| Hacienda de La Mejorada Baja |
Allí se pueden encontrar interesantes invertebrados como el escorpión acuático (Nepa cinerea) y la araña tigre de la especie Argiope trifasciata, que fotografié en una húmeda noche junto a caracoles Helix aspersa en un intento de localizar alguna especie de anfibios.
Tengo a mis alumnos de 6º de Primaria muy al tanto de mis andanzas con la fauna y la fotografía, y decidí que ya era momento de atender sus frecuentes peticiones de una salida campera para poder ver algunos animales, y así darles una educación al aire libre que me parece muy enriquecedora.
Esta laguna me pareció un buen lugar, estando muy bien situada para que ellos pudieran ir por su propio pie sin problemas, de hecho ya me habían contado que a veces van por allí, así que la semana pasada me reuní allí con siete de ellos y estuvimos viendo (uno de ellos trajo un telescopio, mucho ojo) las aves acuáticas como cormoranes, cigüeñuelas, fochas, patos cuchara, cigüeñas blancas, ruiseñores bastardos, picos de coral o las primeras golondrinas comunes del año. Hago un inciso para comentar que tengo en mi biblioteca de aula la guía de aves del pueblo que editó el ayuntamiento de Los Palacios (pincha aquí para acceder a ella) y tiene cierto éxito entre los chicos, tanto que se la suelen llevar a casa.
Me habían comentado que un día encontraron un sapo, así que nos pusimos a ello porque tenían especial ilusión, aunque sin éxito, pero llegó un momentazo de la tarde cuando un niño me llamó diciendo "aquí hay una araña grande y blanca" que resultó ser una magnífica araña lobo, presumiblemente de la especie Hogna ferox.
También les mostré la araña tigre de más arriba, junto a un ejemplar más pequeño y un minúsculo macho (el dimorfismo sexual en estas especies es bestial), siendo otra de las sensaciones de la tarde.
Pasamos el rato entre salamanquesas, ranas, coleópteros y todo lo que iba dejando ver, hasta que la caída de la tarde nos regaló al marcharnos algo que hizo que fuera yo el agradablemente sorprendido en esa ocasión, cuando escuché el canto de un búho chico en los cipreses de una ruinosa casa de campo abandonada.
Fue una experiencia muy aristotélica que gustó muchísimo a mis alumnos, que ya antes de marcharnos decían que quieren repetir y volver otro día. Personalmente me quedo con el gran interés que ponían, todo lo que aprendieron, ver que ninguno de ellos tenía la típica ocurrencia de querer llevarse animales a su casa, y sobre todo saber que tienen todas las papeletas de convertirse en adultos que respetarán la naturaleza y no la maltratarán con el típico desconocimiento de nuestra especie.