Mi amigo José Carlos Sires tenía ganas de ayudarme a cumplir esta ilusión mía y me lo recordó en muchas ocasiones incluso desde antes de empezar el verano, había que esperar a que llegara un momento óptimo con el celo de estos animales para tener más garantías y nos pusimos en marcha a Chipiona (Cádiz) junto a Esperanza Poveda para lograrlo.
El pasado sábado día 12 nos esperaba allí su amiga Chus Fernández para ayudarnos y, por si no fuera ya bastante, también dos herpetólogos de Estados Unidos que estudian estos reptiles. Muy difícil lo tenía para no ver ni uno esta vez, pero curiosamente al primero me lo encontré yo de pura casualidad al ver un perfil sospechoso en una retama.
Al ser el primer ejemplar que veía en mi vida era normal que me emocionara muchísimo más que el otro que vimos un poco más tarde, tan sólo comparad la cantidad de fotos de uno y otro.
Ahora estoy pensando que debí hacer alguna foto del entorno para que se viera el hábitat, pero seguramente ya iré alguna otra vez más, y al menos sí que saqué un lirio de mar (Pancratium maritimum).
Más tarde nos esperarían más camaleones, pero teníamos otro objetivo pendiente con los vencejos moros (Apus affinis) que crían en el puerto. No es la primera vez que los veo, en 2014 vi una pareja en la Sierra Norte de Sevilla, pero en esta ocasión las observaciones fueron mucho mejores en cantidad, calidad y distancia.
Con su pariente el vencejo cafre tiene en común ser un reciente colonizador desde el continente africano, y también parasitar nidos de hirundínidos. Si el cafre usa los de golondrina dáurica como he contado más de una vez al hablar de los que veo en Despeñaperros (Jaén), el vencejo moro ocupa los de avión común, especie a la que además se parece en aspecto y forma de volar.
La verdad es que fue una gozada estar viendo volar alrededor de la colonia a varias parejas de estos pequeños vencejos que a veces entraban a sus nidos, reconocibles por tener la entrada tapizada con plumas. José Carlos y Esperanza estuvieron grabando sus reclamos mientras yo hacía lo propio con la cámara de fotos, y me han cedido este pequeño audio, con cortes porque recordad que es un puerto y había no pocas interrupciones muy ruidosas.
Y como una imagen vale más que mil palabras, solamente hay que ver mi cara de felicidad con el primer camaleón. Gracias a todos por aquel día.
