¿Se puede disfrutar de una buena jornada de aves sin salir al campo o al monte, desde casa y el lugar de trabajo, incluyendo las rapaces habituales? Pues he visto hoy que sí.
Empezamos cuando por la mañana vi este roquero solitario (Monticola solitarius) desde mi ventana. Hace mucho tiempo que sé que vive en el torreón medieval del pueblo, pero normalmente no se deja ver bien, o se pone en zonas oscuras y entonces no se nota realmente que es un pájaro azul.
De una calzada sí tengo foto, aunque no sea fabulosa precisamente.
Saliendo de trabajar, nada más pasar al lado de un campo que aún está en el pueblo de Villarrodrigo, volví a ver la pareja de aguiluchos cenizos (Circus pygargus) de la semana pasada. La hembra llevaba palitos en sus garras, así que cruzo los dedos para que puedan criar bien en la zona (ese trozo de campo es desde luego precioso y estupendo).
Fotos hechas cutremente desde la ventanilla del coche:
Seguimos, porque al conducir junto al collado (tengo la gran suerte de tener que pasar por allí a diario), reconocí la formidable figura de un águila real (Aquila chrysaetos) a lo lejos por los peñascos.
También pasó una culebrera a bastante altura.
Al llegar a Torres de Albánchez, aparco cerca de la plaza donde vivo, y me encuentro otra vez con el roquero solitario, esta vez más cerca. Le hice una foto con prisas porque sabía que se espantaría... y así fue en efecto.
Pero que no acaba la cosa, cuando iba para casa vi la silueta de una gran rapaz, que era ni más ni menos que la culebrera (Circaetus gallicus) que suele pasar cerca del pueblo en sus vuelos de caza.
Es toda una suerte que la plaza tenga un mirador que da al valle, me facilita muchísimo las cosas en momentos así.
Por fin fui a comer a casa (un pelín tarde como podéis imaginar), y por la tarde salí a darme mi típica vueltecilla con sus águilas calzadas. Vi la hembra de fase oscura y el macho de la pareja de fase clara, ambos sin haber salido del pueblo todavía.
Con tanto bicho visto por la mañana-mediodía, me entretuve en pasear con el coche por una zona nueva, buscando nuevos lugares con potencial, y así es como me encontré con los tres ejemplares macho de águila calzada que vagabundean por toda la zona.
Desde allí tuve una curiosa panorámica que nunca antes había disfrutado. En el lado izquierdo tenemos el pueblo de Torres de Albánchez donde vivo, y a su lado el cerro del Castillo, uno de los dos lugares por donde salgo a bichear y a pegarme tortas ladera abajo.
Vuelta a casa. ¿Y a quién me encuentro nada más aparcar? ¡Pues a la culebrera otra vez!
¡Y esto es todo! He visto más cosillas que en la salida propiamente campera de la tarde, si es que...
Y lo mejor de todo: ver a los niños del colegio acercarse corriendo a ver el águila calzada conmigo.