 |
| Laredo |
Desde que tenía 14 años he estado yendo a Cantabria en verano casi todos los años, cosa bien conocida por quienes hayan estado siguiendo este espacio desde hace años.
Las andanzas veraniegas por la costa cantábrica eran un interesante paréntesis hasta que volvía a mi tierra, pero siempre me dijeron que tenía que conocer Cantabria durante el invierno para disfrutar de las especies de aves que allí llegan buscando refugio durante los meses más duros, especies novedosas para mí en general.
Mi amigo
Alberto Benito me invitó a ir a finales de febrero aprovechando unos días libres que tuve. El sábado 24 me esperaba en Reinosa para subir juntos a Santander, pero antes teníamos una cita con un cisne cantor (
Cygnus cygnus) en el Embalse del Ebro. Por el camino me dio por preguntar si no es posible ver en esas fechas gatos monteses (
Felis silvestris) cazando durante el día... y minutos después vimos una hembra caminando tan tranquila por el arcén.
 |
| Nieve en Alto Campoo |
Esa tarde estuvimos dando una vuelta por la Bahía de Santander, pero en vista de que no sacamos ninguna de las especies nuevas vamos a pasar directamente al domingo 25 para entrar de lleno a lo interesante. Ese día llegó soleado y despejado, ya tuve suerte de poder pillar los únicos días de sol que había desde el año pasado, y se dio realmente bien la cosa al ir viendo las especies nuevas de aves con buena luz y observaciones de calidad.
Fuimos a las Marismas de Santoña, el que probablemente sea el mejor humedal del norte de España a pesar de estar acorralado por el desarrollo urbano e industrial. En las playas de Laredo disfruté por primera vez de las barnaclas carinegras (
Branta bernicla) que en los últimos años buscan refugio invernal en elevados números, así como también fueron novedad los colimbos chicos (
Gavia stellata) al ver un lejano ejemplar en vuelo y otros dos nadando y buceando cerca de la playa mientras los charranes patinegros (
Thalasseus sandvicensis) patrullaban la zona y se lanzaban en picado para pescar de cuando en cuando. Ya empezaba realmente bien la jornada.
El puerto de Santoña es otra parada clásica para observar aves. Ya lo conocía de cuando he estado en verano, pero no tenía nada que ver con lo que esta vez me esperaba.
Nos recibió un bando de moritos (
Plegadis falcinellus), una imagen muy familiar para mí en los humedales del sur que contrastó con la experiencia nueva de ver un arao (
Uria aalge) y varias alcas (
Alca torda). Un reclamo de bisbita me sonó extraño y pensamos que pudo ser de bisbita costero en vista de que se pueden ver allí mismo, en la plaza de toros concretamente.
Todo esto mientras de fondo se veían las grandes concentraciones de barnaclas carinegras alimentándose de
Zostera marina (plantas acuáticas, no son algas) y emitiendo sus extraños reclamos.
Cerca de las conserveras de Santoña pudimos ver durante largo rato un colimbo grande (
Gavia immer) en busca de cangrejos, a los que sacudía para que se les desprendieran las patas y así tragarlos mejor.
Normalmente los colimbos invernan en puertos y bahías, pero éste se puede ver en agua dulce recordando vagamente a la imagen que ofrecería en sus zonas de cría en Islandia, Groenlandia o Norteamérica. Seguramente podáis recordar la típica imagen de las películas con un pantano o un lago en el que se oye una especie de aullido lastimero... pues ese reclamo pertenece al colimbo grande.
Fueron variadas las especies de anátidas observadas, como los ánades frisos (
Anas strepera) de la foto que bien merecieron ser fotografiados en vuelo, pero destacando muy especialmente el macho de eider común (
Somateria mollissima) que se ve frente al observatorio de la Arenilla. Llegó el invierno pasado y decidió no migrar de regreso al norte de Europa en primavera, dando tiempo a que llegue a la madurez y nos regale la visión de su precioso plumaje de macho adulto. Si ya conté una curiosidad popular sobre el colimbo, para los no versados en aves comentaré que del eider se consigue el famoso plumón de los edredones, ya que la hembra forra sus nidos con él para aislar la puesta.
Después nos acercamos a Cicero, a observar la marisma desde un punto que no conocía. Había una gran cantidad de chorlitos grises (
Pluvialis squatarola) y correlimos comunes (
Calidris alba) entre otras limícolas y bandos no menos numerosos de silbones (
Anas penelope).
Los zarapitos reales (
Numenius arquata) son otra especie que inverna cuantiosamente allí poniendo banda sonora con sus bonitos reclamos, y junto a los emparentados zarapitos trinadores estaba otra de las estrellas de Santoña. Menos mal que Alberto y también
Miguel Rodríguez y
Javi Hernández (nos encontramos con ellos varias veces durante el día) están acostumbrados a reconocer rápidamente al zarapito de Hudson (
Numenius hudsonicus) entre sus muy similares primos trinadores. De hecho, esta especie es nueva muy recientemente al haber sido considerada hasta hace poco subespecie americana del zarapito trinador. Su ceja más marcada, el tono claro del plumaje con menor estriado y, sobre todo, la ausencia de color blanco en el obispillo lo distinguen.
Colindres fue otro sitio nuevo, en verano no tendría gran cosa para que lo hubiera conocido antes mientras que en invierno está aquello lleno de correlimos comunes, chorlitos grises, chorlitejos grandes (
Charadrius hiaticula), agujas colinegras (
Limosa limosa), zarapitos reales, silbones, espátulas (
Platalea leucorodia), ostreros (
Haematopus ostralegus), gaviones (
Larus marinus) o el águila pescadora (
Pandion haliaetus).
Ninguna especie nueva como veis, pero no podía dejar de estar encantado ante esa variedad y cantidad.
Cambiamos Santoña por la Bahía de Santander para ver anátidas en las Marismas Blancas de Astillero. Es un sitio que ya he enseñado por el blog en mis salidas veraniegas, cuando por allí andan siempre los charranes comunes con sus pollos, pero ahora el asunto pasó a los patos como dije antes, porque entre los numerosos porrones moñudos (
Aythya fuligula), cucharas (
Anas clypeata), ánades frisos y cercetas comunes (
Anas crecca) nadaba una hembra de porrón osculado (
Bucephala clangula).
Se trata de una especie que nos llega escasamente como invernante y por supuesto fue debidamente anotada como novedad.
Terminanos la tarde en el puerto de Santander, viendo algunas gaviotas argénteas (
Larus argentatus) y una pareja de halcones peregrinos (
Falco peregrinus) con la que llegamos a presenciar una cópula.
Y así acabó una magnífica jornada en la que el tiempo soleado acompañó las muy buenas observaciones de especies nuevas entre otras tantas que no son nuevas pero no me resultan menos interesantes, tanto que ya veis que ha dado para una entrada única con la pequeña excepción del cisne y el gato montés del día anterior.
La salida del lunes 26 la dejo para la próxima publicación, que espero que también os guste.
 |
| Garza real (Ardea cinerea) |