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martes, 23 de junio de 2015

Criaturas de la noche




Es bien sabida mi afición por las salidas nocturnas en busca de las especies que habitan la oscuridad, tal es el caso de los chotacabras cuellirrojos (Caprimulgus ruficollis) que vi en los olivares de Bailén a su llegada migratoria en abril. Todos los años les dedico alguna que otra sesión porque me atraen muchísimo con sus colores de camuflaje que muestran un complicado y exquisito dibujo y esos rostros de aves adaptadas a cazar insectos durante la noche. Por algo es el ave con la que estrené el blog en los últimos meses de  2011 (ahí es nada).







También en Bailén y en abril fui testigo de la reproducción de los sapos corredores (Epidalea calamita), que vi de casualidad al cruzar uno ante mi coche. Estuvieron llenando la noche con sus reclamos de encendida pasión y se ve que les cundió la cosa, porque la charca estaba llena de sus ristras de huevos a la mañana siguiente, aunque tuvo desdichado final al secarse el agua en poco tiempo...









La Sierra de Segura también ha tenido sus salidas nocturnas por Siles y Torres de Albanchez, intentando en vano buscar si allí podía haber chotacabras en carreterillas de olivar y pastizales a la manera de Bailén.
Pero a cambio me llevé un buen repertorio de bicheo, con insectos como el extraño y enorme saltamontes Truxalis nasuta y la mantis palo (Empusa pennata), un ejemplar macho como podemos ver gracias a sus antenas con forma plumosa.
Los anfibios y reptiles también dieron mucho juego, al fotografiar un tritón pigmeo (Triturus pigmaeus), un pequeño sapo común (Bufo bufo) y algunas ranas comunes (Pelophylax perezi). La segunda rana la encontré en una alberca de Siles, donde encontré también al predador que suele estar allá donde haya muchos de estos anfibios: la culebra viperina (Natrix maura).
















Un apartado especial de esta entrada va dedicado ni más ni menos que a la terraza de mi casa, donde numerosos insectos son atraídos por la luz de su farol, sobre todo una variadísima muestra de mariposas nocturnas que incluye muchas especies que ni conozco.












Entre todas estas polillas hay dos especies que me han gustado particularmente por su tamaño y vistosidad, son la polilla tigre (Arctia villica) y la esfinge rayada (Hyles livornicus), que revolotean con similar follón de alas zumbantes. 








No todo son lepidópteros, claro está, hay otros muchos insectos como el bichejo rojo de la primera foto, las crisopas y las efímeras, entre otros más. Como ejemplos de llamativas sorpresillas ahí tenéis un escarabajo sanjuanero (Melolontha melolontha), una hembra de escarabajo rinoceronte (Oryctes nasicornis) y una hormiga león (Distoleon tetragrammicus).












Al igual que ocurre con la presencia de culebras viperinas donde haya muchas ranas, tanta cantidad de insectos nocturnos atrae a los depredadores, como las salamanquesas (Tarentola mauretanica) y una mantis palo que ha aparecido en un par de ocasiones bajo el farol, dejando en el suelo las alas de las polillas como firma de sus fechorías.
Antes de que acabe junio me dará tiempo de colgar una entrada con lo observado en Siles durante este mes, que ha sido mucho y variado, ¡hasta pronto!











miércoles, 17 de junio de 2015

Enseñando la Sierra de Segura, 3ª parte: ¡el halcón de Eleonora!




En lo que llevo de curso he tenido la fortuna de recibir tres visitas de amigos, con la enriquecedora experiencia de ser cada una de ellas diferente dentro del marco común de conocer y patear tan sensacional comarca. Los primeros fueron Ismael y Aurora, con especial interés en ver los pueblos y monumentos junto a su innegable calidad paisajística y un poco de fauna, luego llegó Alain con sus ganas norteñas de salir de senderismo y patear cumbres, y el pasado finde vino Javi Pérez desde Estepa con las mismas intenciones con las que yo salgo cada tarde: el bicherío puro y duro, compartiendo unos días en los que los dos nos parábamos media hora con prácticamente cada bichejo o planta que nos topáramos. 

La tarde del día 11 la pasamos en Torres de Albanchez con la intención de ver al insecto Nemoptera bipennis, cosa que no pudo ser por el casi constante viento, pero nos llevamos otros artrópodos interesantes como la araña lobo (Hogna radiata), el escorpión (Buthus occitanus) y un escarabajo longicornio, concretamente el taladro de la encina (cerambyx welensii). También estuvimos disfrutando de las águilas calzadas que se reproducen en la zona y se dejan ver con mucha frecuencia.










De allí fuimos al collado que se encuentra en la carretera de Torres de Albanchez-Villarrodrigo, aquel lugar tan especial para mí en el que hace tres años observaba una generosa variedad y calidad de aves rapaces... y tanto fue así que nos encontramos el sorpresón que tenemos en el título de la entrada.
Vimos el espectáculo de tener hasta cinco águilas calzadas al mismo tiempo, la veloz aparición de un halcón peregrino, y un segundo peregrino que avanzaba de frente hacia nosotros... ¡NO! Era más estilizado, con alas muy largas y una coloración diferente, porque estábamos ni más ni menos que frente a un inesperadísimo y precioso halcón de Eleonora (Falco eleonorae) en sus vagabundeos migratorios.

