viernes, 8 de diciembre de 2017

El fangueo en el Brazo del Este




Un día 8 como el de hoy, pero en noviembre, estaba yo por la tarde en el Brazo del Este probando suerte si por entonces ya se podía estar a gusto allí tras el jaleo que suponía la cosecha del arroz.

No sólo estaba aquello más tranquilo, además estaban fangueando (más abajo me detendré más en esto) y el movimiento de aves era notorio. Sólo con levantar la mirada tenía por casi todos lados a los moritos (Plegadis falcinellus) con sus caóticas formaciones de vuelo y a las garcetas comunes (Egretta garzetta) dándoles un contrapunto blanco.










En las zonas de vegetación palustre sobrevolaban los aguiluchos laguneros (Circus aeruginosus) los cinturones de cañas y eneas en los que se ocultan los bonitos pechiazules (Luscinia svecica) que llegaron a pasar aquí el invierno, los calamones (Porphyrio porphyrio) y los martinetes (Nycticorax nycticorax).
No suele ser un paraje especialmente bueno para observar en condiciones a las anátidas, pero aquella tarde tuve avistamientos cercanos de ánades frisos (Anas strepera) y cucharas (Anas clypeata).












En las tierras de labor se estaba en pleno fangueo, que más arriba dije que explicaría con algo más de detenimiento. Consiste en que, mediante tractores provistos de ruedas metálicas, se remueven el barro y los restos de la cosecha, atrayendo inevitablemente a numerosas aves que ven una oportunidad óptima para darse un buen festín de invertebrados.

Vemos así a las cigüeñas blancas (Ciconia ciconia), espátulas (Platalea leucorodia), garcetas grandes (Egretta alba) o garzas reales (Ardea cinerea) tras la labor de estos tractores junto a más especies.












Es normal ver que entre las cigüeñas blancas pueda aparecer su pariente la cigüeña negra (Ciconia nigra), pero mi alegría fue mayor al encontrar en una rastrojera un grupo de 21 ejemplares. Los que me conocéis ya sabéis de sobra que siento debilidad por esta especie, algunos de cuyos individuos de otros países europeos escogen las marismas del Guadalquivir como cuarteles de invernada todos los años.













Para poner la guinda final que tanto me gusta no sólo escojo mis habituales fotos de atardeceres, añado una imagen de Los Palacios con los bandos de moritos en vuelo, la Sierra de Grazalema en la distancia y unas flores que resultan ser de la mítica mandrágora (Mandragora autumnalis).









6 comentarios:

  1. Darte las gracias por compartir tus salidas al campo y enseñarnos la gran riqueza que tenemos en nuestra tierra un saludo desde Hornachuelos un buen sitio para visitar.

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    1. Muchas gracias a ti, Hornachuelos es una zona de Sierra Morena que aún tengo pendiente de conocer.
      ¡Saludos!

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  2. Guapo y fructífero fangueo, que variedad por el Brazo del Este, no te falla. Que pasada la Mandrágora, esa es la que cuentan que sus raíces tienen forma humana, no? Un abrazo desde Mordor, con ciclogénesis explosiva de por medio.

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    1. Después del follón de la cosecha ahora es un gustazo darse una vuelta por allí y ponerse las botas de pajareo.
      ¡Un abrazote!

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  3. Me quito el sombrero ante la enorme pantalla natural mostrada a través del objetivo de tu cámara.
    Es un auténtico privilegio el sur peninsular lleno de biodiversidad por todos sus costados. Aguanta allí todo lo que puedas...
    Saludos.

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    1. Ojalá la gente de los pueblos de la zona lo valorara mejor, tienen un enorme desconocimiento de su riquísima avifauna. Sólo hay que ver lo que se puede encontrar en una tarde corta de estas fechas.
      ¡Saludos!

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