miércoles, 29 de diciembre de 2021

Sierra Madrona - Valle de Alcudia

 




El puente de diciembre tuvo su capítulo final en un ambiente muy distinto al de los humedales de los días previos. Volvía a la sierra, sí, pero no a una sierra caliza como en mis dominios segureños, cambiaba esos poderosos desfiladeros y valles con infinidad de simas y saltos de agua por unas montañas de relieves más modestos y de naturaleza silícea; iba al sector más remoto y solitario de Sierra Morena.

Hace nueve años me tocó un curso escolar en Cardeña que tuvo luces y sombras, más de lo segundo con amplio margen, pero una de las luces fue cuando, al salir de los límites cordobeses hacia Ciudad Real, conocí Sierra Madrona dejándome una huella inolvidable
Muchos de aquellos momentos vividos hace tantos años fueron rememorados cuando, junto a Jesús Jiménez y José Márquez, fuimos allí el 7 de diciembre. La mañana empezó fría y nublada, una atmósfera otoñal y melancólica muy a tono con el follaje ocre de los quejigos y los robles melojos, por lo que bajamos al Valle de Alcudia (que forma parte del mismo parque natural) para ver las grullas con unas observaciones cercanas que nos resultaron de lo más satisfactorias.









Grullas (Grus grus)




Al avanzar la mañana comenzamos a patear monte, empezando a sobrar la ropa de abrigo entre el incipiente sol y el esfuerzo del continuo desnivel afrontado.
Cuando ya estábamos más que cansados, dejando atrás el bosque mediterráneo con frecuentes enebros y madroños, en las zonas de vegetación más rala encontramos uno de los objetivos del día al ver por fin bastantes pies de la planta insectívora Drosophyllum lusitanicum, endemismo de la Península Ibérica y norte de Marruecos que atrapa insectos con sus pegajosas gotitas para así compensar la pobreza de nutrientes de los suelos en los que se encuentra.

Justo al lado de las plantas me llamó la atención un desconocido insecto que identifiqué posteriormente, ya en casa. Creo que debe ser un Stylops melittae, especie que parasita a abejas del género Andrena como la que precisamente estaba cerca en ese momento, estableciéndose en su abdomen en su formas de larva y pupa.
Al bajar de nuevo y llegar a niveles más forestales fue increíble la cantidad de zorzales alirrojos que se movían por las copas de los árboles, no cabe duda de que este otoño han llegado en ingentes cantidades.



Roble melojo

Probablemente Stylops melittae

Tal vez del género Andrena

Madroño

Acuérdate de este bicho cuando creas tener un mal día

Drosophyllum lusitanicum



Las grullas y estos toques de botánica y entomología estuvieron geniales, no se puede negar, pero nos quedamos totalmente asombrados cuando de manera totalmente fortuita nos encontramos con un lince al ir en busca de aves rapaces.
Ver distintos ejemplares de águilas imperiales y reales, buitres negros o milanos reales era algo con lo que contábamos de antemano, no así con el felino, que nos brindó el que seguramente fue el momento más emocionante del día, comparable a aquel avetoro que vimos al descubierto dos días atrás en Sevilla.
La lista de especies era ya espectacular cuando añadimos otra joyita más al final de la jornada, viendo algunos corzos con los machos luciendo sus cuernas aún cubiertas por la borra. En pocos sitios puede uno ver buitres negros, corzos, águilas imperiales, linces y grullas en una misma salida.




Milano real (Milvus milvus)

Lince ibérico (Lynx pardinus)

Buitre negro (Aegypius monachus)

Buitre negro y águila real

Águila imperial (Aquila adalberti)

Corzo (Capreolus capreolus)




El Parque Natural del Valle de Alcudia y Sierra Madrona es todo un tesoro con sus paisajes y sus pinturas rupestres, más todavía con el repertorio de especies tan brutal que conseguimos ver... pero no creo que pueda ser más brutal que comerte un bocadillo de cabecero de lomo que previamente está untado con zurrapa de lomo, esto sí que es cocina de vanguardia.






domingo, 26 de diciembre de 2021

Estuario del Guadalquivir

 




El 6 de diciembre amanecí en Las Cabezas de San Juan (Sevilla) muy descansado y cómodo, pues el alojamiento fue mucho más confortable y agradable que el de la noche anterior. Casi me daba pereza tener que marcharme, pero me esperaba la provincia de Cádiz para continuar el viaje por las Marismas del Guadalquivir acabando en su desembocadura.

