¡Que no he acabado todavía! La tarde anterior a la salida por Chipiona aproveché que pasaría la noche en Sevilla para hacer una visita al Brazo del Este, otro de esos impulsos nostálgicos que no puedo evitar.
Para quien no sea lector asiduo de este espacio, o simplemente no se acuerde bien ahora, este humedal sevillano de arrozales y áreas de marisma con vegetación palustre original fue mi zona de pajareo habitual durante dos cursos escolares no consecutivos. El curso 13/14 lo pasé en la capital sevillana y fue entonces cuando descubrí el Brazo del Este, haciéndole al menos una visita semanal siempre que podía, pero en el curso 15/16 llegó el remate al tocarme trabajar en Los Palacios y Villafranca, tan cerca que podía permitirme el lujo de visitarlo casi a diario y le saqué todo el partido que pude.
Ahora, al irme a Prado del Rey (Cádiz) no estaré muy lejos y podré escaparme alguna que otra vez, por lo que es predecible que volverán a salir por el blog entradas como la que vais a ver ahora.
Aquella calurosa tarde del viernes 11 la comenzamos con los numerosos aviones zapadores (
Riparia riparia) que recalaban durante su largo viaje migratorio, y viendo especies muy comunes como la gaviota reidora (
Larus ridibundus) o exóticas como el tejedor amarillo (
Euplectes affer).
Las ardeidas tuvieron notable protagonismo, las fechas de paso migratorio hacen que sean abundantísimos los avistamientos de garcillas cangrejeras (
Ardeola ralloides) y martinetes (
Nycticorax nycticorax). Las garzas reales (
Ardea cinerea) siempre son fáciles de ver allí, y volví a ver al igual que hace dos años los grupos migradores de garzas imperiales (
Ardea purpurea) en dirección sur al atardecer.
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| Martinetes con una garceta común y dos abubillas |
No podía ir allí sin ver fumareles cariblancos (
Chlidonias hybrida), moritos (
Plegadis falcinellus), canasteras (
Glareola pratincola) y calamones (
Porphyrio porphyrio).
Los flamencos (
Phoenicopterus roseus), que no siempre están allí en números altos, estuvieron algo alejados
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Los fumareles estaban muy ruidosos en sus colonias al tener todavía a sus pollos muy pedigüeños y cansinos a pesar de saber volar ya muy bien, como el que podéis ver en la segunda foto. Pero para haceros a la idea del jaleo vendrá muy bien colgar unos audios que sacó Esperanza con su grabadora, representan muy bien las sensaciones que allí se viven en directo.
Al llegar el ocaso, siempre tan estético y fotogénico allí, nos entretuvieron unas espátulas (
Platalea leucorodia), alcaravanes (
Burhinus oedicnemus), más martinetes que se mostraban ya más activos y pagazas piconegras (
Gelochelidon nilotica).
Cuando esto salga publicado yo andaré de viaje por el extranjero, pero antes de mi regreso dará aún tiempo a otra entrada que tengo programada, y después de eso ya llegará lo que consiga ver en mi viaje...