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miércoles, 1 de diciembre de 2021

Los chorlitos carambolos y otros regalos del otoño

 




Muy posiblemente esta entrada será mi favorita del mes de noviembre, siendo el resumen de una semana en la que se dio la circunstancia de tener observaciones de mucha calidad de un abanico variado de especies muy interesantes ya por sí solas.

Ya nada más comenzar tenemos una especie que para mi gusto fue estelar. Cuando aún tenía visita en mi casa, el domingo 7 de noviembre, recibí por la noche una foto a través del whatsapp de un amigo preguntándome por un ave que fotografió a contraluz... resultando ser un chorlito carambolo.
Me faltó tiempo para ir al día siguiente a buscarlos, por supuesto, ya que mi amigo vio un grupo de unos 10-12 ejemplares.
Yo siempre sospeché que estas limícolas migradoras podrían verse en la altiplanicie de los Campos de Hernán Perea, por lo que me pareció una maravillosa casualidad (o no tan casualidad) que estuvieran justamente en el sector de la vastísima altiplanicie donde los he intentado buscar estos dos últimos años.
Los chorlitos carambolos, conocidos por sus roles sexuales distintos a lo habitual en las aves con hembras más coloreadas (en plumaje nupcial, claro, no ahora con su más discreta librea invernal) que conquistan a los machos y los dejan a cargo de la puesta, tienen su hábitat de cría en la montaña o en la tundra, apareciendo durante sus viajes migratorios o su invernada distintos espacios abiertos como campos o marismas.

Me hizo por lo tanto mucha ilusión verlos en la Sierra de Segura, que realmente reúne en los Campos de Hernán Perea buenas condiciones para sus paradas migratorias o incluso para que lleguen a invernar. Encontré el 8 de noviembre cinco ejemplares, menos que mi amigo, pero los llegué a ver de maravilla y los disfruté enormemente pensando que estaba viéndolos en un sitio sobrevolado por quebrantahuesos.






Chorlitos carambolos (Charadrius morinellus)


Hago un breve inciso con esos pequeños detalles de observación de fauna en mi colegio de la aldea de Marchena, que ciertamente me llegan a dar la vida.



Arrendajo (Garrulus glandarius)

Saltacercas (Lasiommata megera) con un sírfido

Ardilla (Sciurus vulgaris)

Tal vez Spermophora senoculata


Precisamente de camino al colegio a veces me encuentro cositas interesantes, como por ejemplo este macho de cabra montés atosigando a las hembras con sus infructuosos galanteos. Excepto en la última foto, porque lo que aparece junto a él es otro macho joven (más torpe aún en la seducción) mientras se marchaban.




Cabras monteses (Capra pyrenaica)


Esas cabras monteses las vi el 10 de noviembre, día en el que por la tarde también di una vuelta por un cañón que acogía una bandada de acentores alpinos y me sorprendió con un joven azor y un grupo de seis pinzones reales.
Este otoño se me está dando muy bien con los acentores alpinos. Si bien su presencia es regular y los veo todos los años, últimamente tengo bastantes encuentros cercanos de calidad y los encuentro en más sitios que de costumbre.



Acentor alpino (Prunella collaris)

Pinzón real (Fringilla montifringilla)

Acentor alpino (Prunella collaris)

Azor (Accipiter gentilis)

Acentor alpino (Prunella collaris)


Si las cabras monteses, los acentores alpinos y los pinzones reales fueron suculentos extras a la observación de los chorlitos carambolos... todavía podía rizar más aún el rizo yendo a ver quebrantahuesos el 11 de noviembre.
Conseguí ver una formidable hembra adulta encajando casi en fusión con el color de los chopos otoñales y el igualmente color anaranjado del atardecer que se reflejaba en el negro plumaje de su espalda. Por si fuera poco, añadí al repertorio mirlos capiblancos y un águila real.



Mirlo capiblanco (Turdus torquatus)

Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)

Buitre leonado (Gyps fulvus)

Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)

Águila real (Aquila chrysaetos)

Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)



Ver todo esto seguido fue un auténtico espectáculo muy difícil de superar, aunque preveo que me esperan más sorpresas. Como, de hecho, ha ido ocurriendo cuando he visto recientemente un zorzal real y un sapillo pintojo.




martes, 10 de agosto de 2021

Apoteósico fin de semana en plena ola de calor

 




El 9 de julio recibí una nueva visita de amigos cuando José Márquez y Jesús Jiménez vinieron a verme para pasar un buen fin de semana de bicheo por la Sierra de Segura que incluía una incursión por las cercanas sierras almerienses.
Una vez llegados estos dos cafres no teníamos mucho tiempo como para alejarnos del pueblo, Santiago de la Espada, así que mi sencilla propuesta era ir a un arroyo en las mismas afueras para ver la orquídea Epipactis fageticola. Es una orquídea más sosa que la comida del hospital, para qué negarlo, pero era una novedad que podían apuntarse y el sitio en el que conozco esta población es un paseo de lo más bonito y agradable entre bosque de ribera, pinar y roquedos viendo insectos como los siempre atractivos duendes con sus vuelos flotantes. Además, yo me llevé premio al conseguir ver por fin culebrillas ciegas en esta sierra, y por partida doble con dos ejemplares de distinto talle.



