Empiezo con Ávila, que ya de por sí es heladora en invierno, y estaba preciosa alfombrada de nieve. Al haber sido hace tanto tiempo, las fotos están hechas con la cámara patatera que usábamos antes, pero al menos reflejan su hermosura invernal, que empieza con sus murallas, por supuesto. El recorrido por ellas nos provee de buenas vistas y tenía su encanto encontrar verdaderos carámbanos de hielo en ellas.
Seguimos con su catedral gótica.
La iglesia de San Pedro.
La iglesia de San Vicente.
El convento de Santa Teresa.
El monasterio de La Encarnación.
Fue uno de los viajes que más me gustaron, con sus estampas invernales en una ciudad donde flota el espíritu medieval, aunque esté tan llena de turismo. Y terminaré con una imagen de uno de sus personajes ilustres, Santa Teresa, especialmente mística.