Hay lugares a los que uno siempre vuelve irremediablemente, y para terminar el año bloguero tenía reservada una publicación especial con esta salida por mi lugar favorito: la Sierra de Segura.
El jueves 7 de diciembre no era lectivo en la provincia de Cádiz y aproveché estar en Jaén por aquel puente para hacer una buena salida segureña junto a Javier Reyes rememorando las grandes vivencias del curso pasado.
Nuestra primera parada nada más llegar bien temprano (y así evitar los turistas ruidosos) fue en el castillo de Segura de la Sierra viendo aves como el zorzal común (Turdus philomelos), el roquero solitario (Monticola solitarius) y el acentor alpino (Prunella collaris). Esta última especie era lo que más me interesaba ver junto con los machos de cabra montés (Capra pyrenaica), de los que conseguimos encontrar unos cuantos por las laderas cercanas al pueblo cuando ya casi nos íbamos.
| Estragos del incendio del pasado verano en El Yelmo |
Tenía pensado un recorrido por la altiplanicie de los Campos de Hernán Perea, que por estas fechas resulta un paraje más solitario que nunca a través de sus vastas extensiones de modelado kárstico.
Vimos un zorro y una ardilla que se quedaron sin fotografiar, cosa que sí pude hacer con ciervos (Cervus elaphus), muflones (Ovis musimon), alcaudones reales (Lanius meridionalis), escribanos soteños (Emberiza cirlus) y la gran cantidad de buitres leonados (Gyps fulvus) que acudieron a una carroñada.
Aún quedaba tiempo de acercarnos al Banderillas, no como para poder coronarlo con lo cortas que son ahora las tardes, pero al menos sí para poder asomarnos al valle en una de sus privilegiadas atalayas y seguir viendo más animales como muflones, cabras monteses, buitres leonados y las siempre animadas chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax).
Mi curso actual me gusta, pero tengo que regresar aquí...