Esto va a parecer un piscolabis en comparación con los dos platos fuertes de la anterior publicación, pero fue un complemento muy grato a lo vivido los días previos en Extremadura viendo precisamente cosas que allí se quedaron en el tintero.
Ya comenté que llegué a Córdoba el día 1 de marzo por la noche, teniendo por delante un día y medio para intentar ver cosas interesantes. Una de ellas era el pequeño grupo de camachuelos que estaba aquerenciado a un almendro del trocito de la Sierra Morena más cercana a la ciudad, aunque sabía de antemano que era una contrarreloj complicada al haber estado marchándose la mayoría de ejemplares del grupo durante los días anteriores.
El día 2 por la mañana salí junto a José Carlos Sires y Chus para probar suerte con esos regordetes colorados en caso de que aún quedara alguno, cosa que así era todavía pero sin querer mostrarse y solamente haciéndose notar discretamente con sus tristes reclamos. Ya se sentía allí que estaba encima la primavera con los cantos de numerosos pájaros a punto de reventar con el celo, la floración de bastantes plantas, la presencia de los tres papiliónidos de la zona al mismo tiempo (macaón, arlequín y chupaleche) y algunas culebreras sobrevolándonos.
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| Gagea foliosa |
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| Linaria amethystea |
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| Gagea foliosa |
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| Culebrera (Circaetus gallicus) |
También cerca de Córdoba se pueden ver con relativa facilidad unos cárabos que no son muy tímidos que digamos al vivir en un área recreativa, todos conocéis ejemplos de sobra de especies que se comportan de manera muy distinta en espacios humanizados. Por la tarde estábamos allí junto a Esperanza y, al igual que una vez anterior en otoño, con la llegada del atardecer los pájaros forestales de la zona (páridos, pinzones y mirlos) muy furiosos al detectar la presencia del depredador nocturno nos indicaron dónde estaba el pobre cárabo con sus continuos acosos.
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| Cárabo (Strix aluco) |
A la mañana siguiente fuimos José Carlos y yo a Villafranca de Córdoba a ver los críalos, que por esas fechas ya empiezan a incordiar a las urracas y suelen ser fáciles de ver durante sus fechorías.
Allí estaban, efectivamente, varios ejemplares haciendo de las suyas tan ruidosamente como siempre. Las urracas son unos córvidos con una dilatada experiencia gamberra a la hora de hacer la vida imposible a otras especies, de manera que casi creo que el karma hizo que la naturaleza creara al críalo para que ellas sepan lo que es ser fastidiadas.
El críalo fue algo que se nos quedó sin ver en Cáceres como recordaréis, así como las orquídeas al ser pronto por allí. Pero en Córdoba ya habían florecido varias especies de las que vimos tres en concreto, gustándome sobre todo por su ausencia donde vivo de la especie
Orchis italica, comúnmente llamada orquídea del hombre desnudo por la impúdica forma de su labelo similar a un hombrecito con sus atributos colgando sin ninguna vergüenza.
Había bastantes más especies tal como me indicó José Márquez por el whatsapp, pero ya iba siendo hora de volver y de todos modos ya echamos una mañana agradable de compadreo en la que prácticamente no paramos de reír ni de contar jocosidades.
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| Críalo (Clamator glandarius) |
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| Orchis italica |
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| Ophrys tenthredinifera |
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| Críalo (Clamator glandarius) |
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| Ophrys tenthredinifera |
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| Milanos negros (Milvus migrans) en viaje migratorio |
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| Anacamptis champagneuxii |
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| Ophrys tenthredinifera |
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| Gansos del Nilo (Alopochen aegyptiaca), odiosa especie exótica invasora |
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| Orchis italica |
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| Milanos negros (Milvus migrans) |
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| Orchis italica |
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| Jara pringosa (Cistus ladanifer) |
Para el mediodía teníamos previsto un buen homenaje en un sitio que hubiera surtido de las esperadas gordosidades esta publicación, pero al estar cerrado nos llevaron en su lugar a una pésima elección donde el baremo de comida infame alcanzó un nuevo nivel de repugnancia. No sé si no habría sido mejor comer orugas urticantes como los críalos.
Pero me quedo sin duda con lo mucho que me reí esa mañana, casi tanto como los críalos con sus estridentes reclamos.