Salir casi a diario por el Brazo del Este me está brindando la irresistible oportunidad de ver águilas pescadoras (Pandion haliaetus) con cierta frecuencia, siendo la primera vez que puedo verlas varios días seguidos (antes tenía suerte si las veía varias veces en un mismo mes).
Esta peculiar rapaz, adaptada como ninguna a una dieta basada en peces y a su captura, es el único miembro de la familia Pandionidae, si bien tiene diversas subespecies repartidas por su amplia distribución mundial, una de las más cosmopolitas junto al halcón peregrino y la lechuza común.
Llegó a habitar costas peninsulares e insulares de todo nuestro territorio nacional, hasta extinguirla como reproductora en su casi totalidad (quedando sólo en Canarias y Baleares), de modo que para verla en la Península había que ceñirse a los pasos migratorios y a la invernada de ejemplares norteños, aunque actualmente los proyectos de reintroducción están dando sus frutos y aumentan las parejas reproductoras en Andalucía, que incluso van colonizando nuevos territorios.
Es un gustazo verlas patrullar por los meandros del antiguo brazo del Guadalquivir, dando incluso ocasión a presenciar sus intentos de captura de presas, lanzándose en tremendo picado hasta adelantar sus enormes garras en el último momento antes de romper la superficie del agua con gran contundencia.
No las vi tener éxito en estos lances, ya se sabe que las rapaces tienen más fallos que éxitos, pero en una de esas ocasiones un ejemplar se me acercó tanto que le pude dedicar una buena andanada de fotos mientras veía perfectamente el goteo de su plumaje.
Sirva la última imagen como testimonio de cómo se me pusieron de punta los vellos al tener a tan magnífica rapaz a escasa distancia... es lo que pasa cuando uno observa la naturaleza con discreción y pasando desapercibido.
¡Hasta la próxima!