Me encanta este destino que combina hábitats naturales y humanizados reuniendo marismas, playas rocosas, salinas y lagunas.
La costa fue la primera parada en la playa de Montijo, donde pude disfrutar un buen rato del variado catálogo de aves limícolas pese a que la marea estaba bajísima y las aves estaban muy repartidas en una enorme extensión. A las especies vistas en las fotos habría que sumar que vi zarapitos trinadores, chorlitejos o un águila pescadora, repertorio completado con un pez al encontrar un gobio cuya especie Alberto Benito me ha ayudado a identificar.



Correlimos común (Calidris alpina)

Chorlito gris (Pluvialis squatarola)

Correlimos tridáctilo (Calidris alba)

Vuelvepiedras (Arenaria interpres)

Archibebe claro (Tringa nebularia)

Gobio (Gobius paganellus)


Tocaba ir después a las charcas de Camino Colorado, ese clásico sitio lleno de especies interesantes rodeadas de basura y porquería.
Aquel día no estaba muy animada la cosa, con solamente dos calamones y unas pocas malvasías (que, por otra parte, estas últimas justifican la parada sobradamente) no estuve mucho tiempo allí y me marché dejando atrás la "preciosa" banda sonora de motos y loros enjaulados del lugar.



Calamón (Porphyrio porphyrio)

Malvasía (Oxyura leucocephala)


En las salinas de Bonanza tuve bastante suerte, no había gente en ese momento y eso me garantizó tener los flamencos muy cerca del carril. 
La mejor parte de las salinas fue cerrada al tráfico recientemente, pero también hay que reconocer que muy pocas personas querrían adentrarse a pie como yo hice y me encontré el paraje muy tranquilo y solitario. Bajo el vuelo del águila pescadora y de las bandadas de moritos iba viendo los típicos paseriformes como mosquiteros, currucas y terreras marismeñas, hasta que me llamó gratamente la atención ver unos cuantos escribanos palustres compensando el esquinazo que me dieron en Sevilla.



Flamenco (Phoenicopterus roseus)

Archibebe común (Tringa totanus)

Tarros blancos (Tadorna tadorna)

Curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala)

Cigüeña negra (Ciconia nigra)

Avocetas (Recurvirostra avosetta)

Correlimos común (Calidris alpina)

Escribano palustre (Emberiza schoeniclus)


Se me ocurrió continuar en dirección hacia Trebujena por la llamada Carretera del Práctico. Continuaron así las observaciones de espátulas, flamencos, avocetas, águila pescadora, garzas y anátidas.
Brillaron por su ausencia las cercetas pardillas aunque pasé por donde se han reproducido esta primavera, pero al salir a la campiña disfruté largo rato de un elanio remontándose en las corrientes.



Águila pescadora (Pandion haliaetus)

Espátulas (Platalea leucorodia)

Milano real (Milvus migrans)

Porrón común (Aythya ferina)

Elanio (Elanus caeruleus)



Había quedado en Córdoba con un amigo que me acogería en su piso para seguir desde allí con las salidas del puente, haciendo un sustancioso cambio de entorno que ya detallaré detenidamente en la siguiente publicación.
Como tenía que hacer algo de tiempo hasta la hora convenida, estuve intentando en vano ver águilas perdiceras en un tajo que conozco bien de cuando viví en la zona, hasta que ya al anochecer subí hacia Córdoba atravesando Sevilla y viendo un erizo por el camino.



Salinas y la Sierra de Grazalema al fondo



jueves, 23 de diciembre de 2021

Avetoro y mucho más en las Marismas del Guadalquivir

 




Las cosas a veces salen de maravilla sobre la marcha, casi improvisando. Es lo que pasó cuando se iba acercando el puente de diciembre sin una idea clara sobre qué hacer durante esos jugosos cinco días libres, ya que los planes que iba haciendo se desbarataban y acababa por llegar la fecha indicada sin nada sobre la mesa.
Me acabé decidiendo en última instancia por "la vieja confiable" yendo a Sevilla y Cádiz. No iba a ser entonces ninguna novedad en cuanto a especies ni sitios por conocer, pero sabía que vería de todo y disfrutaría en esos hábitats de humedales que tan lejos tengo actualmente viviendo en la Sierra de Segura.

El sábado 4 de diciembre estaba ya a mediodía en el paraje natural del Brazo del Este, en la provincia de Sevilla, iniciando una vez más mi clásico recorrido entrando en los arrozales desde las pistas que parten al lado del poblado de Chapatales. Me sorprendió gratamente ver varios milanos reales nada más llegar, dando que no los suelo ver allí pese a ser invernantes muy habituales en tierras sevillanas, aunque nada más sorprendente en ese momento que un juvenil de águila perdicera remontando corrientes junto a unas cigüeñas negras.



