jueves, 28 de noviembre de 2024

Fotografía micológica






Este año dijimos Mari Carmen y yo que estaría bien hacer un poco de fotografía de setas, un mundo que no manejamos bien pese a que ella tiene sus buenas guías micológicas.
Los naturalistas de amplias miras incluimos todo lo posible en nuestras salidas de campo, y las setas (posibilidades de papeo aparte con las especies comestibles) ayudan a aumentar el disfrute con todo lo que se pueda encontrar en el monte para ver y fotografiar.

Estábamos a primeros de noviembre, cuando la gente sale a la sierra en busca de los famosos y apreciados níscalos bajo la hojarasca de los pinos, de los que encontramos bastantes junto a más especies.



Inocybe sp.

Lactarius deliciosus

Mycena seynii

Seta sobre seta

Amanita ovoidea

Mycena seynii


El bicheo es inevitable en nosotros, de manera que completamos esa sesión de fotografía micológica con el hallazgo de una veintena de tritones pigmeos.



Retrato

Tritón pigmeo (Triturus pygmaeus), macho adulto

Metamórfico


También tuvimos los casi inevitables encuentros con las abundantes cabras montesas, yendo un joven macho con la pata posterior derecha en extraña postura. Las fotos revelaron que llevaba enganchada una de esas cuerdas sintéticas que usan los ganaderos, durante mucho tiempo viendo que la pezuña estaba hasta creciendo retorcidamente al no poder desgastarse con el natural roce del suelo rocoso.
Una culebra de escalera decidió arriesgarse a salir en esas fechas, estando muy fría y torpe la pobre en un arcén hasta que la retiramos al pinar para evitarle un más que probable atropello.



Cabra montés (Capra pyrenaica)



Culebra de escalera (Zamenis scalaris)


Mari Carmen pensó que Las Acebeas, con su umbría y notable humedad, sería un lugar muy propicio para seguir buscando setas fotografiables. Tuvo toda la razón porque estuvimos viendo especies muy curiosas hasta la caída la tarde con los sonidos de petirrojos, cuervos y zorzales alirrojos en el ambiente.
Disculpad que deje muchas setas sin nombrar, es algo de lo que aún tenemos mucho que aprender.






Xylaria hypoxylon

Acebo

Ramaria apiculata





Tuvimos un postre muy apetecible en nuestras jornadas de campo, porque este turrón no era el típico de cualquier cesta de empresa de medio pelo y estaba riquísimo.






lunes, 25 de noviembre de 2024

Cuando el otoño luce llameante

 




Hay lugares que siempre permanecen imborrables en el corazón, con una profunda huella que nada puede borrar.
Tuve la suerte de que a inicios de noviembre me surgiera un excelente pretexto para volver un par de días a mis queridas sierras de Jaén, en las que el otoño por entonces estaría en todo su punto. Nada más llegar nos dedicamos a disfrutar enormemente con los colores flamígeros de caducifolios como arces, chopos, nogales o cornicabras.



Arce

Azafrán silvestre


Bojín


Macrolepiota sp.



Una primera espera para intentar ver quebrantahuesos no dio resultado, aunque el trasiego de buitres leonados nos brindó observaciones de halcón peregrino y águila real con el sonido de los lúganos para recordarnos la estación del año junto al cromatismo de los umbríos y húmedos rincones de esta bendita sierra.



Halcón peregrino (Falco peregrinus)


Águila real (Aquila chrysaetos)



El segundo intento para ver quebrantahuesos, en otro emplazamiento, se frustró de peor manera con la irrupción de unos pazguatos volando un drone mientras proferían gritos continuamente y se hacían peligrosos selfies con el riesgo de caer despeñados.
Estos mentecatos empañaron la experiencia, quitándonos la tranquilidad pero no la estética sublime de esas antorchas que son los chopos llameando en el fondo del valle y los tonos violáceos del crepúsculo.









Ir a la sierra significó adquirir buenas viandas, aunque no anduve fino a la hora de hacerles alguna foto para dejar por aquí, a excepción del rico y crujiente pan de horno de leña que casi liquidamos de una sentada.





viernes, 22 de noviembre de 2024

Falta de educación ambiental y mala gestión en nefasta combinación

 




Nuestra última salida de noviembre prometía una bonita y tranquila tarde de pajareo observando aves acuáticas, pero acabamos bastante cabreados viendo que, una vez más, mucha gente no sabe comportarse cuando visita espacios naturales.
En este caso hablamos del Parque Natural El Hondo, que ya de por sí tiene una gestión muy mala con su eliminación de vegetación que acaba perjudicando a especies como la mariposa tigre.



Flamenco (Phoenicopterus roseus)

Lavandera blanca (Motacilla alba)

Flamenco (Phoenicopterus roseus)

Agachadiza común (Gallinago gallinago)


La verdad es que el pajareo se dio bien, disfrutando mucho al atardecer de un archibebe oscuro que paseó delante de nosotros en uno de los observatorios.


Andarríos chico (Actitis hypoleucos)

Flamenco (Phoenicopterus roseus)

Combatientes (Calidris pugnax)


Cigüeñuela (Himantopus himantopus)

Flamenco (Phoenicopterus roseus)

Archibebe oscuro (Tringa erythropus)



Las fochas morunas, normalmente insultantemente fáciles de fotografiar, estaban más apartadas, cosa que no me extraña porque los ciclistas eran tan caraduras que circulaban sobre sus bicicletas por medio de las pasarelas.



Morito (Plegadis falcinellus)

Focha moruna (Fulica cristata)

Patos colorados (Netta rufina)

Calamón (Porphyrio porphyrio)


Mientras buscábamos orugas de mariposa tigre vimos la clásica escena de dueños de perros tan tranquilamente con sus mascotas sueltas, ya que siempre asocian los espacios naturales con poder soltarles la correa sin pensar en el perjuicio que pueden causar a la fauna silvestre.


Argiope trifasciata

Oruga de Danaus chrysippus

Cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo)


Lo peor, sin duda, fueron los dos individuos volando en paramotor a baja altura y dando vueltas sobre el humedal, espantando con su considerable ruido a las aves. Flamencos, anátidas y otras aves huían del follón que montaban sin que nadie vigile ni sancione aquello.
La educación ambiental es muy importante, pero en este país brilla por su ausencia y a la gente le da absolutamente igual.