Duende (Nemoptera bipennis)

Epipactis fageticola

Medioluto ibérica (Melanargia lachesis)

Araña lobo con su prole a cuestas

Culebrilla ciega (Blanus cinereus)


Ese detallito del viernes por la tarde estuvo muy bien, hasta que el sábado 10 de julio llegó el plato fuerte del finde yendo a la Sierra de María-Los Vélez en la cercana provincia de Almería. Es uno de esos sitios que rompen con los tópicos al erguirse en medio de las planicies áridas una gran sierra caliza de más de 2.000 metros de altitud que llega a cubrirse de nieve durante los inviernos.

En semejante hábitat montano pervive aún una de las pocas poblaciones andaluzas que hay de la mariposa apolo fuera de Sierra Nevada, en este caso de la subespecie mariae. Tuvo un buen pateo llegar hasta su hábitat y estas mariposas, como buenos papiliónidos vacilones que son, no solían parar quietas y costó fotografiarlas, hasta que al fin dimos con un ejemplar que sí hizo de maravilloso modelo y pudimos saldar la salida con unas fotos mucho mejores que las de mi salida anterior por la zona. Una salida, por otra parte, bien sosa en cuanto a otros avistamientos de fauna viendo bisbitas campestres, piquituertos, buitres leonados, lagartijas ibéricas y poco más.







Apolo (Parnassius apollo mariae)


Decidí que la parada para comer la hiciéramos en el área recreativa de La Piza para descansar en condiciones bajo la sombrita del duro sol almeriense, que más que picar pegaba patadas en la boca.
El remate del frescor era una fuente junto a la que nos sentamos a comer croquetas, empanada y otras gordoserías en compañía de las aves locales que también querían acercarse a refrescarse. Mirad por ejemplo estos arrendajos al borde de morir achicharrados.
También un perro llegó con tantas ansias por un trago que casi se atraganta el muy bestia.



Arrendajo (Garrulus glandarius)

Esto dio mucha calidad

Arrendajo (Garrulus glandarius)


Por la tarde estábamos bien preparados para otra de esas especies de montaña con enorme carisma. Hablo del quebrantahuesos, tan recurrente en los últimos tiempos del blog y muy fijado como especie objetivo para mis dos compañeros de fatigas.
En medio de un enorme trajín de vencejos (reales, comunes y pálidos) logramos el éxito con tres ejemplares diferentes, sobre todo al darnos una buena pasadita cercana este espléndido adulto que nos emocionó al ver que llegaba de frente en nuestra dirección. Habría estado bien que esto hubiera hecho correr un poco a José Márquez, que tiene la costumbre de quedarse descalzo durante estas esperas, y que se hubiera pinchado un poco con las rocas y las agujas de los pinos.
Otras delicias ornitológicas fueron un águila real, un inesperado roquero rojo y un autillo que vimos posado en medio de la carretera.



Halcón peregrino (Falco peregrinus)

Vencejo real (Tachymarptis melba) con un avión común

Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)

Mix de vencejos


El domingo 11 de julio, del que sólo aprovecharíamos la mañana, fue más tranquilo pero no por ello carente de interés porque lo dedicamos a los hábitats acuáticos yendo a ver las orquídeas que por aquellas fechas florecen a la orilla de los ríos segureños. Un buen plan que asegura también escapar de la ola de calor mientras vas viendo orquídeas, libélulas y otras cosillas.


Coenagrion mercuriale

Platanthera algeriensis

Araña lince con su presa

Anthaxia sp.

Epipactis palustris

Licénido, supongo que una Aricia


No podía dejar fuera de la ecuación a nuestra endémica lagartija de Valverde, puesto que el recorrido escogido pasaba cerca de una población bastante confiada y descarada que se suele portar de maravilla ante la cámara. Tenía que dedicarle un buen detalle herpetológico a Jesús, gran amante de este mundo de sabandijas y gusarapos.
Esto también nos brindó un cercano pero brevísimo encuentro con un joven mirlo acuático en el nacimiento del arroyo que han escogido las relictas lagartijas.





Lagartijas de Valverde (Algyroides marchi)


No todo son bichos. Otros elementos que dieron mucha calidad al fin de semana fueron la comilona a base de productos locales y un baño en las (atrozmente heladoras) aguas de donde se unen el río Segura y su afluente el Madera.




Romanoff, Nikolai y Popescu