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jueves, 3 de julio de 2014

La pasada primavera en Bailén


Con Sierra Mágina de fondo

Con el curso ya acabado, toca volver a la tierra a descansar, y retomar el contacto frecuente con la naturaleza de mi pueblo, Bailén.
El año pasado venía con más frecuencia y pude estar muy al corriente del paso migratorio prenupcial, que se hace curiosamente notorio en un ambiente de graveras inundadas y barreros en las afueras del pueblo cuando muchas aves escogen hacer una paradita en este sitio que al primer vistazo no parece ser gran cosa.
Así fue cuando en la primavera de 2013 disfruté de la aparición de garzas imperiales, martinetes, collalbas rubias y grises, lavanderas boyeras, abejeros, cucos, tarabillas norteñas y un alcotán.

Este año no he estado atento, lo admito, y no se ha repetido la floración espectacular del pasado año de lluvias, pero he seguido echando un ojo a lo que allí se deja ver, como los siempre presentes trigueros (Miliaria calandra) y buitrones (Cisticola juncidis), las escandalosas cigüeñuelas (Himantopus himantopus), la belleza de abejarucos (Merops apiaster) y abubillas (Upupa epops), el vuelo de caza vespertino del elanio (Elanus caeruleus) y el planeo del buitre leonado (Gyps fulvus), y la abundancia de un mamífero clave en nuestros ecosistemas: el conejo (Oryctolagus cuniculus).
















Sabéis que me encanta el mundo artrópodo, y mirando hacia abajo he podido ver lepidópteros como la macaón (Papilio machaon), la nacarada (Argynnis paphia) y la cleopatra (Gonepteryx cleopatra). También una hormiga león (especie sin identificar) y una libélula muy particular que Miguel Rodríguez me ayudó a dar nombre: la paragomphus genei, especie africana.













La cosa no acaba al llegar la noche; junto a una especie tan mediterránea como nuestras infravaloradas salamaquesas comunes (Tarentola mauretanica) tenemos a los chotacabras cuellirrojos (Caprimulgus rufficollis), especie ya clásica del blog. 
Unamos al elenco nocturno al simpático autillo (Otus scops) que estuvo algunas noches de semana santa cantando por medio del pueblo. Al principio sólo podíamos oírlo, pero una noche mi hermano menor distinguió su silueta en una antena frente a una ventana de nuestra casa, a bastante distancia y sin posibilidad de fotografiar, pero dejando al menos la ocasión de una foto testimonial de la presencia del pequeño búho estival.








Espero que os guste esta pequeña representación de la naturaleza de mi pueblo. Mientras tanto he acumulado algunas cosillas durante estos días, y aún tengo bastante que enseñar de mis últimas semanas en los humedales sevillanos... ¡mucho ojo!