Este halcón se distribuye por islas y costas mediterráneas y una porción del Atlántico, de manera que en nuestro territorio se reproduce en Baleares, Columbretes y Canarias. ¿Qué hacía entonces en medio de una serranía de Jaén? Pues resulta que es una especie migradora que pasa los inviernos en Madagascar y, debido a sus tardías fechas de reproducción (que ajusta para tener un suministro de avecillas migradoras con las que alimentar a sus pollos), se aventura dentro de la Península en su periplo mientras se atiborra de insectos voladores como el escarabajo sanjuanero. 

Esto hizo más interesante si cabe un avistamiento de horas atrás. A mediodía nos tomamos en Siles unas tapas en un bar con amplias vistas a los huertos y olivares que también se ven desde mi piso, y vimos una estilizada y ágil rapaz que tomamos por alcotán, hasta que este avistamiento de la tarde nos hizo recordar que era en verdad un ave de mayor tamaño y dorso muy oscuro. ¿Pudo ser el mismo ejemplar u otro distinto? Quién sabe, pero fue interesantísimo avistar esta especie en Siles y Torres de Albanchez, precisamente los dos pueblos a los que más cariño tengo.









Para la tarde del viernes 12 escogí enseñarle Las Acebeas y el calar del Navalperal, acertadamente declarados como área de reserva en base a su valiosísima biodiversidad.
Paseando por pinares cuajados de acebos, avellanos, arces y quejigos fuimos viendo especies como el escarabajo rinoceronte (Oryctes nasicornis), la mariposa colias común (Colias crocea), el pico picapinos (Dendrocopos major), la doncella tímida (Melitaea didyma), una araña verde sin identificar (Araniella sp.) y la orquídea Anacamptis pyramidalis.










Tuvimos sobre nosotros a una pareja de culebreras (Circaetus gallicus) con sus reclamos similares a gaviotas, algo en lo que no se prodigan mucho. Normalmente las veo allí a lo lejos, cerniéndose sobre las laderas en busca de reptiles que llevarse al buche, pero quiso la suerte que justo ese día nos pasaran volando cerca, para poder admirar su innegable atractivo.
También andaban por allí unos jóvenes halcones peregrinos (Falco peregrinus), que más bien vimos posados a lo lejos, pero bien lejos como podéis ver en las churro-fotos.







Buscando presas






Vimos otras muchas especies, como la cabra montés, el ciervo, el cernícalo vulgar, el águila calzada, el buitre leonado, el piquituerto, el escribano montesino, el reyezuelo listado, el carbonero garrapinos, el herrerillo capuchino, el lagarto ocelado, el tritón pigmeo o la rana común, entre otras.
Durante la bajada un macho de roquero solitario (Monticola solitarius) nos deleitó con unos avistamientos algo más cercanos a los que acostumbran, reclamando sin parar y haciendo unos curiosos movimientos bajando la cabeza y levantando la cola.







El sábado lo tuvimos entero para poder pasarlo en el monte, empezando la mañana en el Bucentaina y la Piedra del Agujero. Yo no tomé fotografías por el cielo tan oscuro y nublado que tuvimos, pero estuvimos viendo buitres leonados, aviones roqueros, cabras montesas y halcones peregrinos entre otras cosas, además de disfrutar de la fabulosa regeneración del monte mediterráneo que allí se da con madroños y lentiscos entre los más habituales romeros y enebros. Con un bichete sí que me paré a sacar la cámara de fotos, porque al fin una libélula Cordulegaster boltonii se dignaba a quedarse posada y quietecita (normalmente pasan volando de un lado a otro sin parar).





A mediodía nos tomamos el bocata en el mirador de La Rayuela, para dirigirnos luego a la laguna de Siles, donde pasamos la tarde entera merced al potencial que tiene.
En el interior de los juncos se escuchaban la gallineta y el zampullín chico, mientras que en los árboles de alrededor pude llegar a ver picogordos un par de veces. Fue reseñable que durante el camino de ida y vuelta vimos una curruca zarcera, que regaló a mi archivo mental su reclamo para que la pueda reconocer más veces.
Estuvimos de lo más entretenidos fotografiando a los caballitos del diablo Lestes dryas e Ischnura graellsii, la lagartija cenicienta (Psammodromus hispanicus), arañas de laberinto (Agelena labyrinthica) y un insecto palo. Una especie sin fotografiar fue especialmente interesante, porque entre las hierbas se nos escabullieron varios eslizones (sin poder confirmar cuál de las dos especies ibéricas), aunque uno nos dio tiempo de asegurarnos bien de que se trataba de ese tipo de reptil al mirarnos un rato desde debajo de un espino.











Por último, hicimos un par de salidas nocturnas por si se dejaban ver los búhos chicos que se oyen reclamar en Siles, o por si hay chotacabras en las zonas de olivar, con resultados negativos en ambas ideas, pero a cambio nos llevamos un zorro, una gineta (yo nunca había visto una viva), zarceros comunes y un gavilán al atardecer junto a la crepuscular libélula Boyeria irene y lo que veis en este par de fotos: unos pollitos de curruca (parece la cabecinegra) y una araña peluda sin identificar.





Espero que lo pasaras bien, Javi, en este serrano cambio a tus campiñas de ortegas, avutardas, alcaravanes, aguiluchos cenizos, canasteras y pagazas piconegras, pero similar a esa Sierra Sur de Sevilla que debo conocer. 
La imagen final de hoy es para el Banderillas, que con sus 1.993 metros se ve así de imponente desde el Navalperal.