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| Con Pedreña al fondo |
Tras haber centrado la atención en los charranes santanderinos en la anterior entrada, toca repasar el resto de avifauna presente en esa porción de la bahía que he estado visitando en las cercanías del pueblo de Elechas.
Una de las estampas habituales era ver las blancas figuras de las garcetas comunes (Egretta garzetta), además de la presencia de láridos como la bonita gaviota cabecinegra (Larus melanocephalus) y el enorme gavión (Larus marinus).
De cuando en cuando se veía algún charrán patinegro (Sterna sandvicensis). Estos primos mayores de los charranes comunes habían llegado desde sus zonas de cría junto con los pollos que han tenido, siendo normal ver al pequeño volando tras uno de sus padres mientras reclamaba para pedirle comida.
Sus zambullidas de pesca son más espectaculares que la de los charranes comunes, lanzándose en picado desde mayor altura.
Frente a mi observatorio particular pasaban volando bandos de limícolas como las agujas colinegras (Limosa limosa) o los numerosos zarapitos trinadores (Numenius phaeopus).
Era muy llamativo cuando llegaban volando los cisnes vulgares (Cygnus olor) con sus enormes corpachones, haciendo un ruido rarísimo al batir las alas (imaginad una versión a lo bestia del sonido que hacen los patos en vuelo con sus alas). En una ocasión se dignaron a presentarme a sus pequeños pasando bastante cerca de la costa.
Como dije en otra entrada, una buena concentración de aves no puede pasar desapercibida para los predadores, como el velocísimo gavilán (Accipiter nisus) y el oportunista ratonero (Buteo buteo). Un joven halcón peregrino (Falco peregrinus) me brindó un momento único cuando de pronto se avalanzó contra una gaviota reidora (Larus ridibundus), fallando por poco el lance cuando aquélla se tiró al agua para esquivarlo.
Un predador más discreto era el mochuelo (
Athene noctua) que algunas veces me esperaba en su posadero preferido de la vieja casa abandonada, aunque en ocasiones pareciera jugar al escondite conmigo.
Las marismas de Astillero estaban tan a mano que no podía resistirme a hacer alguna visita, viendo especies como la garza real (Ardea cinerea) o las muchas agujas colinegras, entre las que vi un correlimos común en una ocasión.
La Ría de Cubas era otro punto cercano al que ir a echar un vistazo, anotando así zarapitos reales (Numenius arquata) y alcaudones dorsirrojos (Lanius collurio), fotografiando por fin en condiciones una de las huidizas hembras.
Curiosamente, el último día que estuve en Cantabria descubrí de casualidad que hay alcaudones criando más cerca aún, entre Elechas y Pontejos.
Para el final dejo los dos avistamientos que más me llamaron la atención, siendo además de los últimos antes de marcharme de regreso a tierras sureñas: un bando de avocetas (Recurvirostra avosetta) y un jovencísimo cuco (cuculus canorus).
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| Con Peñacastillo de fondo |
Y, para terminar del todo, una garcilla bueyera (Bubulcus ibis) junto a un caballo y la clásica imagen de una trainera en la bahía.