sábado, 2 de diciembre de 2017

Dando la bienvenida a las invernantes de Doñana




Durante los próximos días voy a publicar en el blog sin el orden cronológico que últimamente seguía tan a rajatabla, en aras de la variedad quedará muy bien intercalar las entradas marismeñas con las que tengo de Grazalema tan similares entre sí.

Para el domingo 5 de noviembre no tenía muy claro lo que haría, era un fin de semana en el que estuve medio ocupado, pero José Carlos Sires me comentó que la entrada de grullas y gansos en Doñana estaba siendo tremenda y al final me marché para allá por la mañana a probar suerte antes de que la temporada de caza lo arruine como siempre.

La llegada no pudo ser más desmotivadora, aparte de darme cuenta de que me quedaba menos de la mitad de la batería y tenía la de repuesto sin cargar, me encontré con que la sequía había hecho estragos. La Dehesa de Abajo apenas tenía agua, y la marisma estaba totalmente seca, a lo que hay que sumar que los dichosos galgueros estaban por casi todos sitios y no dejarían ver aves posadas.






Por suerte pude disfrutar de muchas escuadras de grullas (Grus grus) y ánsares comunes (Anser anser) en vuelo, siendo especialmente espectacular cuando en un momento dado coincidieron las dos especies mezclando sus trompeteos y graznidos.





















El recorrido fue el habitual, desde la Dehesa de Abajo hasta el centro de visitantes José Antonio Valverde y el Caño del Guadiamar, viendo numerosas aves como cigüeñas blancas (Ciconia ciconia), avocetas (Recurvirostra avosetta), garzas reales (Ardea cinerea), milanos reales (Milvus milvus), martinetes (Nycticorax nycticorax), cigüeñas negras (Ciconia nigra) o cernícalos primillas (Falco naumanni).












Nidales para los primillas


El repertorio era bueno como podéis ver, pero se notaban la falta de agua y las molestias de los galgueros, así que pensé en ir donde sabía que habría mucha agua.
Entré en Isla Mayor para dar una vuelta por sus arrozales y, al estilo de mis visitas al Brazo del Este, aquello estaba lleno de aves, como por ejemplo avefrías (Vanellus vanellus), más cigüeñas negras, garcetas grandes (Egretta alba), alcaravanes (Burhinus oedicnemus), espátulas (Platalea leucorodia) o bisbitas comunes (Anthus pratensis).











En una tabla recién fangueada destacó el elevado número de flamencos (Phoenicopterus roseus) que ya desde lejos llamaba la atención. Era obvio que a algún lado tendrían que ir los que normalmente están en grandes cantidades por la entonces vacía Dehesa de Abajo, y allí estaban graznando ruidosamente en esas escenas tan características de Doñana.








Como decía arriba, ese fin de semana estaba algo ocupado y sólo me quedé durante la mañana, yendo a casa por la tarde a acabar con las obligaciones después de pasarlo en grande con las aves. Había que aprovechar antes de que las grullas y los gansos se escondan muy adentro del parque al empezar la temporada de escopetazos.






4 comentarios:

  1. Precioso y variado reportaje Carlos, que pasada la flamencada!!! Un abrazo!!!

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    1. Cuando me encontré con el follón de flamencos me dio bastante subidón, ya iba pintando verlos así.
      ¡Un abrazo!

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  2. La laguna de Gallocanta también estaba más seca que unas alpargatas de cáñamo. Me quedo este año sin la espectacular algarabía de grullas, una pena.
    Veo que abajo la sequía no desluce tanto la alegría pajarera; me alegra.
    Saludos.

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    1. La laguna de Fuente de Piedra igual, menudo panorama tienen los flamencos. No me extraña que casi todo haya acudido a los arrozales.
      ¡Saludos!

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