A diferencia de su primo el sapo corredor, con sus sonoros coros nocturnos croando intensamente por las charcas de Bailén, el sapo común es más discreto en sus amoríos, pero resulta más visible al aparecer a plena luz del día mientras damos un paso por la sierra durante marzo y abril.
Así es como mi mejor amigo y yo nos encontramos con varios ejemplares en un tranquilo y limpio arroyo de la Sierra Morena de Jaén, que ya me ha mostrado en otras ocasiones sus valores naturales al ir detectando allí especies como el azor, el cárabo, la culebra de collar o distintas especies de libélulas (haz click aquí para echar un vistazo). Allí vimos un pareja en pleno amplexo, que es cuando el macho (de menor tamaño como en otras especies de anuros) se aferra a la hembra bajo las axilas con la ayuda de unas callosidades que desarrolla en esos días para tal fin, a la espera de fecundar las ristras de huevos de su compañera.
Ya vimos que alguna pareja dejó allí los cordones gelatinosos de sus puestas, pero varios machos aún estaban solos a la espera de poder conquistar alguna dama.
Y algún otro habitante serrano de mayor tamaño, al encontrarnos con un grupo de jabalíes (Sus scrofa) con sus crías. Fue muy curioso que justo íbamos hablando de ellos cuando vimos aparecer estos adultos con los rayones.
También vimos picogordos, un azor, buitres leonados, y oímos el reclamo de un águila real; una buena salida matutina un poco pasada por agua. No tardaré mucho en publicar alguna otra cosilla de Jaén, además de mi propio pueblo, ya veréis.