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jueves, 13 de agosto de 2020

La gran semana segureña, 3ª parte






Aquí estamos con la última parte de la crónica de la visita de José Márquez a la Sierra de Segura, que no por ser los últimos días fueron los peores y nos reservaron unas sorpresas finales para redondear tan impresionantes jornadas de bicheo, gordosidades y los infinitos hipidos del Márquez.

José tenía ganas de hacer una incursión en la vecina Sierra de Cazorla porque él ha estado allí otros años y le apetecía revisitar los sitios que más le gustaron. Para ir hasta allí desde Santiago de la Espada el camino más recto es atravesar los Campos de Hernán Perea y acceder desde Rambla Seca. 
De camino fuimos viendo alguna que otra cosilla como las currucas zarceras cebando a sus pollos, liebres, lagartos, abubillas o collalbas grises y rubias.



Currucas zarceras (Sylvia communis)

Lagarto ocelado (Timon lepidus)

Liebres ibéricas (Lepus granatensis)

Gorrión chillón (Petronia petronia)

Liebre ibérica (Lepus granatensis)


Dedicamos la mañana a recorrer la ruta de la Senda de los Pescadores, consiguiendo ver dos quebrantahuesos adultos muy lejanos y una preciosa mariposa del madroño. Pese a la baja calidad de los avistamientos nos dimos igualmente un buen homenaje comiendo en la Nava de San Pedro para, ya de paso, hacer tiempo durante las horas más calurosas e improductivas.


Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)

Dactylorhiza elata con un hespérido

Gamo (Dama dama)



Por la tarde subimos a los Poyos de la Mesa, mítica montaña cazorleña donde el equipo de Félix Rodríguez de la Fuente filmó la ya famosa secuencia del águila real cazando un recental.
Junto a vencejos reales y bisbitas campestres nos sorprendió un alcotán intentando cazar como una exhalación, contemplando también un tejo que ya lleva muchos más años que nosotros admirando los valles dominados por estas cumbres.
Aquella vez era yo quien estaba conociendo nuevas rutas, pero iba tocando regresar, cosa que hicimos esperando a propósito a que se nos hiciera tarde por si veíamos alguna especie nocturna durante la conducción de retorno por los carriles.



Vencejo real (Tachymarptis melba)

Tejo (Taxus baccata)

Vencejo real (Tachymarptis melba)

El Banderillas en la distancia

Vencejos reales (Tachymarptis melba)




Empezaban a cantar los chotacabras europeos y ya nos frotábamos las manos esperando ver bastantes posados en las pistas de tierra... pero curiosamente vimos uno solamente. Uno nada más, pero por suerte aguantó nuestra presencia para que José por fin pudiera fotografiarlo (desde un ángulo mejor que el mostrado en mi foto, por cierto).
Se nos cruzaron numerosos ungulados y liebres, algo muy habitual, y al ver un zorro pensé esperar por si acaso fuera uno de esos ejemplares desvergonzados que rondan cerca de los excursionistas. Así fue y pasamos un buen y divertido rato con este granuja que mostraba un pelaje aún tupido que demuestra la diferencia de temperatura con las campiñas, donde los zorros tienen un aspecto de chuchos sarnosos con sus cortísimos pelajes.






Zorro (Vulpes vulpes)

Chotacabras europeo (Caprimulgus europaeus)


El 30 de junio por la mañana sería peculiar porque yo tenía que atender a la última reunión del curso escolar por videoconferencia, y además también me habían pedido el favor de ir a fotografiar algunos sírfidos para incluir las fotos en una publicación sobre ellos.
Con este panorama yo no podía salir a pajarear, de manera que lo que hice fue madrugar para dejar a José en el Puntal de las Buitreras y volverme a casa para atender mis asuntos.

Dejo unas fotos de las que hice de sírfidos y otros insectos, ya que estamos. Pienso que no está de más enseñar estos bichejos que imitan el aspecto de avispas para que otros animales les dejen en paz, lo que se conoce como mimetismo batesiano. 


Chrysotoxum sp.

Volucella sp.

Agapanthia sp.

Sphaerophoria scripta

Mariquita sin identificar

Chinches rayadas (Graphosoma lineatum)

Volucella sp.

Crisopa


A José se le dio bien su salida en solitario consiguiendo volver a ver al roquero rojo, que estuvo haciendo sus típicas exhibiciones de canto en vuelo, y fotografiar mejor a la collalba rubia.
Una vez que me reuní con él de nuevo nos fuimos al río Madera para saldar nuestra cuenta pendiente con la orquídea Epipactis palustris, que esta vez encontramos en plena floración en otro tramo del río que me chivó Javi Reyes.

