domingo, 20 de mayo de 2018

Esperando al roquero rojo




A mediados de abril estaba la Sierra de Grazalema con un ambiente primaveral desbordante de vida como pudimos ver en otra publicación anterior, tan sólo me bastaba salir a la terraza para ver golondrinas comunes (Hirundo rustica), vencejos pálidos (Apus pallidus), buitres leonados (Gyps fulvus), algún milano negro (Milvus migrans) o una cigüeña negra (Ciconia nigra) migrando hacia su hogar.








Esta cigüeña negra la vi el 17 de abril, el mismo día que elegí salir hacia las zonas altas de la sierra para comprobar si ya había llegado otro migrador que estaba esperando con ganas: el roquero rojo.

Por la carretera me pareció ver el colorido de unas orquídeas y paré a echar un vistazo. Junto a una jara blanca con inquilino (una araña cangrejo atrapando una abeja, que no vi hasta fijarme bien en la foto) estaban las orquídeas Ophrys lutea, Ophrys speculum, Orchis italica, Ophrys tenthredinifera y Cephalanthera longifolia.










Más adelante hice una segunda parada donde sabía que me esperaba otra especie interesante que tenía ganas de ver. Cerca de varias Ophrys lutea más y alguna Ophrys fusca venida a menos había unas Aceras anthropophorum a las que todavía faltaba un tiempo para mostrar todo su esplendor.







Al fin llegué al Cerro Coros con el tiempo un poco apurado tras estas paradas que se alargaron más de lo esperado, con el recibimiento de buitres leonados (Gyps fulvus), un águila calzada (Hieraaetus pennatus) con una presa en las garras y una imponente águila real (Aquila chrysaetos) que fue vista y no vista.










En la cima marcaban territorio machos de lepidópteros como la vanesa de los cardos (Vanessa cardui) y el almirante rojo (Vanessa atalanta). Allí no tardé en oír el canto de los roqueros y no me quedaba muy claro de qué especie se trataba, pero por suerte los roqueros solitarios (Monticola solitarius) se mostraron muy a la vista y pude comprobar que en otro barranco era su primo el roquero rojo quien cantaba al tener la oportunidad de comparar en directo los cantos de ambas especies... aunque me quedé con la espinita de que el roquero rojo no se animara a dejarse ver.






No tuve suerte con esa especie, pero el día 19 me salió mejor la jugada al probar con otra ave que quería ver por la zona. Fui con Antonio Acosta al Río Majaceite tras saber a través de él que allí hay mirlos acuáticos (Cinclus cinclus), cosa que yo desconocía y me sorprendió muy gratamente. Bien cierto es que el hábitat es maravilloso para tan exigente especie, pero no esperaba su presencia allí con tanto turismo.

También hay que tener en cuenta que yo hasta ahora sólo había conocido el tramo del río más cercano a la localidad de El Bosque, pero fuimos por la otra mitad que se acerca hasta Benamahoma y allí pudimos ver unos tres ejemplares junto a otras aves como el petirrojo (Erithacus rubecula) y un precioso macho de papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca).








También vimos ácaros rojos, un pseudoescorpión, orquídeas Ophrys bombyliflora (junto a Ophrys lutea, Ophrys tenthredinifera, Ophrys fusca, Ophrys speculum y Cephalanthera longifolia, sin fotos para no repetir mucho) y colmenillas en ese recorrido que paisajísticamente ya merece la pena muy sobradamente.
Ya seguiremos viendo qué más cosas han ido ocurriendo por Grazalema, que con el atraso que llevo publicando ya os haréis a la idea de que han abundado las observaciones interesantes.










jueves, 17 de mayo de 2018

Lagunas cordobesas




El 15 de abril me esperaba aún una segunda sesión de naturaleza cordobesa junto a José Carlos Sires y Esperanza Poveda yendo a visitar un par de lagunas al sur de la provincia, pero primero me llevaron a ver los cernícalos primillas (Falco naumanni) de la capital y pudimos ver varios ejemplares antes de ponernos en marcha.
Estos primillas están allí como resultado de un proyecto de reintroducción llevado a cabo por la asociación GREFA, todos sabemos ya a estas alturas los muchos problemas que está teniendo la especie para criar en unos núcleos urbanos en los que cada vez hay menos sitios adecuados para anidar.






Grajillas (Corvus monedula), competidoras por los huecos para anidar

Después de este breve paseo por la ciudad nos dirigimos a las campiñas del sur cordobés para ver la laguna del Rincón, declarada Sitio Ramsar por su importancia en materia de conservación. Hay que recordar que en los años 70 quedaba en la vecina laguna de Zóñar una veintena de malvasías, las últimas de nuestra fauna ibérica, hasta que empezaron a recolonizar las lagunas cercanas y otros humedales del sur peninsular.

Allí empezamos viendo especies comunes como el aguilucho lagunero (Circus aeroginosus) o el avión común (Delichon urbicum) y un notorio paso migratorio de mosquiteros papialbos (Phylloscopus bonelli) y musicales (Phylloscopus trochilus) mientras en las orillas se veían ranas comunes (Pelophylax perezi) y mariquitas de la especie Epilachna argus.










No podía faltar el típico cartel con especies de aves que mostraba prácticamente de todo, incluyendo especies que muy raramente se podrán observar allí, con no poca guasa por nuestra parte.
Pero claro que vimos bastantes aves, eso por supuesto. Pudimos observar zampullines cuellinegros (Podiceps nigricollis), gallinetas (Gallinula chloropus), porrones comunes (Aythya ferina), patos colorados (Netta rufina) y somormujos (Podiceps cristatus), además de especies detectadas por el oído como por ejemplo el ruiseñor o el calamón.














La especie estrella de la laguna, la malvasía cabeciblanca (Oxyura leucocephala), la disfrutamos de maravilla al ver varios ejemplares a corta distancia.
Actualmente la podemos ver en numerosos humedales de Cádiz, Ciudad Real, Toledo, Murcia, Málaga o Alicante entre otros sitios, pero continúa siendo una especie amenazada con obstáculos para su conservación como la introducción de especies exóticas o que incompresiblemente se pueda cazar en los lugares en los que habita junto a otras especies protegidas que también se llevan mucho plomo todos los años.











Yo tenía que volver a Prado del Rey (Cádiz) por la tarde, pero antes tuvimos tiempo de ver la laguna de Zóñar más que nada por la curiosidad de ver el entorno y recordar la historia de la recuperación de la malvasía. Como dato final me gustaría mencionar que más bien se trata de un lago por la profundidad que alcanza, siendo por tanto el único lago natural de Andalucía.
Esto me deja claro que tengo que seguir conociendo mejor la provincia de Córdoba, tan cercana a mi tierra natal.