Muchos de vosotros recordaréis bien mi etapa del curso pasado viviendo en la increíble Sierra de Segura, esas tardes impagables que pasaba paseando por cerros y collados, gozando de preciosas panorámicas y de encuentros únicos con águilas reales, imperiales, calzadas, culebreras, halcones o gavilanes en las alturas.
Esta semana lo he rememorado en un par de salidas por Sierra Madrona, concretamente al subir desde el pueblo de Fuencaliente y desviarme a la derecha en el Puerto de Valderrepisa. Ya me habéis visto algunas fotos de la zona, pero esta vez me animé a subir más alto por los cerros y sentir esa inmensa libertad al contemplar los amplios valles.
No faltaron las rapaces más numerosas y enormes, los buitres, representados en su mayoría por el buitre leonado (Gyps fulvus) y en menor proporción por los emblemáticos buitres negros (Aegypius monachus).
Me habréis visto comentar miles de veces que los grupos grandes de buitres pueden deparar sorpresas al observador atento, encontrando siluetas de otras aves, como en este caso de tres ejemplares jóvenes de águila imperial (
Aquila adalberti). Dos de ellas (con dos fotos cada una) iban a distancia agradecida, pero la tercera estaba a altura tremenda como si quisiera competir con el vuelo de los buitres.
Ver jóvenes de águila es toda una alegría, al comprobar que la cría va bien y sus efectivos siguen mejorando, ¡pero más aún si te las encuentras de tres en tres!
Otras que se han dejado ver en buena cantidad, aunque mucho más lejos, han sido las culebreras (Circaetus gallicus). Ayer oí un reclamo que no escuchaba desde el año pasado, y no tardé en buscar en el cielo porque sabía de sobra que eran esos sonidos como de gaviota que hace esta especie. Un par de ellas jugueteaba, y un tercer individuo se unió a la fiesta y se perdieron en la lejanía. Incluso un buitre negro estuvo haciendo compañía un rato.
No todo son pajarracos, por estos pagos te encuentras más fácilmente con pequeños vecinos, aunque fotografiarlos cuesta más porque los malditos no paran quietos. Al trepador azul (Sitta europaea) en principio no iba a ponerlo por salir tan a contraluz, pero sale cantando (ese "tuiiii" tan característico) y rascándose, algo que no siempre se pilla. Otros pequeñines que se dejaron afotar fueron el escribano montesino (Emberiza cia) y el herrerillo común (Parus caeruleus).
Más pequeños aún son los insectos, que ahora pululan a sus anchas tras el largo invierno. Como por ejemplo los zapateros (Gerris lacustris), muy ocupados con sus asuntos de pareja, y las numerosas carralejas (Berberomeloe majalis). Estos últimos bichos son bastante conocidos, en mi tierra los llaman tomateras y a casi todos nosotros nos han llamando la atención cuando éramos niños (y a algunos aún de adultos, como yo).
Ajeno a todo este traqueteo, y en cotas más bajas, tomaba el sol tan a gustito este galápago leproso (Mauremys leprosa) junto a sus congéneres. He aquí otro que agradece estos días de tiempo espléndido.
Otras especies interesantes vistas:
- Pito real.
- Agateador común.
- Pico picapinos.
- Aguilucho lagunero.
- Águila calzada.
- Ratonero.
- Cuco (escuchado).
- Golondrina dáurica.
- Ciervo.
Hacía tiempo que no despedía una entrada con la luna, y no voy a perder las buenas costumbres para daros las buenas noches en condiciones.
En la próxima entrada veréis la primavera en su punto más espléndido en mi pueblo...