Intentamos comer en un bar de la zona, pero por motivos que no me apetece comentar nos tuvimos que ir... bueno, sí que lo comento, nos ignoraron vilmente mientras que atendían y servían la comida a clientes que llegaban más tarde que nosotros con una absoluta falta de profesionalidad y vergüenza, de modo que nos marchamos y echamos mano de nuestra socorrida "bolsa de los pitracos" para poder almorzar.




Epipactis palustris




Para la tarde quisimos repetir una de las mejores salidas de días anteriores yendo otra vez en busca de grandes aves rapaces. 
De camino nos encontramos una rapaz que no era precisamente grande, pero frené en seco en cuanto me di cuenta de que aquello era un poco raro como para ser un cernícalo y los prismáticos me mostraron un espléndido halcón de Eleonora de morfo claro. Mucha gente se sorprendió con esta observación cuando compartí las fotos, pero quienes conocen las migraciones de las aves ya están al corriente de que estos falcónidos entran en la Península Ibérica antes de ir a sus zonas de cría en sus habituales hábitats costeros.

Una vez llegados a las zonas altas adecuadas volvimos a pasarlo en grande con los quebrantahuesos cuando, repentinamente, aparecía uno de la nada y te pasaba volando cerquísima. Si miráis bien la segunda foto (ya sabéis que se pueden ampliar) veréis que iba el ave con comida en sus garras.



Halcón de Eleonora (Falco eleonorae)

Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)

Águila calzada (Hieraaetus pennatus)

Buitre leonado (Gyps fulvus)

Halcón de Eleonora (Falco eleonorae)

Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)


El 1 de julio nos marchábamos, José a Córdoba y yo a Bailén a ver a mi familia, pero no nos íbamos a quedar sin un poco de pajareo de última hora.
Salimos temprano hacia el Mirador de Juan León para hacer un último y definitivo intento fotográfico con los verderones serranos. Como yo quedé satisfecho con la foto de unos días antes, me conformé con una humilde foto a un macho que encontramos en un majuelo y dejé que José probara suerte a solas para que las aves recelaran menos.

Me quedé apartado cerca de los cortados por si pasaba volando algo interesante, cosa que sucedió con un azor que acababa de capturar un pollo de perdiz. También estuve bien entretenido al coincidir con mi amigo Carlos Herrera, que estaba por allí de ruta y le avisé para se acercara a charlar un rato.



Verderón serrano (Carduelis citrinella)

Vencejo real (Tachymarptis melba)

Azor (Accipiter gentilis)


Una vez que mi compañero de fatigas consiguió al fin su deseada foto de verderón serrano dimos por finalizadas nuestras jornadas y nos marchamos para sufrir voluntariamente el horrendo calor de la vega del Guadalquivir.
Para cuando esto salga publicado estaremos nosotros dos junto a varios amigos más continuando con nuestras aventuras bicheras por el norte peninsular. Ojalá que para entonces ya hayamos visto varios de los potentes objetivos que tenemos en mente...








viernes, 3 de julio de 2015

Las dos últimas semanas en Siles y la Sierra de Segura: 1ª parte



Piedra del Agujero


Escribo ya desde Bailén tras haber acabado el curso en Siles hace tres días, uno de los mejores cursos que he tenido... si no el mejor directamente.
En cuanto a salidas naturalistas ha supuesto diez meses de muchas e intensas vivencias, muchas tardes y algún que otro fin de semana entre extensos bosques y masas calizas. Laderas bajas cubiertas por pinos carrascos y aromático monte mediterráneo donde cantan las currucas, frescor de limpios ríos y arroyos con el ocasional dardo del mirlo acuático en vuelo, cumbres de pino laricio en las que reinan el viento y la cabra montés, grandes farallones en los que el halcón peregrino ejerce vocinglero de señor feudal, albercas y fuentes con anfibios ocultos, el cernido de la culebrera al ocaso, bosques húmedos refugio de quejigos, melojos, arces y acebos, rapaces forestales anidando en la oscura fronda de los pinos negrales, piquituertos y ardillas chascando piñas, mosaicos de huertas y olivares donde el águila real busca presas. Otoño de chopos dorados y ciervos bramando. Invierno de acentores alpinos en las cumbres y machos monteses encelados. Primavera de orquídeas y llegada de aves migradoras. Verano de libélulas, cabritillos, cervatillos y pollos volantones. 

