mariposa.
Las especies vistas rondaron en torno a 50, entre las que hay que incluir a los carismáticos ánsares. Pero, hablando de carisma, la esencia del otoño y el invierno en estos parajes está en la especie estrella de esta salida para mi gusto, que he dejado para el final como preludio lo que me esperará en el festival de las grullas en Extremadura. Fue magnífico disfrutar durante toda la jornada de sus reclamos y sus ordenados vuelos, pero es sólo el principio...