Así que hoy cambiamos la caliza por los roquedos silíceos de Despeñaperros para contar lo que he visto este fin de semana pasado.
Salí poco, la verdad, pero lo suficiente como para disfrutar de un buen rato de campo y bicherío. El domingo por la mañana estuve en el Cerro del Castillo, magnífica atalaya sobre el monumento natural de Los Órganos para avistar fauna alada muy variada.
En las fechas en las que estamos hay una ingente cantidad de insectos revoloteando sobre los pastizales en flor, y numerosos ejemplares de Libelloides baeticus estaban bien atentos para depredr sobre ellos. Por cantidad y variedad destacaron los lepidópteros, de los que aquí puedo mostrar el lobito listado (Pyronia bathseba), la manto bicolor (Lycaena phlaeas), la dorada línea larga (Thymelicus sylvestris), la sofía (Issoria lathonia), la loba (Maniola jurtina), la medioluto inés (Melanargia ines) y la saltacercas (Lassiomata megera).
Las oportunidades para fotografiarlos en condiciones fueron considerables al estar en un cerro que utilizan para el llamado "hill-topping", comportamiento territorial de estos animales y otros insectos en el que pelean por ganar estas zonas elevadas.
Bajo una luna casi sanguínea cantaban el celo unos sapos corredores (Epidalea calamita) en unas graveras de arcillas aún más rojas que la luna, y es que las recientes lluvias crearon nuevas charcas temporales del tipo que ellos les gusta para su arriesgada estrategia reproductora. Se arriesgan a que sus larvas mueran al secarse tan efímeros puntos de agua, pero consiguen librarse de competidores y predadores si les sale bien la jugada.
A estos coros nocturnos se unió la voz de las aves que quería ver en esa salida. Los chotacabras cuellirrojos (Caprimulgus ruficollis) están de nuevo para pasar los meses cálidos con nosotros, patrullando los pastizales con su silencioso vuelo de caza de insectos, tomando el relevo de horas intempestivas de los vencejos si así lo pensamos.