Milano real (Milvus milvus)

Garceta grande (Egretta alba)

Aguilucho lagunero (Circus aeruginosus)

Garza real (Ardea cinerea)

Águila perdicera (Aquila fasciata)

Espátula (Platalea leucorodia)

Chorlito dorado (Pluvialis apricaria)

Garceta común (Egretta garzetta)

Tarros blancos (Tadorna tadorna)


Especialmente agradable fue una tabla de arroz fangueada (cuando remueven los restos de la paja del arroz con el barro) que estaba abarrotada, realmente llena de flamencos, cigüeñas, gaviotas y limícolas aprovechando al máximo ese rico pero temporal filón de comida.
Esto permitía ver y fotografiar de cerca a todas estas aves sin molestarlas desde el coche, siempre con respeto como debe ser.



Flamencos (Phoenicopterus roseus)

Cigüeñas blancas (Ciconia ciconia)

Andarríos grande (Tringa ochropus)

Avefría (Vanellus vanellus)

Avocetas (Recurvirostra avosetta)

Moritos (Plegadis falcinellus)


Unos paseos a pie por los canales me permitieron ver los pajarillos invernantes que quería ver. Un pechiazul posó agradecidamente, no así los escribanos palustres dándome esquinazo tras una breve observación.


Pechiazul (Luscinia svecica)

Atardecer con aguiluchos laguneros

Alas por todos lados


Aproveché bien la tarde, fotográficamente hablando, antes de retirarme a vivir la experiencia tan profusamente representada en las películas y series de Estados Unidos de dormir en un sórdido motel de carretera, con ruidosa calefacción para no perder esos detalles de calidad. Al día siguiente tendría más ajetreo con un recorrido mucho más largo.
Para el domingo 5 de diciembre ya no estaría solo porque vendrían mis cordobeses compañeros de fatigas. Estuve con José Marquez, Jesús Jiménez, Lucía Arjonilla (ella es de Jaén como yo, es importante señalarlo) y Diego Peinazo, además de encontrarnos también con Paco Chiclana y Fernando del Valle.
Empezamos la mañana en la Corta de los Olivillos, donde un buen grupo de cercetas pardillas y un águila pescadora fueron lo mejor para mi gusto. Se veían otras especies de anátidas como silbones o ánades rabudos, pero a distancias prohibitivas para el disfrute en mi opinión.
Después fuimos carrileando por los arrozales sin detectar especies de particular interés hasta llegar de nuevo al Brazo del Este con su bonito repertorio, donde esperaba la que sin duda fue la más enorme sorpresa cuando me encontré un avetoro.
Esto último hay que contarlo aparte y más detenidamente, lo merece. Iba yo conduciendo mi pequeño todoterreno cuando creí ver una garcilla cangrejera al lado de un canal... hasta que fui consciente de lo que acababa de ver y pegué un tremendo frenazo. Lo normal con esta especie es ver una cabeza o incluso solamente un pico que asoma entre la vegetación, esto fue por lo tanto algo espectacular y glorioso, yo desde luego nunca había visto uno completamente al descubierto (si no contamos aquel que vi en vuelo hace seis años).



Cerceta pardilla (Marmaronetta angustirostris)

Águila pescadora (Pandion haliaetus)

Cigüeña negra (Ciconia nigra)

Garcilla cangrejera (Ardeola ralloides)

Avetoro (Botaurus stellaris)

Grullas (Grus grus)



Por la tarde quisimos pasar a lo que coloquialmente se llama la Doñana visitable, tomando por primera vez en mi vida (y mirad que he estado viviendo por la zona y todo) la barcaza que atraviesa el Guadalquivir hasta Coria del Río.
Las otras especies objetivo del día eran las dos lechuzas, aunque ya veis que en los pies de fotos he optado por llamar a una de ellas con su actual nombre de búho porque es realmente apropiado. Tuvimos mucha suerte con las estrigiformes, con las que Jesús, Lucía y yo nos deleitamos todo el tiempo posible dado que mantuvimos distancias desde el coche sin perturbarlas, mientras que José y Diego prefirieron ir a repasar una tabla de arroz en la que más se han estado citando los avetoros. 
Cuando nos reunimos nos comentaron que podía haber hasta ocho avetoros distintos escondidos en el arrozal, de los que vimos varios con el telescopio a última hora de la tarde, incluso interaccionando entre ellos.



Calamón (Porphyrio porphyrio)

Búho campestre (Asio flammeus)

Lechuza común (Tyto alba)

Jabalíes seguramente cruzados con cerdos


Mis compañeros se marcharon para casa al acabar el día pero para mí no había terminado la cosa. Me quedé en Las Cabezas de San Juan con la intención de pasar el día siguiente en la provincia de Cádiz, algo que pronto veremos porque le dedicaré una entrada en exclusiva.
Como tengo la costumbre de terminar con monstruosas gordosidades, seré hoy un poco más fino con un rico tapeo.