El pasado lunes día 15 tuve una de las mejores salidas que he vivido en el Parque Nacional de los Picos de Europa (aparte queda la polémica sobre si debe considerarse como parque nacional un lugar donde permiten la matanza de lobos). Puedo afirmar que fue una jornada completísima con especies alpinas novedosas para mí, y encima para colmo yendo un grupito de pajareros con muchas ganas de disfrutar de una buena excursión, pues fui con
Ramón y Silvia,
Alberto Benito y
Miguel Rodríguez.
El viaje en sí ya era un placer al ir viendo esos tremendos paisajes agrestes del tipo que tanto me encantan y atraen irremisiblemente, y nada más llegar a Fuente Dé subimos a esas alturas espectaculares para empezar a conocer su particular fauna.
Contábamos con ver las chovas piquigualdas con seguridad, y otras aves para la lista eran el acentor alpino, el gorrión alpino y quizás el treparriscos, además de mi pequeña esperanza de ver algún quebrantahuesos trotamundos... cosa que no ocurrió, pero en cambio tuve una grata sorpresa al descubrir a una collalba gris (Oenanthe oenanthe) hostigando sin parar a una comadreja (Mustela nivalis) de modo que la hacía ocultarse desesperadamente bajo las rocas, hasta conseguir huir finalmente del acoso del gallardo pajarillo.
Nuestros jóvenes compañeros se afanaban en buscar las avecillas alpinas y lo conseguían con soltura, localizando pronto prados con presencia de gorriones alpinos, mientras que otras personas se dedican a formar las letras de su nombre con las rocas del lugar... aparte de otro tipo de palabras...
He hablado de las especies objetivo, y allá vamos con ellas. El treparriscos (Tichodroma muraria) era la especie con la que menos contaba, dada la dificultad de dar con un animal tan pequeño en tan vastos espacios, dada su costumbre de buscar alimento mientras se encarama por las altas paredes rocosas; y así es como pensé que tal vez lo vería si se diera el caso, de lejos en los farallones, pero la fortuna quiso que un ejemplar pasara volando y se posara a nuestra misma altura en los bloques de rocas junto al camino...
Fue una maravilla verlo por primera vez en mi vida y a esa buena distancia, disfrutando de su vuelo mariposeante como si fuera una pequeña abubilla de las montañas, y encima tuvimos a dos ejemplares distintos al parecer.
No son para menos las otras dos especies. Al acentor alpino (Prunella collaris) ya tuve el placer de conocerlo en la Sierra de Segura, pero no a esa cercana distancia que nos obsequió, mientras que los gorriones alpinos (Montifringila nivalis) fueron una completa novedad y también se dejaron fotografiar muy bien después de varios encuentros frustrantemente lejanos.
Es inevitable no hablar de las chovas piquigualdas (Pyrrhocorax graculus), tan fáciles de ver de cerca. Como buenos córvidos que son, se han adaptado muy descaradamente a la presencia humana y se acercan a los grupos de excursionistas que degustan sus bocadillos en busca de migajas, sobras y regalitos. Así fue con nosotros, llegando a ser tan sinvergüenzas que casi birlaron el bocata de Ramón por todo el morro.
Muchas de ellas están anilladas y hemos reunido los códigos de 7 de ellas, aunque no se mueven mucho y sólo se les registra por Cantabria, Asturias y León (si no recuerdo mal).
Las rapaces fueron escasas, aunque no esperaba más. Vimos muchos buitres leonados (Gyps fulvus), una pareja de alimoches (Neophron percnopterus) y una gran hembra subadulta de águila real (Aquila chrysaetos) hostigada por unos pocos cuervos con ganas de bronca ante su ancestral enemiga (comprensible, porque la gran rapaz puede apresar un cuervo con la misma naturalidad con la que un gavilán atrapa un pajarillo).
He de decir que al águila la vimos en el entorno del pueblo de Cabañes, una zona donde también vimos papamoscas grises y algún colirrojo real.
También los herpetos nos brindaron una especialidad montañera, cuando nos acercamos a una charca de aguas heladas y Miguel comenzó a encontrar y coger tritones alpinos (Ichthyosaura alpestris).
También vimos renacuajos que pueden ser con seguridad de sapo partero común, además de bastantes puestas de huevos.
Estos prados alpinos ofrecen una bonita flora que ya nombraré bien cuando me echen una mano, mientras que no pocos lepidópteros revoloteaban en torno. Una de las mariposas más bonitas y frecuentes fue la ortiguera (Aglais urticae).
Otras especies vistas fueron:
- Bisbita alpino.
- Colirrojo tizón.
- Colirrojo real (me pareció ver uno volando, y Silvia vio uno posado).
- Papamoscas gris.
- Jilguero.
- Verdecillo.
- Tarabilla común.
- Escribano montesino.
- Cuervo.
- Chova piquirroja.
- Roquero rojo (vi pasar volando una pequeña ave emitiendo reclamos propios de roqueros).
- Mirlo acuático (visto por Alberto y Miguel).
En definitiva, una grandísima (y agotadora) salida montañera con nuevas especies, paisajes de postal y acompañado por amigos que saben disfrutar de la naturaleza.
¡Pronto veréis más!