Iba a redactar una última entrada de despedida, tan extensa que finalmente he decidido dividirla en dos partes, ocupándome ahora mismo tan sólo de mamíferos y aves rapaces, sin duda dos de los mayores reclamos de la sierra.
Los turistas que vienen al parque natural suelen llegar con ganas de avistar ciervos (Cervus elaphus), que efectivamente se pueden ver en lugares tranquilos si llegamos sin hacer ruido, o incluso desde el coche por carreteras de montaña poco transitadas. Muestran aquí un comportamiento más salvaje que los de muchos lugares de la Sierra de Andújar (por ejemplo), donde llegan a parecer ganado doméstico en ciertas fincas... no es el caso aquí, en las zonas remotas no son una "propiedad", porque los animales no son de nadie.





Del mismo modo pude ver a su pariente el gamo (Dama dama), especie que llegó con fines cinegéticos y que contribuyó, junto a la abundancia de ciervos y a la introducción del muflón, a la extinción local del corzo.




La pieza de caza más codiciada parece ser el jabalí (Sus scrofa), o al menos yo veo mencionados a los "gorrinos" como los más populares entre los cazadores. Quien tenga unas mínimas nociones de ecología ya supondrá que su número se ha disparado por la ausencia de su predador natural (el lobo), causando daños agrícolas a aquellos mismos que no quieren tener lobos en sus tierras.
Yo por mi parte prefiero dispararles con la cámara, una muy buena manera de quedarme con un recuerdo de este buen verraco.





El otro ungulado presente por aquí que queda por enseñar es la cabra montés (Capra pyrenaica), que tras su pasada disminución vuelve a poblar prácticamente cada picacho rocoso. En el caso de las fotos las vi en Peñalta y en las afueras del pueblo de Segura de la Sierra, incluso en el último caso en pleno castillo con total descaro.
Desde que llegué hasta mis últimos días las he estado viendo, y en distintas localizaciones, uno de los detalles que más me han gustado de estos meses, sobre todo cuando empecé a encontrar los grandes machos durante su época de celo.












Junto a los grandes herbívoros hay otro mamífero muy emblemático de  la Sierra de Segura, y es que la ardilla (Sciurus vulgaris) llega a ser un símbolo que aparece en diversos logotipos de la comarca.
En Siles campan a sus anchas por medio del pueblo, teniendo el ejemplo más famoso del blog en esos ejemplares que solían pasear por el tejado frente a mi dormitorio.






Paseando por distintos montes he observado a algunas de las rapaces más típicas de la zona, como la abundante águila calzada (Hieraaetus pennatus), que se llega a ver a diario, y distintos ejemplares de águila real (Aquila chrysaetos), una de ellas a punto de cazar una paloma torcaz (Columba palumbus) que se libró por muy poco de acabar destrozada en esas manos de enorme fuerza.



El Yelmo

Caca-momento








En tres lugares distintos he podido comprobar el éxito reproductor de los halcones peregrinos (Falco peregrinus). Por seguridad no diré dónde, pues aún persisten los gañanes que matan rapaces y destruyen sus nidadas por considerarlas "alimañas" erróneamente.
El ejemplar de la primera foto es un adulto, los demás son los pollos nacidos esta primavera ejerciendo sus recién adquiridas destrezas de vuelo, siempre chillones y con ganas de bronca.







También, además de alguna que otra culebrera y cernícalo vulgar sin fotografiar, se vieron gavilanes (Accipiter nisus) y los abundantes buitres leonados (Gyps fulvus).









Hubo también lugar para la sorpresa, cuando el día 24 vi junto a un águila calzada un par de rapaces de menor tamaño con aspecto de halcones, pero un vistazo más detenido mostró una silueta de cola y alas muy largas, y unos vuelos distintos a los del halcón peregrino, porque resultaron ser halcones de Eleonora (Falco eleonorae), sumándose a aquella fabulosa cita anterior del día 11.
La foto es muy churrera, pero es un testimonio más que válido, apreciándose bien la silueta y proporciones del ave, y se advierten aceptablemente bien sus colores con alas oscuras, y su pecho y vientre rojizos con estrías oscuras. Esto demuestra la importancia testimonial de las fotografías para citas de aves poco frecuentes de ver en según qué lugares.



Peñalta



Por supuesto que vi más especies de aves, como por ejemplo vencejos reales, piquituertos, roqueros solitarios, herrerillos capuchinos, carboneros garrapinos, reyezuelos listados, trepadores azules, autillos (uno posado y otro en vuelo), un reclamo de mochuelo la última noche, etc...
Ahora queda la segunda parte de esta entrada con los anfibios e invertebrados, que dan muchísimo juego al naturalista de amplios y variados intereses como podréis comprobar en breve.
Mientras tanto os vuelvo a despedir con unos atardeceres sileños.